El tabaco sin encender Yo este pobre, flaco, pálido, sin nadie El vaso sin agua, ni vaso El hombre sin alma y la tierra sin atmosfera Las aves sin alas Los asesinos sin crimines Las mujeres sin pechos ni sonrisas grandes Las tumbas sin muertos Los hijos sin padres ni casas Los hogares sin familias ni mascotas la música sin oyente EL oyente sin pensamientos Los órganos, los tejidos, y cada célula extrañamente ausentes El adulterio sin amantes Los locos con razón Y el cuerdo sin materia gris El sol, los cuerpos, las piedras de abril Chicle, salivas, lágrimas Calaveras monstros, soledades abandonas en las aceras Los saludos sin despedidas Los poetas sin idioma ni lengua Las vocales, las oraciones, la retorica sin poetas. La casa vacía Mis sueños han huido Como pequeños animales salvajes Criaturas en peligro de extinción. Ya estoy cansado de caminar de buscar esa cura que nunca obtendré Los libros sin leer, las promesas olvidadas Junto al velador. Los cuadernos vacios, las cuentas pendientes Esta extraña sensación que lentamente me encierra en un castillo de cristal que lentamente se va derritiendo y me ahogo Los secretos, tus ojos, esos ojos Tus pecas, tus manchas, tus cicatrices debajo del atuendo hermético Despistado, pálido, humano demasiado humano Las cartas aun no escritas Ninguna palabra, ninguna pista, ningún signo, ningún latido Las melodías cancerígenas El dióxido de las mañanas La fotosíntesis en espiral, todo el paisaje El zaguán de las mentiras y de las promesas temporales Las moscas con seis con ocho ojos que giran alrededor mío Y se alojan en cada célula viva mía El cansancio me esta destrozando la piel