Después de siglos me aparezco... fuera de mi zona además, con un Ecuchi (más pre-Ecuchi) Pero espero que lo disfruten, sobre todo @jay-koffee
Relaciones: Past EcuPer, Pre-EcuChi
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AO3
-Por Iris-
...
Un constante repiqueteo se sentía contra la tela sintética de la carpa, no estaba claro si era el viento tirando porquería de los árboles o simple bruma, pero Manuel llevaba prestándole atención desde hace varios minutos, en un último intento por distraerse del hormigueo que le recorría toda la pierna izquierda hasta la cadera. Al poco tiempo luego de meterse en su saco de dormir, se dio cuenta de que las películas habían romantizado y simplificado demasiado el hecho de acampar, y con Francisco se lo creyeron todo.
Un golpecito resonó más fuerte de entre el resto, rebotando por el costado de la carpa en la que Manuel se encontraba. El moreno se preguntó si sería una ramita, o una semilla, o uno de los escarabajos con las patas como arañas, de los que le había señalado Francisco sobre una hoja, apenas ingresar al camping. Se cuestionó por un momento si desearle una pronta muerte al bichito para no encontrárselo en la mañana era demasiado cruel de su parte; cabe decir, que replantearse su faceta macabra no lo ayudó a conciliar el sueño, ni olvidarse de lo incómodo que resultaba dormir en el piso.
“Que frágil nos hemos vuelto frente a las rocas y la tierra”, se dijo en su cabeza con lo que consideraba un acento sofisticado, y se sonrió ligeramente, pero intentó no moverse ni un poquito para no molestar a Francisco que dormía al lado suyo. No lo había sentido por un rato, y aunque no veía nada entre la oscuridad de la noche, o a través de su antifaz, supuso que su amigo tenía más suerte que la suya y ya se encontraba dormido. Si no estuvieran allí precisamente para darle un respiro, le tendría más resentimiento.
“Solo seis horas más”, pensó, no sin algo de congojo. “Debí copiarme un audiolibro al celular”.
Así, por andar ensimismado en nuevos inútiles pensamientos, casi se le sale el corazón del pecho cuando algo se aventó contra la carpa justo en frente de su cara, emitiendo un gruñido por sobre el resto del ruido del exterior. Manuel se estremeció por completo al escucharlo, retorciéndose sobre su estómago en un instintivo gesto para resguardarse, y al último momento se jaló el antifaz para ver qué los estaba atacando sin incentivo. Solo entonces vio la silueta de algo peludo rasqueteando por el borde de la carpa, pero fueron las respiraciones pesadas y los gemidos patéticos por lo que se dio cuenta que no estaban en peligro.
- ¡Fúchila! ¡Sale de acá! -le espetó entre dientes al perro, al darse cuenta que, por mucho que no se los fuera a comer, probablemente sí iría a hacer pis sobre toda la carpa. La mascota perdida se dio un par de vuelta más frente a Manuel, pero por suerte los campistas de dos puestos más allá se dieron cuenta de que les faltaba alguien importante, y corrieron a buscarlo.
- ¡Ugh! -Manuel se frotó la cara, enredando su antifaz con un par de mechas que le caían por la frente, mientras las apartaba cayó en cuenta de algo por primera vez; y es que la carpa no se encontraba tan sumida en la oscuridad como se estuvo convenciendo. Giró la cabeza hacia Francisco y se sintió indignado al pillarle el celular en una mano, cuya luz el joven trataba de cubrir con la otra, muy ineficazmente para ser sinceros, y aún no se percataba que Manuel lo había descubierto por causa de los audífonos, de los cuales podía ver el cable negro siguiendo la curva de su mejilla hasta el celular. Y eso que había sido el primero en mencionar que debían guardar batería. El muy desgraciado, si iban a estar los dos despiertos, al menos le pudo haber estado conversando.
Le dijo eso mismo al momento luego de golpearlo.
- ¡Maldita sea, Pancho! ¡Y yo como idiota tratando de no despertarte! -le reclamó, picándole el costado varias veces.
Francisco se espantó tanto que los audífonos se desprendieron de sus oídos, al aletear con ambos brazos ante tal agresión.
- ¡Ya, Manu!
- ¿Y qué cresta miras a las tantas de la noche?
Francisco de pronto se pegó el celular al pecho, y Manuel entrecerró los ojos ante la expresión de culpabilidad y vergüenza que se grabó en el rostro de su mejor amigo, y que sólo lograba ver gracias al brillo del aparato. Con un rápido movimiento de su mano le arrebató el teléfono con la pantalla aún encendida, y fue testigo de lo que tenía tan avergonzado al otro joven.
- ¡Por qué diablos le estas mirando el Insta al Migue, po Pancho! -lo regañó con la voz grave, intentando contener un gruñido más agresivo ante la estupidez de su amigo- ¡Si vinimos para acá solo para que te olvidaras del tarado de mi primo!
- ¡Lo sé, lo sé! -le respondió Francisco, estirando el brazo para recuperar su celular- Pero llegó una notificación, y quería saber qué podía estar haciendo tan tarde…
- ¿Qué más va a estar haciendo? ¡Carreteando po! ¡Y sin ninguno de los dos pa cortarle la inspiración! -Manuel alejó el teléfono lo que más le dio el brazo, pero Francisco no se rindió tan fácil. Lo que siguió fue una lucha de voluntades, con muchos rodillazos en las costillas y codos en la cara. Al final, la determinación de Manuel de parar el masoquismo de su amigo resistió más tiempo. Acabó corto de aire y con Francisco desplomado sobre su pecho oprimiéndole un poco las costillas, pero pudo arrojar el celular a un rincón de la carpa, así que la victoria fue suya.
- ¿Para qué te torturas así, eh? Si ni pololeo te pidió el tonto ese, solo anduvieron un rato antes de patearte -le comentó una vez las respiraciones de ambos se hubieron calmado, y Francisco intentaba distraerse frotando uno de los botones del pijama de Manuel.
- No me pongas más el dedo en la llaga, pana -Pancho le pellizcó el costado en represalia, aunque acto seguido recargó la cabeza en su hombro y se abrazó a Manuel buscando consuelo- Si ya sé…
- Pues no se nota -dijo Manuel, con más rabia de la que deseaba mostrar en aquel momento. De igual forma, levantó una mano hasta la cabeza de Francisco y comenzó a rascarle el cabello, para suavizar lo agresivo de sus palabras.
- Sé lo que piensas -murmuró apenado Francisco, hundiéndose cada vez más en el abrazo de Manuel, pero con menos tensión en el cuerpo a cada ida y venida de la mano del otro joven sobre su cabello.
- ¿A sí? -Manuel se mantenía mirando el punto sobre él donde se cruzaban las dos finas barras de metal que sostenían la carpa, intentando controlar su respiración, preparándose también para controlar cualquier otro arrebato de enfado o angustia que seguramente le provocaría la conversación que se avecinaban a tener.
-Que soy un tonto por sentirme mal ahora, incluso cuando ya lo habíamos visto venir desde hace tiempo…
- Bueno…
- Tú lo viste de inmediato -Francisco recogió el brazo que pasaba sobre el pecho de Manuel, apretando los dedos contra la camiseta de franela que servía de pijama. La mano de Manuel se detuvo sobre su nuca- Llevabas advirtiéndome de su creciente desinterés casi desde el instante que comenzamos la facultad y solo te ignoré…
“No es lo único en lo que me he sentido ignorado”, fue el pensamiento que llegó a Manuel de golpe junto a una punzada de resentimiento, y su pecho se contrajo dos veces en una misma respiración al contener las palabras para sí mismo. Francisco continuó recapitulando su desilusión amorosa contra la clavícula derecha de Manuel, sin darse cuenta.
- Pensé que, luego de por fin admitir nuestros sentimientos en la ceremonia de graduación, las cosas serían diferentes a como terminaron… -paró un momento para recuperarse del temblor que afectaba su voz. Aunque, las lagrimitas en los bordes de sus ojos acabaron humedeciendo el pijama con diseño escoces de todos modos.
Manuel apretó la mandíbula al escuchar sus palabras entrecortadas, y sus inhalaciones se volvieron más profunda en su pecho.
-… pero luego lo aceptaron en una universidad distinta, y se fue de viaje durante las vacaciones y… y me convenció de que no teníamos que ser nada serio mientras no pudiéramos pasar más tiempo juntos y… y… -Francisco se dio otra pausa. Su mano volvió a sujetar con fuerza la ropa de Manuel, rasguñando un poco la piel debajo, aunque el joven recostado no encontró necesario quejarse. Finalmente, Francisco levantó la cabeza del pecho de su amigo por primera vez durante la conversación, y se sostuvo sobre el antebrazo por encima de la vista de Manuel- ¡Tú recuerdas lo que dijo! Que seguiríamos juntándonos como antes, ¡Los tres dijimos eso!, éramos tan unidos en el colegio que pensé que… haría un mayor esfuerzo para seguir pasando tiempo con nosotros… conmigo…
Manuel siguió controlando sus reacciones ante lo que iba diciendo Francisco, apretando las manos que ahora tenía libres, y conteniendo la respiración por un segundo más o presionando los dientes. Si bien era cierto lo que narraba Francisco, las cosas se sintieron un poco diferentes desde su perspectiva, tanto mientras habían ocurrido como ahora que hacía memoria.
Para empezar, Manuel supo que el triunvirato que había sido siempre su amistad desde que coincidieron en un mismo curso, estaba destinado a cambiar irremediablemente incluso antes que cualquiera de los otros dos. Desde el momento en que Miguel le confesó en voz baja, desde la cama superior del camarote, que comenzaba a sentirse atraído hacia Francisco como más que un amigo. Manuel recuerda que se quedó mudo por varios minutos, no porque le sorprendiera su confesión necesariamente, más que nada, porque el peso de una avalancha de hielo se derrumbó para aplastarle todo el cuerpo, y esa sensación le pareció tan fuera de lugar en la casa de veraneo de los tíos, con todas las luces apagadas y una tropa de adultos tirando abajo las paredes con sus ronquidos en las habitaciones contiguas.
“No te quedes callado, dime algo… ¿Piensas que es muy raro?” le insistió Miguel a que respondiera, con la voz en un hilo, algo herida por su silencio.
“… quizás, un poco… sí… “, acabó diciendo, aún con el cuerpo entumecido, y una presión en la sien y el pecho, además de un escozor comenzando a nacer desde sus dedos.
“¿Porque es un hombre?”, hasta con la ineptitud emocional de un adolescente, Manuel pudo notar lo vulnerable que se encontraba su primo en aquel instante, y lo afligido y asustado que lo estaba poniendo su constante demora en hablar.
“No… no sé, es que… porque es Pancho”. Si hubiera sido completamente sincero en ese momento, habría agregado que aquello que se le hacía de verdad “raro”, incluso trágico, era que a los dos pareciera gustarles el mismo chico.
“No le vayas a decir nada, a nadie, aún no estoy completamente seguro si me gusta así o no… y bueno, aún me gustan las niñas, creo, tal vez ni siquiera sea gay”.
“Entiendo que te pueden gustar las dos opciones, es una posibilidad”. Recuerda que los dos se callaron después de eso, escuchando al resto de la familia dormir. Hasta alrededor de las 2 am cuando su teléfono dio una alerta en medio de la calma, avisando que ya tenía completa la carga. Fue entonces que Miguel volvió a hablarle.
“¿Crees que podría gustarle? ¿Si resulta que me gusta de verdad?”.
No supo qué contestarle, ni qué pensar. Eso cambió unos cuatro meses después, ya de vuelta en la escuela cuando, por primera vez, escuchó a Francisco siendo menos que amable con una niña del curso, a quien le tocó hacer pareja de Miguel para uno de los bailes que debían aprender y luego rendir a dúo ese año. La misma con la que su primo no paraba de reírse y tontear durante todas las clases de gimnasia. Manuel observó una semana completa a Francisco mirarlos de lejos con ojos de perrito, pero actuando irritable y un tanto mezquino cuando tenía a Miguel en frente. Al despedirse el viernes de ambos, decidió que lo mejor era sofocar los deseos inoportunos que llevaban un tiempo aflorando en su interior sin control, antes de hacer el ridículo en un triangulo amoroso en el que nadie miraba con interés en su dirección.
Por lo mismo, y como cualquier adolescente con un enamoramiento, tanto su amigo como su primo aprovecharon cada oportunidad para pasar siquiera un instante más juntos. Asistiendo a un mismo colegio y con un mejor amigo en común eso resultaba muy fácil, menos para Manuel, que siendo solo el mejor amigo comenzó a sentirse cada vez menos relevante, si no era como la excusa perfecta de ambos para explicar porqué aún no daban el siguiente paso en su jodido romance.
“No es momento de un beso, o alguna cursi confesión si Manuel está mirando”.
Que Francisco los recordara pasando tiempo juntos a los tres los últimos años de escuela no significaba que Manuel se haya sentido muy partícipe de los eventos, o que su presencia fuera muy apreciada. A diferencia de su amigo, la universidad no lo forzó a cuestionarse su posición en la vida, es más, incluso le había devuelto algo de seguridad sobre su amistad con Francisco, y el corto coqueteo de un semestre con el estudiante de intercambio le recogió la autoestima del piso antes de que este se volviera a Argentina.
Con Miguel siempre serían familia, era la única razón por la que aún no se decidía si debía pegarle o no. Por menso e involuntariamente cruel en su desatención.
- Seguro lo decía en serio en el momento, pero todo era más fácil en el colegio… -respondió finalmente a su amigo, que aún descansaba en su pecho, hundiéndose cada vez más en su pesar. Continuó una vez se aseguró bien que podría controlar el revoltijo de emociones que le escocía por dentro, debido al forzoso viaje por sus recuerdos. Intentó ser sensato, más por la intención de consolar a su amigo que de justificar a Miguel- … nos veíamos todos los días quisiéramos o no. Si hubiéramos ido a distintas universidades como él, o si los campus quedaran más lejos, nosotros dos también habríamos perdido el contacto de siempre… -Francisco interrumpió sus palabras precavidamente pensadas con un gemido casi animal.
- ¡Claro que no! ¡Manuel! ¡¿Cómo se te ocurre decir algo así?!
Si era posible, Francisco se le apegó todavía más. Lo sostuvo con una desesperación rara vez vista en él. Manuel dio un pequeño salto ante tal explosión del otro joven. Se tensó al sentir los dedos de Francisco oprimiéndole la cintura y enterrando la cara sin mucho cuidado en su hombro. Acabó llevando su mano izquierda a la de Francisco, quien lo jalaba hacia el otro rincón de la carpa con lo apretado de su agarre, pero para cuando su amigo acabó con sus protestas y escondió el rostro en el hueco de su cuello, erizándole el bello con sus cortas respiraciones y el roce accidental de sus labios, Manuel hubo superado su sorpresa inicial, y solo sujetó la mano del otro joven para seguir con los consuelos.
- Bueno, solo era una posibilidad… -cedió, con voz como murmullo- Si fuera por mí, compartiríamos casa y tuición de los perros y tus bichos para los treinta, y después el mismo cuarto en el asilo cuando por fin nos dejen jubilarnos, después de pagar el crédito universitario -Con eso le sacó una carcajada a Francisco, como supo que lo haría.
- Tienes razón, pana, estamos solo gastando el tiempo -respondió Francisco, con la voz más animada, pero aún ronca por el sentimentalismo de antes. Volvieron a acomodarse un poco, sus manos tomadas se movieron desde el hombro de Manuel hasta la altura de su clavícula.
- Cásate conmigo.
Y así, de un momento a otro, Manuel volvió a quedarse sin aire en el pecho, y sin palabras en la mente. Excepto quizás una.
- … ¿q-qué?
-Tienes razón, nadie me conocerá más, o se llevará mejor conmigo. No sé qué más estoy esperando, deberíamos casarnos y así ya no tener que sufrir más por nadie.
No es que Manuel haya creído que su amigo le había salido con tal petición por alguna otra razón, pero de igual forma, el poco romanticismo, y es más, la clase de resignación que implicaban sus palabras fueron como una patada maliciosa al estómago. Sintió su cara calentarse, y no supo si era por rabia o vergüenza.
-… si quiera pudiste decirlo un poco más bonito -acabó respondiendo. Una parte de él quería “tirar la talla”, y no volver muy seria la conversación; el resto deseaba dejarle en claro a Francisco cuanto lo había ofendido, aunque fuera de forma involuntaria.
- … pudo ser con alguna flor, o al menos un bombón.
“Y no minutos después de estar llorando por tu ex”, obviamente, se guardó aquel pensamiento- O ya teniendo un buen trabajo, ¿O es que quieres llevarme a vivir a la casa de tus papás junto a la tropa de hermanos que tienes? ¿Cómo si fuera casa de remolienda?
- ¡Manu! -A Francisco se le escapó una carcajada sorpresiva, por lo que rápidamente cubrió su boca, y Manuel aprovechó el momento para respirar hondo e intentar calmarse. También para decidir si estaba lo bastante resentido como para buscar pelea con Francisco, o si seguía con los comentarios sarcásticos para burlarse del asunto.
- Yo digo, si voy a casarme, lo mínimo que espero es que me pongas una casa, ya que la forma en que lo pediste deja mucho que desear… -Sin querer, dejó notar un poco de su molestia sin decidirlo- Al parecer mi prospecto no está tan feliz con las opciones que le quedan.
- No te pongas así -susurró Francisco, captando algo de los pesares de su amigo- No lo decía de mala manera.
Acercó la cara para besarle la mejilla, pero Manuel apartó la suya y cerró un instante los ojos, conteniendo la respiración y mordiéndose el labio. Francisco frunció las cejas un tanto preocupado ante su reacción. Por eso, volvió a reclinarse por sobre Manuel, sosteniendo su peso sobre el antebrazo izquierdo y buscando la mirada del otro joven.
- Oye… -No tuvo respuesta.
Francisco continuó por un instante tratando de que Manuel volviera a dirigirle la mirada, sin conseguirlo. Siendo que estaba casi a horcajadas sobre su amigo, este en realidad se esforzaba en ignorarlo. Así que extendió su brazo derecho y con la mano lo instó a mirarlo.
- ¿Cómo te molesté? ¿Me dices?
Al consumirse su enfado, Manuel se quedó con la pena y las inseguridades que le causaba todo el asunto Miguel-Pancho y el afecto que hace un tiempo recibía por goteos de parte de ambos; pero que más le dolía por parte de Francisco. Llevaba mucho extrañando a su amigo y apenas se estaba recuperando en los últimos meses; por otro lado, su amor no correspondido volvía a sentirse agobiante, a pesar de hacer todo lo que podía por manejarlo.
Así que solo pudo responder encogiéndose de hombros, y con una pobre imitación de una sonrisa. El gesto solo preocupó a Francisco.
- Pana, por favor, nunca me ha gustado que discutamos.
Con voz ronca y algo temblorosa, Manuel le respondió.
- Bueno, pero no estamos discutiendo.
- Pues casi… -Francisco continuó observando la mirada esquiva de Manuel, más preocupado a cada segundo.
- Cualquier cosa que haya dicho, lo siento en serio -Francisco volvió a hablar después de un tiempo, con una mano aún en el rostro de su amigo. Su voz comenzó a temblar de los nervios, y regresó a hablar en susurros, considerando que no necesitaba alzar mucho la voz, con ellos dos solamente dentro de la carpa.
Manuel volvió a tragar, con la respiración un poco más rápida, y un picor insoportable en la nariz y los ojos, que casi lagrimeaban.
- Nada, ya estuvo, son tonteras -intentó voltearse, aunque no llegó muy lejos con Francisco sujetándolo. Estaba listo para desescalar la situación antes de decir algo inapropiado o muy sincero. Sin embargo, si bien su amigo no entendía muy bien el porqué de su repentina tristeza, en el fondo algo comprendía de sus inseguridades, porque compartían unas similares.
- ¿Sabes que te quiero un montón, cierto? -dijo Francisco- Al final del día, puedo soportar lo de Miguel, pero… -tomó un respiro antes de continuar- Pero si lo pierdo a usted, panita, no solo se me rompe el corazón, se me acaba el mundo.
Manuel soltó un sollozo, y un par de lágrimas consiguieron escapar antes de que pudiera frotarse los ojos. Tomó aire a bocanadas, porque de pronto su pecho volvía a contraerse en dolorosos espasmos. Cuando volvió en sí, luego de unos minutos, se percató de la mano de Francisco enterrada en su cabello, y que su amigo depositaba reiterados, pero suaves besos en su frente. Su mano derecha actuó por cuenta propia, y se aferró a la espalda de su amigo, sujetando la camiseta del pijama con fuerza, casi derribándolo por lo intenso de su agarre. Se avergonzó casi de inmediato, pero como no tenía ganas de apartarse realmente, solo escondió la cara, y se quedó ahí tratando de controlarse.
A Francisco también se le apretó el pecho, y devolvió el agarre de Manuel con los brazos alrededor de su espalda.
- Ey, está todo bien, pana… -Comenzó a frotar la espalda del otro chico, con algo de torpeza al encontrarse con el obstáculo que era el saco de dormir, pero continuó con eso y soplando por la boca a modo de arrullo como su madre hacía al consolarlo.
Manuel, de hecho, consiguió calmarse no mucho después de comenzar. Se frotó la cara con fuerza, se aclaró la garganta, y aún con la cara roja, pero tratando de sacudirse algo de la vergüenza por derrumbarse de ese modo, lanzó uno de sus comentarios.
- Ya estamos viejos, nos andamos poniendo sensibles a cada rato.
A pesar de que seguía preocupado por su amigo, Francisco se echó a reír después de oírlo. Aunque cuando Manuel hizo el amago de apartarse, no lo dejó, llevándolo con sus brazos que aún lo rodeaban hasta su pecho. Y para dejar aún más claro que no iban a comenzar a hacerse los machos en aquel momento, volvió a plantarle un beso en la frente como cuando eran bien, pero bien chiquitos.
Unos minutos, o tal vez media hora después, seguían juntos en medio de la carpa, respirando al mismo tiempo, pero en silencio, escuchando el viento que por suerte no les llegaba directo. Estaba todo tan en calma, luego de sus respectivos ataques de llanto, y estaba tan cómodo entre otros brazos, a pesar de la falta de colchón, que Manuel por fin comenzaba a dormirse, creyendo que ambos habían dado la charla por terminada.
- Manu, ¿No me estás diciendo algo? -la voz de Francisco sobre su cabeza disipó su letargo. Aún así, remeciéndose ligeramente en el enredo que habían hecho entre brazos y los sacos de dormir, se pensó la posibilidad de hacer como si continuara dormido, pero el pulgar de Francisco masajeando su codo no le permitió dejarlo hablando solo.
- ¿Sobre qué?
- No sé… -El movimiento de ese pulgar no cesó, aunque el agarre del resto de los dedos sobre el brazo de Manuel se incrementó por un segundo- Quizás mis problemas con Miguel te molestan más de lo que me había dado cuenta… digo, es tu primo… tal vez… -Francisco tragó saliva- Creo que… ¿Piensas que te hemos dejado en medio de todo? Ahora que lo pienso, cada que nos peleábamos, iba a quejarme contigo, y Miguel debió hacer lo mismo… ¿Es así?
En verdad, Manuel no era capaz de recordar nada específico en aquel momento. Probablemente fue así, al menos al principio. Aunque, otra vez, siendo sincero, durante toda esa charada se sintió más hacia el costado que en medio de nadie.
- No te preocupes por eso.
- Es que… -Su amigo resopló, mostrándose algo frustrado. Entonces el pulgar se detuvo, y fue toda la mano que frotó una, dos y tres veces todo el brazo de Manuel, antes de deslizarse hasta la mano, donde se aferraron dedos con dedos.
- Si no es eso, ¿Entonces qué? -Francisco también se removió intranquilo, y con la barbilla tocó la frente de Manuel, mirando hacia un costado de la carpa, donde podía ver sombras tenues gracias a la poca luna que había.
- ¿En verdad crees que habríamos dejado de ser amigos por la universidad? ¿Qué nos hubiéramos olvidado del colegio como Miguel?
Oh, Manuel nunca, o al menos no en primer año. Francisco por otro lado, suponía que de por sí habría estado demasiado dolido por el novio perdido como para además notar su ausencia. O esa podría ser su baja autoestima hablando. Daba igual.
- No sería extraño. Menos tiempo juntos, distintas cosas que estudiar… hemos tenido suerte de que los campus estén tan cerca… -Su comentario quedó flotando por un momento en el silencio que siguió, podría haber seguido añadiendo más, pero Francisco tomó la palabra.
- No te lo vayas a tomar a mal, no quiero que vuelvas a llorar… -comenzó diciendo algo serio, pero al elevar un poco la vista, Manuel notó que la comisura de sus labios comenzaba a elevarse, como si algo le hiciera gracia-... pero hay veces en que te pasas de pesimista... es que ya no está cool Manu, el tiempo de los emo ya pasó.
- ¡Weon! -gritó Manuel, muy alto y de sorpresa, dándole un empujón. Y mientras Francisco se reía, a lo lejos también pudieron escuchar los ladridos de un perro, y el inicio de los gritos de otras personas. Para cuando empezaron a prenderse linternas y luces, Manuel estaba riéndose bajito con las manos cubriéndole media cara, y Pancho se curvaba sobre él intentando controlar sus risas de igual forma.
- ¡Ok, ok, escucha, ven…! -Francisco puso sus manos en sus hombros, y lo empujó hasta que sus rostros volvieron a quedar paralelos.
- ¡No quiero na’a con vo’ weon, no después de insultarme así! -A Manuel casi ni se le escuchaba la voz, por lo adolorido que tenía el pecho, luego del llanto y el ataque de risa, apenas podía inhalar un bocado de aire para respirar, mucho menos hablar. Aún tenía humedecidos los ojos, pero esta vez era por las carcajadas y no los sollozos.
- No, está bien, tu flequillo era adorable, nada de qué avergonzarse -Francisco recibió otro manotazo, aunque aprovechó el momento y sostuvo la mano de Manuel antes de que la alejara, hizo lo mismo con la otra que se acercaba pegada al suelo de la carpa.
- Si he sido un mal amigo… -sintió a Manuel comenzando a abrir la boca, así que le apretó las manos para detenerlo, y por suerte, su amigo tuvo la gentileza de obedecer y dejarlo acabar- Si he sido un mal amigo, o de cualquier forma te he hecho pensar que no me importas… al menos no lo suficiente como para hacer un esfuerzo de mantener nuestra amistad… de verdad lo siento.
El tono de la conversación se tornó serio de inmediato. Tantas emociones, una detrás de otra, ya tenían agotado a Manuel; sobre todo el constante escozor en los ojos, eso lo tenía hastiado. Al sentirlo de nuevo después de las palabras de Francisco, cerró los ojos, no confiando del todo en que la oscuridad de la carpa escondería una nueva ola de lágrimas.
- Pancho, eso no es… tú no hiciste nada malo -acabó por decir.
- De todas formas, nunca voy a querer lastimarte, Manu… -Francisco juntó las dos manos de Manuel, y las sostuvo en medio de ambos. Con cuidado, también inclinó la cabeza, hasta que su frente se encontró con la de su amigo, y cerró los ojos igual que él.
Una parte de Manuel estaba consciente de la connotación romántica que tendría esa posición si se tratara de una película, sobre todo las super cursis que veían de vez en cuando con su hermana. Así que estaba teniendo algunos problemas para separar las situaciones, y que su corazón no se le desbocara en el pecho. El resto de él, se volvía papilla tan solo por el continuo contacto y la respiración tan cercana de Francisco sobre su rostro. Aquello lo enviaba de vuelta al sinnúmero de pijamadas en donde hubo de controlar sus impulsos por besarle en los labios, justo como debía hacer ahora.
- Eres mi mejor amigo, mi familia, nunca te voy a querer lejos de mí, te necesito demasiado -confesó Francisco. Manuel sintió los susurros de su amigo sobre su boca, por lo que el cosquilleo sobre la piel lo recorrió antes de sentir el retorcijón en su estómago.
Su mejor amigo. Su Familia. Claro que era eso…
Mantuvo las lágrimas escondidas tras los párpados, esperando que Francisco no distinguiría nada en su rostro debido a la oscuridad. Y de alguna forma pudo ocultar su existencia incluso al hablar.
- También eres mi familia, Fran… -dijo en voz alta. “… y te amo demasiado como para irme a algún otro lado aún” completó en su cabeza.
Francisco sonrió al escucharlo, aunque Manuel no pudiera verlo, y sin pensárselo guio las manos de Manuel hasta su cara para darle un beso a sus nudillos. El otro joven se estremeció, aunque hizo lo mejor para ocultarlo, y tan calmado como pudo, apartó las manos del agarre de Francisco.
- Ahora vamos a dormir, nos quedan muchas cosas por hacer mañana -dijo Manuel, después de aclararse la garganta, y antes de que Francisco pudiera responderle o continuar la conversación de cualquier forma, se volteó hacia su costado de la carpa. Metió los brazos y se recogió dentro de su saco de dormir, ocultando la mitad del rostro. Se mantuvo en esa posición hasta cuando sintió a su amigo remecerse atrás de él, pero tuvo que levantar la cabeza cuando sintió la mano del joven acercando algo a su cara.
- Tu antifaz -le señaló su amigo en cuanto sintió que alzaba la vista. Manuel tomó rápidamente el objeto y se lo colocó lo mejor que pudo con una sola mano, inmediatamente después de eso, volvió a ocultarse dentro de su saco.
Francisco se quedó quieto por un momento, inseguro de pronto de qué hacer a continuación. Aunque después de unos minutos sintió que la repentina tensión sobre su amigo se desvanecía, y su respiración se tornaba más pesada. Así que, con cuidado, terminó de acercarse, juntando sus sacos de dormir, como comúnmente hacían, y pasó su brazo derecho sobre el cuerpo de su amigo hasta sujetarlo del pecho y descansó su cabeza sobre la nuca del chico. Manuel no reaccionó de ninguna forma, y Francisco soltó un suspiro de alivio. Después de pocos minutos, hubo sincronizado su respiración con la de Manuel y acomodado su rostro contra el cuello de este. No tardó mucho en dormirse luego de eso, por fin sintiéndose en calma, y hasta feliz, luego de varias semanas de pura congoja. Si bien las cosas ya no eran iguales con Miguel, al menos Manuel aún estaba junto a él como siempre.
Francisco apretó a Manuel entre los brazos, y con eso se sintió pleno en aquel momento.