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EL PODER LIBERADOR DEL AMOR
Dios no es como un padre neurótico y cruel que necesita humillar a sus hijos. Al contrario, Él se deleita en levantarlos y ayudarles a sentirse bien consigo mismo. “Mira cuál amor nos ha dado el padre, para que seamos llamados hijos de Dios” I Juan 3:1. “Por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos” Hebreos 11:16.
SE NECESITA UNA OBRA INTERIOR
Nuestro pobre concepto de nosotros mismos no se cura con algo que podamos adquirir de afuera, sino que tiene que venir de adentro, pues esta idea está muy arraigada. Hay muchos efectos destructores sobre nuestra propia autoimagen cuando no hemos recibido amor, cualquiera que sea la fuente; el hogar, la escuela, la iglesia, la comunidad, o la cultura, las consecuencias son una sensación con raíces profundas de indignidad y auto desprecio. Mis fracasos y conducta inaceptable simplemente descubren ante la gente la clase de persona que ya pienso que soy. “Yo soy la clase de persona que no le podré gustar a nadie” Lo que hacen divulgan lo que sienten que son. El pobre auto concepto ya está integrado a su ser.
Como esa sensación profunda de indignidad viene de adentro, algo exterior nunca puede resolverla. Sin embargo tratamos y buscamos métodos (La búsqueda de logros, la necesidad de afectos, a esas personas les parece imposible creer que alguien pueda amarlas y viven en un continuo circulo vicioso)
LA SANIDAD EN LA FUENTE
Hay que encarar con sinceridad los sentimientos que tal vez hayamos tenido sepultados por años. La mejor manera de hacerlo es compartiendo los sentimientos con Dios y otra persona madura en oración. Este tipo de apertura mental puede ser muy dolorosa, y tal vez surjan sentimientos que lo conmueven, pero el amor de Dios se da en abundancia, es liberador, sin referencia a nuestra bondad o maldad, dignidad o indignidad. La manifestación mayor del amor es la cruz y ella significa que cuando Dios nos vio en lo peor, nos amó aún más. Entregue al Señor lo peor, lo más doloroso, humillante, abusivo, y devastador que haya ocurrido en su vida, no se detenga hágalo con todo su ser en una oración de perdón y rendición. Quizás no pueda hacerlo solo, entonces busque una persona madura y cercana.
Tal vez usted quiera apartar un buen tiempo para escuchar al Espíritu Santo que le recuerde quien es usted en realidad, considere el amor de Dios como algo real y dispuesto para llenar los vacíos que hay en ti. A veces Dios nos busca dejándonos ir por nuestro camino y permitiendo que suframos las consecuencias inevitables de ese camino con la esperanza de que el sufrimiento nos lleve de regreso a Él.
“Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero” I Juan 4:19.