La escuela se organizaba en una estricta enseñanza, pero dentro de los alumnos, existían grupos calificados por los tipos en los que se especializaban. Así, existía el famoso “los Aceros”, que últimamente ganaba popularidad por los integrantes de él. Pero, sin lugar a dudas, uno de los miembros era la que más resaltaba. Calificada como la más joven y la más bonita, Jasmine era quién le daba equilibrio al grupo en donde era la única chica.
Era tan hermosa, que muchas veces quisieron ganar su corazón, pero era algo terca en esos temas y, además, sus propios compañeros la protejían como a una hermana, así que difícilmente se podría acercarse más eso no sacaba la posibilidad de admirarla a lo lejos. Entre las chicas, era una persona con un gran corazón y que no apartaba a nadie y no cometía prejuicios. Razón por la cual, los varones querían salir con ella y las mujeres, ser su amiga.
Un día, llego a cambiarse de habitación ya que re-organizaron los cuartos y tuvo que ser trasladada (con unas pocas valijas) hacia su nueva pieza. Al llegar, abrió la puerta de la habitación con las llaves, antes de golpear la madera de éste. Se encontró con un rubio, que nunca había visto en su vida o que ni se le había cruzado. Se sorprendió bastante, llegando a reírse levemente. —Ah, hola— saludó, entrando. —Soy tu nueva compañera. No sé si ya lo sabías, pero… es un placer conocerte— y le extendió la mano. —Soy Jasmine— le saludó.