El poder de los sueños
Eran las tantas de la noche. Me encontraba inmerso en un profundo sueño, durmiendo plácidamente en mi cama. Un colega mío me hablaba con voz tenue, y de vez en cuando, soltaba una risa medio desencajada. Yo fruncía el ceño, anonadado por los comentarios de mi compañero de habitación. Esperaba ansioso mi turno de habla pero nunca llegó. En esas que mi colega pronunciaba unas palabras que a mí me parecieron ingenuas, empezó a resonar de fondo un gemido atroz, que se fusionaba con el habla del colega. Lo último que recuerdo fueron las palabras de asombro de ambos, casi al unísono: ¿Pero qué cojones es eso?
Al momento estaba despierto en mi cama. Aquél gemido era demasiado real como para provenir del sueño que estaba manteniendo. Me levanté de la cama y abrí la puerta de la habitación. Silencio y oscuridad reinaban a partes iguales ante mí. Volví a la cama inquieto, después de regar un poco la taza del váter. Intentaba reproducir lo ocurrido con la esperanza y el temor a su vez de que el desgarrador sonido volviera a alzarse en las tinieblas, con tal de analizarlo y convencerme de que no era sino un sonido más que aparecen en los sueños.
Al final acabé por dormirme, pensando en si aquel aterrador gemido de un sueño podía haberme hecho despertar, o si en realidad había ocurrido de verdad.










