He rociado mi cama con tu colonia y, aunque no estás, ahora que por las noches leo, en ese momento en el que el sopor me embarga y entro en esa especie de limbo entre la inconsciencia y la realidad, en ese exacto momento, siento que estás, siento que me abrazas, puedo oír tu respiración entremezclada con la mía y, por un momento, parece que casi te puedo ver. Pero siempre que abro los ojos te esfumas y yo me derrumbo. Cierro mi libro, contengo como puedo mi alma, y trato de conciliar el sueño con la única misión de darle un día más a este cuento con la esperanza de que, quizás, podamos llegar a ese esperado feliz final.









