El oso
Eh, compa, hazme un paro, ¿no?, yo nomás venía a ver a mi morra, pero unos putos se me fueron de baño.
El vatillo tenía medio cuerpo metido en el barandal de mi casa. Unas líneas de sangre le escurrían desde la greca revuelta y le coloreaban de rojo su playera hecha garras. Lo revolcaron, pero alcanzó a correr y ahora estaba ahí, enfrente de mi porche.
¿Qué onda?
Ei, déjame escondo, unos pinches jotos me andan cazando, pero me les voy a desafanar. Nomás un ratillo, compi, en lo que me sordeo.
Le pensé, pero abrí la reja. El vato entró casi a gatas y se recargó en una de las llantas traseras de la camioneta de mi papá.
Eran tres y me agarraron de bajada, pero, neh, si me hubieran cantado un tiro de frente de perdido a uno sí lo bajaba de un vergazo.
Han de haber sido Los Pachecos, esos gueyes andan regándola un chingo.
Y, sí, al minuto escuché las carcajadas del Sotaco y las del Mikima y el Diego. Cruzaron Martín de Zavala: el Miki y el Diego, con los torsos desnudos, tirando presencia; el Sotaco y sus tramos arremangados para lucir los convers rojos y los chamorros rayados. Barrieron la cuadra con la mirada, inflados como palomos de la Alameda. El Sotaco me vio y echó una escuadra con la mano derecha para saludar.
Quihubo, Chinillo, ¿onde anda el Chino o qué?, tengo un resto de no ver a tu jefe.
Ahí anda el vato, tirando barra, como siempre, ya sabes que no batalla.
Ah, pinche Chinillo curado. Mejor págate unas guamas, culo, y deja estar tirando tanto rollo.
Sobres, ta bueno, yo le digo.
Les dije. Y así como apareció la tríada de panchitos, desaparecieron cuando se dejaron ir por 16 de septiembre rumbo al callejón que era su central de opreaciones malandras.
Yo no soy cabra, camarada, si fuera acá, uno contra uno, me la fleto, pero esos ojetes son bien baños. Solos no pueden, valen queso.
Se levantó con la espalda encochinada de tierra y aceite de carro. Parecía aún más madreado que cuando llegó. Fue cojeando directo al grifo de agua, abrió la llave y metió la cabeza debajo del chorro. Un charco color rojizo le remojó las suelas de los tenis. El vatillo se quitó lo que le quedaba de playera. Se secó el cuello, los brazos. Luego hizo una bola malhecha con la tela sanguaceada y la tiró a la banqueta.
Eh, presta una lima, ¿no? Una ya viejilla si quieres. Es que si me voy así va estar bien banderoso.
Salí de la casa con una playera percudida de un candidato del pri. El vatillo se chupó los dientes y se la puso al revés pues porque ya no le quedaba de otra.
Deja le caigo.
Y abrió la reja y se asomó la calle para tantear la escapada.
Ahí en la esquina en 5 de febrero pasa el 17, enfrente de la primaria; y si no, en Morones puedes agarrar el 202.
Si sí sé morro, orita tomo el 17, ya con llegar al centro la armo.
Aguas con esos gueyes porque se juntan en el callejón, ahí por la parada. Mejor rodea por América y espera el mionca en la carnicería.
¿Le doy por esta calle de arriba?
Sí, es más, deja te encamino.
Eh, pero si te tuercen conmigo también te van a querer putear. Mejor tira a león, no hay pedo.
Nambre guey, yo saco a estos vatos, si se dejan venir yo les digo que eres conocido, que le calmen, no creo que ya te hagan nada.
Pos al cabo ya qué si ya me pusieron, ¿va?
Pues sí.
En la carnicería casi no cotorreamos. Él estuvo alerta mire y mire a la esquina de por el callejón para que no nos sorprendieran, pero la pasó tranquilo, como si no lo hubieran acabado de madrear tres locotes. Yo andaría nervioso, lo menos y de perdido, pero este vato se mantuvo sereno hasta que vimos al ruta 17 rumbando cerca.
Eh, y si un día andas por Sanberna y te quieren apañar, namás díles que conoces al Oso, de la 123. Díles pa que veas que no te van a hacer nada, allá todos me respetan...
Y el Oso se subió al 17, todo madreado, con su vergonzosa lima del pri, pero como si nada porque ya la llevaba de gane.
El camión dio la vuelta en la Pio X y yo también me quedé tranqui, sosegado: porque si un día me quieren apañar en sanberna, pues no hay pedo, tengo pase libre. Que me prendan al cabo y que conozco al Oso de la 123. Y ahí en ese barrio a ese vato todos lo respetan.








