Cafés y otras cosas...
Habían sido tan pocos días, pero se habían sentido como una eternidad. Nunca se le hubiera ocurrido que este frío se pudiera convertir en algo tan insoportable. Agradecía que, por lo menos, se podría resguardar en los Starbucks y McDonald's que habían por ahí. Al gozar de la calefacción, tomarse un café o comer una pequeña hamburguesa, su temperatura volvía a ser la misma.
Incluso en ese mismo instante estaba en uno de esos locales, aprovechando la amabilidad de un extraño para cargar la agotada batería de su celular. No había traído nada más aparte del dinero y su teléfono, por lo que tenía que vivir de la electricidad ajena.
El desconocido había estado charlando con él de su esposa e hija, a la cual quería comprarle una bicicleta nueva por navidad. Alfred siguió la conversación normalmente, hasta que el hombre, necesitando seguir su vida, se despidió de él, llevando consigo lo que había sido la salvación de su batería en el 3%.
Pero su estadía en Canadá había sido aburrida y monótona, pasando las noches de posada en posada, pasando los días viendo ofertas, nuevas ventas navideñas y las apuradas personas que ya se preparaban para escoger los regalos que comprarían para sus seres queridos o sino, los adornos para sus casas.
Maldecía eternamente la cantidad de rebajas que habían por todos lados, porque era precisamente por eso que perdía completamente la cabeza y compraba toda cantidad de tonterías.
Podía haber comprado un cargador, pero en vez de eso compró un paquete de adornos navideños porque estaban 'a mitad de precio'. Podía haberse dado el lujo de pasar la noche en una habitación en mejores condiciones, pero en vez de eso, compró esas figuritas de acción que le faltaban para su colección, mucha lana y un kit de tejer. Eso... juró que iba a usarlo.
Podía haberse comprado un pasaje para volver a su casa en los Estados Unidos, o por lo menos tomar el bus para regresar a la casa de Maddie, pero en vez de eso, se perdió en las amplias calles de la ciudad. Podría preguntarle a la gente, pero se había dicho que se las iba a arreglar el solo.
La gente era amable y con un clima tan agradable como el de esa mañana, seguramente no dolería dar otro paseo nuevamente por un centro comercial, comer algo, leer comics o si era una persona juiciosa leería el manual de como tejer.
Miró en la bolsa como la pequeña caja con un gran «Knit kit» escrito llamaba para ser atendido y usado para lo que fue creado. Tendría que decidir si hacer un sacrificio o no.
Dando un largo suspiro y aprovechando que no tendría que aprender a hacer eso en las frías calles, Alfred sacó el hilo, las largas y gruesas agujas y se dedicó a leer ese pequeño papel que supuestamente le enseñaría a tejer. No tenía ni porque hacer eso, sería algo completamente innecesario, pero cuando se le metía algo en la cabeza, no había poder en el mundo que lo hiciera entrar en razón.
No fue ni cinco minutos después que ya se estaba quejando de lo difícil que era cruzar los hilos. Había logrado hacer uno con una bendición milagrosa, pero simplemente no podía hacer más. Luego de considerar que esto sería agotador psicológica y físicamente hablando, se levantó y haciendo un par de cuentas... decidió comprar otro café.
Sería una mañana y, si la suerte no estaba de su lado, una larga tarde también.










