Nada me calma más que tenerlo junto a mí, conversando, mirándonos y escuchandonos. Recordando por milésima vez como fue esa noche que nos unió, esperando una micro que nunca pasa, esperando la siguiente micro, dejando pasar diez. Abrazados, amarrados, enlazados. No puedo pedir nada más si está ahí. La vida es más sencilla con él y esa cama que acoge mis sueños. Cuando su cuerpo cálido se acerca a mi espalda y me da un abrazo rico, de los que me gustan. No necesito nada más si está ahí, o allá, o aquí, o acá, pero conmigo. Su olor y su pelo, su piel y sus manos, su panza y sus pelos, todo, todo es lindo. No sé que hacer. No sé como vivir. Me tiene muerta en vida desde que llegó, o desde que llegamos. No puedo pedir nada más, si se que esta y estará por mucho tiempo más.












