Como la mar
Irónicamente estos días las marejadas han estado sumamente revueltas, al punto de convertise en históricas, pero aún así me atrevo a compararme porque, tal cual, he tenido momentos muy turbulentos, aunque los más recientes afortunadamente han sido pacíficos y agradables. Estos momentos en los que el mar azota con fuerza y crea devastación en lugares que ni imaginábamos y por encima de todo, con poco o ningún aviso o anticipación, para mí que tienen su propósito. Vivimos pensando y tomando por sentado los lugares que por tanto tiempo hemos visto ahí, al punto de que muchos ni mantenimiento apenas reciben. Tomamos por sentado la tranquilidad, las bellezas, la serenidad, la calma, tanto que hasta nos cuesta reconocer que ni es permanente ni es porque sí; todo es un privilegio.
Esos momentos en los que mi cabeza y mi corazón estaban revueltos como la mar, me nublaban de ver que en realidad estaba a punto de cometer el mismo error; no apreciar los momentos y lo que tengo de frente. Mi familia, mi legado, las bendiciones de Dios, el Universo y esta maravillosa Tierra. Llevo tiempo luchando con mi mente para que se aquiete, porque ambas, mente y corazón, han tratado de incidir en el territorio de la otra, donde no pertenecen ni saben manejar. Así he tenido que luchar con alta ansiedad y emociones muy fuertes, pero sobre todo un sin sentido inexplicable y el cual antes nunca había experimentado. Las emociones han estado a flor de piel con tantos cambios, pero a mí estas cuestiones no me pueden dominar, porque me sacan de enfoque y entonces en vez de servir un propósito productivo, lo que hacen es estorbar... o al menos eso creía. Tuve que volver, casi inconscientemente, a llevar mi mente a una época en que mis “problemas” eran mucho más sencillos, donde soñaba con tener todo lo que hoy puedo disfrutar, pero que muchas veces auto saboteo. Tengo a mi lado al amor de mi vida, tenemos el resultado más grande y puro como legado de nuestro amor (aunque parezca cheesy, es así). Todo lo que muchas veces fantasiaba, lo he recibido, a lo cual conscientemente agradezco a todas las fuerzas de esta vida que conspiraron para ello, pero que inconsciente y constantemente, esas incongruencias interiores me hacen sentir como si no lo mereciera, lo cual estorba el proceso de aceptación y por ende de materialización.
Ahora veo que, como todo, así como la mar, uno tiene sus etapas, sus faces y sus momentos para nivelarse. Necesitaba ese revolú mental para reenfocarme, para volver a ver el verdadero valor y sentido de lo que realmente es importante en mi vida y para sentir ese gran aprecio de vivirla y compartirla. Volver a definir mis estándares (por llamarles de alguna manera), fuera de las presiones que este sistema, país, sociedad y cultura ejercen sobre mí sin mi consideración, pues al final de todo solo soy en ella un número que ni yo logro entender.








