“No quiero manipularte con este cuento”: un poecuento de Fernanda Laguna
en: La princesa de mis sueños, 2018
No quiero manipularte con este cuento
Desde lo alto de la montaña somos capaces
de ver todo pequeño. Nuestras glorias y nuestras
tristezas dejan de ser importantes. Aquello que
conquistamos o perdemos queda abajo. Desde lo
alto de la montaña, vemos que el mundo es
grande y los horizontes anchos.
de El alquimista
Te espero. Es lo único que hago, esperarte. Esperar que tu mano haga que mi teléfono suene. No puedo hacer otra cosa. Hace días que no voy a trabajar. Pedí licencia de enfermedad con un certificado falso que me hizo mi cuñado. Tengo dos meses para esperarte. Hepatitis. Voy al video club y alquilo películas. Me compré un consolador que es lo mas frío que existe, pero no importa, lo uso igual. Estoy tan obsesionada que no pienso en vos, sos una imagen que se repite en mi cabeza. Miro televisión y veo el único canal que la antena me permite ver. El trece, de vez en cuando capto el siete. Nicolás me dijo que él podría engancharme del cable pero me da pánico que me arresten. Escribo también, como ahora, pero no me siento para nada inspirada. Espero el rapto de la inspiración que en mi jerarquía es igual a que me llames. Hace cinco días que te dejé un mensaje en el contestador y aún no me llamaste. No siento que esto que elegí, esperarte, sea algo nocivo. Sé que cuando nos veamos ya no voy a sentir nada por vos, pero así es la obsesión, un gigante que se instala en la cabeza y que comienza a paralizar los sentimientos, o no. Leo Palabras esenciales, el libro de las frases más trascendentes de Paulo Coelho. Me hace sentir bien porque siento que me ayudan aunque no ponga en práctica lo que dicen. Por ejemplo esa frase tan bonita de la montaña. Me imagino en lo alto de la montaña, te veo ir y volver del trabajo. Te veo también adentro de tu casa tomándote una cerveza. Estás solo y dudás de si llamarme o no. Yo hago fuerza, pero mi mente no llega a convencerte. “Llamame, llamame, llamame...”. Sí, “¡hey!, llamame”. De pronto lo hacés y yo desde arriba de la montaña no puedo atender el teléfono. Igual al primer ring cortás. ¿En qué pensás que no lo haces? Te veo chiquito, una miniatura de 8 mm, pero te veo bien. Puedo ver tu cara de aburrido. Se te caen los ojos y yo desde aquí no puedo besártelos. Estoy loca, re loca, super loca. No me merecés. Veo al horizonte muy amplio pero no me interesa. Todo mi interés está ahí en tus 8 mm que no puedo parar de mirar. Me imagino a alguien que me ve desde un avión, y efectivamente me deben ver como a una manchita. Mi cabeza con todos sus pensamientos se deben convertir en nada. Sí, no es nada. No importa nada. ¿No es cierto? Según la perspectiva del avión no tendría que tener nada en la cabeza. El mundo es enorme. ¿Por qué no nos encontramos un día de estos ya que aparentemente vivimos en el mismo e insignificante punto? No nos hagamos problema. Sólo tenés que llamarme para que mi sueño se haga realidad y poder bajar de una vez de la montaña. No puedo prometerte que somos el uno para el otro, ni que nuestro encuentro sea para siempre. Hoy soy diminuta, esperaré tu llamado. Estoy convencida de que no me vas a llamar, pero si lo hacés espero poder levantar el gigante tubo del teléfono.
Vas a perder el colectivo si no me llamás
No siento nada, nada de nada. Te dije que era una bola de afecto. Te mentí. No siento nada. Tampoco vos alimentás mis sentimientos. Cada día comprendo más lo que significa el consolador en mi vida. Me dedico a hacerme la escritora para no sentir que pierdo el tiempo esperándote. Pienso en mis amigos que son lo más. Con ellos escuchamos música y nos tiramos ondas positivas. Somos un grupo terapéutico fabuloso. Fantástico. ¿Te conté que como seis naranjas por día? Ese es mi secreto para no resfriarme aunque a la noche moquee. Hace días que no lloro y es rarísimo. Muy raro. Abro el libro de Coelho en cualquier página: “Que encuentres algo muy importante en tu vida no significa que debas renunciar a todo lo demás”. ¿Y? ¿Qué opinás? Está bueno, ¿no? A mí me parece que sí. Yo le creo. El día que nos encontremos... ¿Ya te lo dije, que vivimos en el mismo punto? Nuestros sentimientos no existen, nada puede dañarnos. Me encantaría poder llorar pero no quiero pensar en cosas terribles como que el tiempo pasa, etc. Temo después no saber cómo levantarme el ánimo. Nada, fumar, masturbarme y no sentir nada. Acabar como si fuera un chiste. Ayer en el colectivo casi acabo porque el vibrar del colectivo me hacía recordar al consolador. Es azul, como el falo de un príncipe. Lleva dos pilas chicas y no hace ruido. Es como esas máquinas con las que se destruyen las veredas pero muchísimo más amable. Siento que estoy creciendo porque cada día me parezco más a un caramelo de limón. ¿Será por las naranjas? Ya no soy una niña. Hace tiempo que no lo soy pero recién ahora empiezo a caer. Ahora sólo pienso en casarme de rosa fluo y en tener bebés. Estoy construyendo un sueño, un fabuloso ajuar. Soy un colectivo sin frenos. Voy por la avenida y no me choco de pedo. Vos sos el paredón de algodón que puede detenerme. Llamame.
Lo último que te digo
Si no me llamás es porque no me querés ver. Porque ya descubriste que lo nuestro (si hay algo entre los dos) ya fue. Pero pienso ¿Y si estás tan solo como yo y te da vergüenza como a mí llamarme? ¿En qué pensás? Yo te lo cuento. Quiero contártelo, quiero que todo el mundo lo sepa. Yo estoy en mi casa, sola. No hay nadie más que yo. No hay nadie que pueda separarme de mí misma. Soy puro diálogo abstraída de todo menos del teléfono que no suena. No hay nadie más en mi casa. Hoy no me puse música de fondo. Llamame, llamame, llamame. Nada, eso.
Fin













