El último verano, el pasado, nos fuimos con mi compañero de recorrido por algunas provincias: Córdoba, San Luis y Mendoza. Perro-carpa-auto. Muy lindo todo. A la vuelta me pegó un llamado mi viejo y me dice: “Luli, alquilé un dpto a 3 cuadras de la playa en Las Gaviotas, que queda entre Mar de la Pampas y Amar Azul, si quieren vénganse unos días, comemos unos asaditos y unos choclos en la playa” ¿cómo rechazar unos choclos en la playa con mucha manteca y ese cranch especial que solo sabe dar la arena a absolutamente todo lo que comas en la Costa Atlántica? ¿y porqué no? Fuimos.
El depto. era más bien lo que hoy se denomina Apart Hotel, una mezcla entre departamentos y servicios de hotelería, como: desayuno. Debo aclarar que estaban muy bien los libritos de grasa. Para mi no hay nada como: acompañar los amargos con unos buenos libritos de grasa con manteca y una pizca de azúcar. Hermoso.
A la mañana, cuando acercaron la bandeja con los libritos, la señora del Apart nos comentó que esa tarde-noche habría un show al lado de la pile, que nos acercáramos. “¿Y por qué no?” pensé. Supuse que se venía una ola de temas de Ricardo Arjona y Laura Paussini “¿y por qué no?” pensé de nuevo, de última estarán los libritos de grasa a la mañana siguiente. Bolso, mate, protector, libro, toalla y nos fuimos a la playa, con rima y todo.
Fantástico día de sol. Estábamos bajo la sombrilla cuando ¡pum!: se nubló todo y levantó ese viento tan característico de nuestra costa al sur. Además unos días antes había caído un rayo en Gesell y había matado a un adolecente, mi papá que es un tipo con amplias capacidades para el drama, nos invitó a retirarnos a todos de la playa por ese motivo y accedimos, ya no había sol ni choclos: hora de volver.
Cuando llegamos al Apart, al lado de la pileta se estaba montando el show que nos habían comentado esa misma mañana: un señor de cincuentilargos, canoso de chivita (esa que es un mini triangulito bajo el labio inferior), campera del Che, argollita de plata en la oreja. El pende-viejo-rockero armaba un modesto, pero lindo sonidito: 2 cajas con pies, consolita de 4 canales, notebook, atril y banquito. “¡Che! bajemos a ver al chabón, pinta que se va a tocar unos de La Maquina…” auguré. Y así fue, el susodicho se tocó una catarata de clásicos del rock nacional, era La Mega en su mejor época. Él, la notebook con pistas y una linda guitarrita de media caja pasaron por: Charly, Fito, Almendra (Spinetta solista no, Almendra). Después salto a Sabina, Serrat y así. Mientras él cantaba, mi hermano, mi viejo y mi compañero acompañábamos muy felizmente con palmas y estribillos gritados “¿y por qué no?” seguimos cantando. Acá hay un detalle que debo aclarar, muy importante: nosotros habíamos bajado unas cervecitas importadas de esas que toma mi viejo, para acompañar el momento vió, pero nadie nos había avisado que esa tarde-noche el Apart se invitaría unas copas de champán o sidra, no recuerdo bien, ni se si sabría distinguir. Le entramos viste, “¿y porqué no?”
“Mister Yons abrió la puerta, vió a su madre recién muertaaa…” y así siguieron los hitazos.
Éramos: mi viejo, mi hermano, mi compañero, una mujer de unos casi cincuenta con su hija recién entrada en adolescencia, un gordo de unos cuarenta en la pileta sosteniendo a la nena de no más de 4 años que llevaba esos flotadores de brazos tan incomodos que uno le suele poner a los infantes y la piba del Apart que iba y venía con copas de champán-sidra, nosotros nunca le decíamos que no. Claramente, los únicos que cantábamos y aplaudimos al chabón, éramos los de mi manada, que, aunque creo que sobra aclarar: teníamos terrible pedo, “¿y porqué no?”
“¡maaaaaañaaaanaaaas campeeestreees! peerfumadas de azaar!” ¡aguante las burbujas!
Fue ahí mismo cuando el chabón dijo que era el momento de pedir temas, “¡fantástico!” pensé, pero fue mi hermano quien dijo: “¡Una de Gustavo Cerati!” y acá empieza la historia de verdá: el chabón jocosamente, pero con la altura de ser quién llevaba la guitarra enchufada respondió “pidan música dije” y agregó un “Je, je, je”. “¡que viejo pelotudo!” pensé, pero automáticamente recordé que yo también había tenido ese prejuicio de rockera pelotuda. De hecho peor aún, yo alguna vez en algún recital de esos a los que asistía cuando me teñía las chapas de negro azabache, usaba calzas negras bien metidas en el ojete con duendes dibujados con aerógrafo y me cortaba el flequillo colocándome un nivel de obra en la cabeza para que me quedara lo más recto posible, en esas misma épocas cantaba: “Pappo no se murió, que se muera Cerati la puta madre que lo parió” Una cosa horripilante, sí. Pero tenia 15 o 16 años compañeros, acá estamos hablando de un viejo pelotudo de casi 60. Un viejo pelotudo que decía que Gus no hacía música. El viejo pelotudo no me pudo encular, estábamos demasiado bien, demasiado en pedo, “¿y porqué no?”
Termina el show, lo aplaudimos, y yo resuelvo llenar mi copa de champán-sidra con los culitos que quedaban. Decidí levantarme, con la ayuda de los apoya brazos de las sillas y encarar al viejo pelotudo para decirle con la cejas elevadas en el centro de la frente y una vos algo aniñada: que yo una vez había tenido ese prejuicio y que me había encontrado con Gus hacía poco y que estaba arrepentida porque probablemente ya no lo podría ver en vivo. Que me había perdido de un gran, pero gran músico-compositor con quizá una de las voces más privilegiadas de esta tierra. Quería decirle al viejo que aún estaba a tiempo, que no se lo pierda. Tenía ese speach claro y decidido, era un acto de amor, así que arranco, hago 4 pasos y cuando estoy a tan solo 1metro del viejo pelotudo, mi pie entra de lleno a un pozo en el deck que rodeaba la pileta y mi copa de culitos de champán-sidra se vacía completa sobre la notbook que 15 minutos antes hacía sonar una gran banda de rock junto a la media caja del viejo pelotudo. Silencio.
Mi compañero y mi hermano huyeron propulsados a carcajadas, mi viejo salió al socorro de la re-contra-re-cagada de la nena con un viejo pelotudo pero contemporáneo a él. “¡Perdón, perdón, perdón! ¡déjame ayudarte!” no paraba de decir. “¡No por favor! no toques nada!” me decía el viejo pelotudo con una cara de orto de esas que no tienen otro rotulo que: cara de orto. Yo pedía perdón, me quería morir, era un viejo pelotudo, pero no dejaba de ser un laburante, y esa compu era su herramienta. La cara del chabón: me odiaba. Un momento de mierda. Allá a 10 mts, mi hermano y mi compañero descostillados, acá los Franco: “Disculpá, nosotros también somos músicos, que garrón, ¡que pozo hijo de puta! disculpá” Claramente, yo tenía un pedo para mi, para él, para mi viejo, para el gordo de la pileta y para ese pelotudo que lo partió un rayo en Gesell (QEPD)
La compu andaba. Volvimos a nuestro depto. y me costó dormir, soy culposa de nacimiento.
Hoy, Gus: te terminaste de ir, debo admitir que un poco me alegra porque no me gusta ese plan de enchufado eterno, poder decir adiós es crecer. Me puse unos cuantos temitas en youtube y sansioné: “que suerte que le tiré esa copa a ese viejo pelotudo”
Te banco bocha ¡gracias totales! y perdón: yo también fui una pendeja pelotuda.
#HastaSiempreCerati #PoderDecirAdios #GraciasGustavo #AdiosCerati