Campos magnéticos. Texto de Valeria López Muñoz para Ouvrard todo el año en Ivan Rosado
En una carta de verano que Luis Ouvrard le escribe a la pintora Ada Tvarkos desde Cosquín en el año 1952, le cuenta sobre las pinturas que hizo y las que piensa hacer con el motivo que le entusiasmaba tanto: la acequia. Dice que quiere pintar esa acequia con algunos patos blancos como la nieve y le pide a ella que no se ría de los patos blancos, que “el tema es cursi, romántico y qué se yo”, pero eso es lo que quiere hacer. Piensa que el resultado le dirá si es cursi o no, y agrega un misterioso “veremos”…
Puede ser que a Ouvrard lo hayan acusado alguna vez de pintor cursi y romántico, así como se han dicho palabras como suavidad, finura, recato, tierno, luminoso, íntimo, ingenuo o delicado, para hablar de sus obras. ¿O hablaban de él? Y qué se yo diría Ouvrard.
Hay muchas mini vaquitas en las pinturas de Ouvrard. Hay cinco vaquitas blancas en Granadas en Funes (1976), hay dos minivaquitas pastando en el óleo Hojas de plátano (1969), hay tres en Campo argentino (1985) y otras tres en un óleo sin título de 1981 donde también hay dos cardos pintados en unas formas rectangulares que parecen estampillas. Adelante de ellas, de las minivaquitas, todo lo demás se hace enorme, como estrellas de cine. A veces en realidad no se sabe bien si es una mini vaca o un mini caballo o una mini casa, lo cual hace pensar por otros medios —los de la pintura— que allá, en el fondo, no hay diferencia y que todo tiene una importancia similar.
Me pregunto cuántas vacas se habrán pintado en Argentina. Seguro que un montón, pero mini vaquitas no creo que muchas. Por otro lado, en internet hay cerca de 627.000 imágenes de vacas pastando encontradas en 0.32 segundos. Cuando pongo “mini vaquitas” aparecen menos: 175.000 resultados, pero no son realmente mini vaquitas, son solo vacas bebés o un poco más pequeñas del tamaño normal.
Por suerte el pincel ouvradesco las vino trayendo y esparciendo desde los años 50. Como si hubiera existido un óleo de mini vaquitas y él hubiera realizado un rociado o salpicado sobre el campo de tela y eso fuera su diagrama base para pintar, o los toquecitos finales también. Por algo las puso. Pero ¿por qué? Es la misma pregunta que se preguntan hace años las personas que estudian la Cueva de las Mini Llamitas en la provincia de Salta, y ellxs crearon distintas teorías para explicar por qué fueron pintadas así tan chiquitas: por perspectiva, para dar sensación de movimiento, o por puro amor a lo pequeño. Cuando no están se extrañan.
Son muy hermosos sus horizontes perfectos de campo y mesas. Me lo imagino a Ouvrard usando un cuchillo como regla para trazar las tantas líneas rectas que hay en sus pinturas. En el óleo Périgord de 1975 pintó un cuchillo. Siento que lo pintó como si pintara a unx pariente, como si no diferenciara objeto de sujeto, así como pasaba con las mini vaquitas y las mini casitas. Me lo imagino pensando: “mi primo cuchillo de Périgord me permitió no sólo pintarlo a él, sino también hacer la mesa recta, cortar las trufas y restregar con su filo la pintura una vez seca”. El cuchillo es tan familiar de él como Irma, la señora retratada en otra de sus pinturas. Y a las trufas las habrá cocinado y se las habrá comido después, da esa sensación cuando pinta frutas y frutos, que sus pinturas son un ir y venir, un vivir para ser mordido y vivir para morder.
En Campo argentino, una pintura del año 1985, un conjunto de cardos sobrevuela el paisaje mientras un pájaro está posado sobre un poste. Esto parecería ser algo casual, una casualidad del día y del viento, pero se trata de dos momentos muy especiales en la vida de las plantas y de las aves los que retrató Ouvrard.
Por un lado, el pájaro no solo está cantando posado en un poste, sino que este posarse en diferentes lugares, quizás primero en un poste, luego en una rama, luego en otra más allá, es una manera que tienen las aves para dibujar su territorio y así delimitar el espacio donde van a cazar su alimento, donde van a juntarse con otra pájaro y construir el nido. Ese será el lugar elegido donde van a sentirse seguras para vivir y crecer. Por otro lado, en la escena de las flores volando, ellas posiblemente estén solucionando un problema práctico de la vida de las plantas, es decir, liberándose de la fijación del suelo a través de la difusión de sus semillas lejos de la planta que las ha formado, extendiéndose así en el espacio.
Entonces el tema de este cuadro podría tratarse de las otras vidas que coexisten, además de la del pintor, en el campo argentino. Las otras inteligencias y los otros saberes además del saber humanx. Y siento que un pintor que en el conjunto de sus cuadros logra expresar toda esta aventura, no está ni tan tranquilo, ni tan solo, ni es tan ingenuo. Más bien está como en un remolino cósmico haciendo pintuparacaidismo extremo.
Él también es un poco ave cuando acomoda las cosas sobre las mesas. Las mesas de Ouvrard son campos magnéticos entre la materia prima y él, una complementación de fuerzas. Y estas materias primas no llegan hasta ahí solas. Como un perro que en sus paseos junta cositas y luego las lleva al departamento donde vive, Ouvrard va armando una colección de hojas, frutos y semillas en su estudio para pintarlas después porque le parecen lindas. Para algunxs pintores es necesario amar al modelx para poder pintarlx, y estxs suelen ser llamadxs intimistas. En este punto Ouvrard era un pintor intimista pero intimista de la horizontalidad y complementariedad entre lxs seres.
Si hiciéramos una lista de los títulos de sus obras desde los años 60 hasta el 86, nos queda algo muy parecido a una lista de compras de verdulería o a un diario de pensamientos recurrentes. Unx puede pasar horas con estas imágenes y ver ahí cosas muy parecidas pero distintas. Se disfruta mucho mirando sus pinturas, los horizontes, los cielos coloridos pintados con pasteles polvorientos o con óleos brillantes y pensar: ¿por qué habrá puesto ese rosa ahí? O un azulcito. Es verdad que no usa mucho azul Ouvrard, al menos no en estado puro. Ahora en Ivan Rosado hay una pared toda azul haciendo de soporte a las pinturas y creo que el azul les sienta muy bien a ellas, las enciende. Eso habrá sentido él cuando vendió su primera pintura de naturaleza muerta a cambio de un traje azul. Se habrá sentido bien.
La idea de campos magnéticos como fuerzas complementarias proviene del texto “La crianza mutua” de Elvira Espejo Ayca.
Cuando hablo de la pintura “Campo argentino” me voy acordando de cosas que leí en el libro “Habitar como un pájaro” de Vinciane Despret y “El sentido artístico de los animales” de Étienne Souriau.
La frase “vivir para ser mordido y vivir para morder” es de un poema de Antolín.
Las citas textuales que están entre comillas y la mayoría de los datos de contexto histórico, los leí en el libro “Ouvrard. Pinturas y dibujos” publicado por Ivan Rosado y la Editorial Municipal de Rosario, con prólogo de Mónica Castagnotto.
Todas estas cosas las fui conversando y compartiendo con Hernán Kacew, Maximiliano Masuelli y Ana Wandzik ♡.