Hay días en los que siento que me preparo para un final inevitable.
Un final que poco antes de ser incendio, me ha envuelto en cenizas y me ha convertido en alguien invisible al amor.
Hay días en los que necesito llorar porque sólo me sobran preguntas y me faltan abrazos y conversaciones profundas.
Hay días que me extraño feliz y otros en los que siento que debo explotar para dejar salir a la nueva mujer que se está creando dentro de mí. A veces me siento sola, me siento la mujer más sola del mundo y debo admitir que en ocasiones me agrada. Pero joder, la tristeza a veces pesa demasiado y ya no tengo ganas de jugar sus juegos, estoy volviendo a ser la niña que alguna vez fui y la estoy dejando salir, pero necesita mucho amor, mucha compresión y atención.
Hace frío, me duele el cuerpo y la garganta, mi alma se está descongestionando de todo esto que hace tiempo vengo acumulando y que poco a poco estoy soltando.
Necesito un abrazo, un interés sincero y profundo, constante, me necesito tanto a mí.
Los rayos de sol entran por la ventana, divago por un momento y estiro la espalda, las piernas, me refriego los ojos con pereza.
El silencio a veces me da tanta paz... pero hoy me aturde, quisiera estar riéndome.
¿Hace cuánto que no río de verdad?
Mis ojos se nublan, un gato se oye a lo lejos, al igual que mi corazón congelándose y astillando todo lo bueno, extraño tanto sentir la vida corriendo por mi cuerpo.
Jessica González/PoesíaRota.
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