CAPITULO 2 - MAS ALLA DEL MIEDO
La luz que se filtraba por la rendija de la cortina me avisó que ya era de mañana antes de que yo pudiera convencer a mi cuerpo de abrir los ojos. No recordaba en qué momento me había dormido, pero sí recordaba cada una de las veces que desperté de golpe durante la noche para revisar a Drake: cada respiración, cada gemido bajo, cada movimiento que hizo al intentar cambiar de postura.
Me incorporé despacio, con el cuello rígido y un dolor sordo en la espalda. Drake seguía dormido, recostado de lado, el cabello ligeramente húmedo y la manta a medio camino entre su torso y la cintura. Su respiración era profunda, pesada, pero constante. Eso era lo que importaba.
Me levanté con cuidado para no despertarlo. El piso de madera estaba frío bajo mis pies, y mientras salía de la habitación sentí esa sensación incómoda de haber vivido una pesadilla… pero sin la parte en la que despiertas y te dices que no fue real. Esto sí lo había sido.
Salí de la habitación y fui a la cocina. Tenía la boca seca y la cabeza pesada. Busqué un vaso, llené agua y bebí despacio. Luego encontré café instantáneo y puse a calentar agua. Quería algo caliente para despejarme.
Mientras esperaba, apoyé las manos en la encimera. Estaba agotada, pero más por la tensión que por el sueño. Pensé en lo de anoche, en cómo todo terminó tan rápido, en el caos, en la incertidumbre… y en Liam. No saber nada de él era lo que más me inquietaba.
El agua hirvió, preparé un café y me senté un momento a tomarlo. No había ganas de dramatizar nada; solo necesitaba algo de calma y respuestas.
De repente, golpes fuertes en la puerta me hicieron saltar. Mi corazón se aceleró mientras me apresuraba a abrir.
—¡Un momento…! —exclamé, respirando con rapidez.
Cuando abrí, el alivio me recorrió de golpe: Liam estaba allí, acompañado por Hana, Maxwell, Sara y Bertrand.
Sin pensar, Liam avanzó y me abrazó con fuerza. Apenas se separó, sus labios encontraron los míos en un beso tierno y breve. Al abrir los ojos, su expresión cambió. Sus ojos recorrieron mi rostro, bajaron a mi vestido manchado de sangre, y su respiración se detuvo por un instante.
—¡Riley! —exclamó, acercándose más—. ¿Estás herida? —Sus manos pasaron con cuidado por mis brazos y hombros, buscando cualquier marca. Luego se detuvo al ver mis manos manchadas y mi vestido rasgado—. ¡Dios… estás cubierta de sangre!
—No, no es mía —dije enseguida, negando con la cabeza mientras un hilo de lágrimas se escapaba—. Estoy bien, Liam. Solo… un poco de desastre de anoche.
Se quedó quieto un momento, procesando mis palabras. Su mandíbula se tensó, pero sus ojos mostraban algo profundo: alivio.
Mi mirada se desvió instintivamente hacia él. Su rostro mostraba un golpe, una línea seca de sangre en la frente y un labio levemente lastimado. Mi corazón se encogió y sin pensarlo, lo toqué con cuidado:
—Liam… ¿tú estás bien? —pregunté, preocupada, pasando mis dedos por la línea en su frente—. Que fue lo que te paso.
—No fue nada —respondió, intentando restarle importancia con un leve gesto—. En el caos uno me alcanzó. Jacob y los guardias me sacaron de ahí, pero… no tenía idea de dónde estabas. Fue horrible no saber.
Sin decir más, me acerqué y nos fundimos en otro abrazo, más largo, más real, dejando que el contacto nos devolviera el aire. Apoyó su rostro en mi cabello, como si necesitara sentirme de verdad.
—Riley… —susurró, con voz baja—. Estas últimas horas… fueron un infierno. Perdóname, todo esto fue mi culpa, pensé que…
—No, Liam —lo interrumpí suavemente, buscando sus ojos—. No es tu culpa. Elegí estar aquí. Estar contigo. Todo lo que pasó… lo enfrentamos juntos.
Sonrió, un poco tenso, pero con ternura. Solo eso bastó para que mi pecho se relajara por primera vez en horas.
—Mi amor —murmuró—. Prometo que vamos a tener más cosas buenas que malas.
—No quiero interrumpir, pero… ¿y el amor para mí? —Maxwell carraspea desde atrás.
—¡Cariño, están teniendo un momento! —protesta Hana entre risas, empujándolo suavemente.
Liam suelta una carcajada y me deja ir para que Maxwell y Hana me abracen con fuerza. Muchas más lágrimas de alivio brotan de mis ojos.
—Esto me gusta mucho más —dice Maxwell, sonriendo.
Luego, Sara se acerca a mí. Sus ojos están vidriosos y, sin decir nada, me envuelve en un abrazo fuerte, casi desesperado. Le devuelvo el abrazo con la misma intensidad.
—Riley… qué bueno verte bien —dice con la voz quebrada—. Gracias. Gracias por lo que hiciste por Drake. Estaba tan asustada.
—No fue nada, Sara —respondo con sinceridad—. Él fue quien me ayudó primero… él salvó mi vida.
Le sonrío, aunque siento el nudo en la garganta.
Bertrand es el siguiente. Su abrazo es torpe, un poco rígido, pero completamente honesto. Cuando se aparta, noto que tiene los ojos llenos de lágrimas.
—Estoy… muy contento de verte en buena salud, Riley —dice, esforzándose por mantener la compostura—. Estuve muy nervioso sin saber qué había pasado con mi hermana.
—Cielos, Bertrand… —murmuro, y las lágrimas finalmente se me escapan.
En ese momento, Liam se acerca y me rodea con su brazo, apoyando un beso suave en mi cabeza. Su presencia me ancla.
—De verdad me alegra verlos a todos a salvo —digo, intentando recuperar el aire—. Siento que recién ahora puedo respirar otra vez. Estaba muy preocupada.
—Amiga, sé exactamente a qué te refieres —responde Hana, apretando mi mano con cariño.
De pronto, el sonido de unos pasos lentos rompe el momento. Al levantar la vista, lo veo. Drake se acerca con cuidado, el movimiento algo rígido, la herida apenas cubierta por su camisa. Aun así, su expresión conserva ese sarcasmo tan suyo.
—¿Saben? —dice—. Los médicos suelen recetar paz y tranquilidad a las víctimas de disparos. Es difícil descansar cuando todo el mundo hace tanto escándalo.
—¡Drake! —exclama Sara, corriendo hacia él sin pensarlo.
Lo abraza con fuerza, olvidando por completo la herida.
—¡Ouch! ¡Eso duele! —se queja Drake, haciendo una mueca, aunque la sonrisa no abandona su rostro.
—¡Oh, lo siento! —dice Sara, separándose de inmediato, llevándose las manos a la cara, alarmada.
Pero Drake no se lo permite. Con su brazo sano, la atrae de nuevo hacia él.
—Tranquila —dice con suavidad—. Es bueno verte.
Le da un beso tierno en la frente.
—De hecho… es bueno verlos a todos bien.
Liam da un paso al frente. Su rostro está serio, pero sus ojos reflejan alivio y algo más profundo.
—Hermano… —dice, con la voz firme pero cargada de emoción—. ¿Nadie te ha dicho nunca que no seas un héroe?
Drake esboza una sonrisa cansada.
—No estoy seguro de que alguien haya pensado que algún día me necesitarían para ese papel.
Liam deja escapar una breve carcajada y, antes de que Drake pueda reaccionar, le da una palmada suave en el hombro sano.
—Me alegra verte bien —dice—. Aunque todavía no puedo creer que te lanzaras frente a una bala. Eso… eso nunca lo voy a olvidar.
Drake frunce ligeramente el ceño, incómodo ante tanta gratitud. No responde.
Liam baja la mirada por un instante, y cuando vuelve a hablar, su tono es más grave.
—Te debo la vida de Riley —dice—. Yo… yo no habría llegado a tiempo. No sé si es una deuda que pueda pagar alguna vez.
El ambiente se vuelve pesado, casi sofocante. Siento mi respiración acelerarse mientras miro a Drake, que sostiene la mirada de Liam sin parpadear.
—Por favor, hermano —responde Drake al fin, con seriedad, pero sin reproche—. Ni lo menciones. Y no intentes pagar nada. Como le dije a Riley… ustedes no me deben nada. Lo hice porque quise.
Sus palabras son sinceras, pero una sombra cruza fugazmente sus ojos. Dolor. Algo más. Sus labios se tensan por un segundo, como si estuviera a punto de decir algo… y luego decide guardárselo.
Liam da un paso más hacia él.
—Nunca voy a olvidar lo que hiciste —dice—. Eres mi hermano, Drake… pero después de esto, esa palabra se queda corta.
Drake desvía la mirada, esbozando una media sonrisa amarga, incapaz de enfrentar del todo lo que siente.
Sara observa la escena en silencio. Primero a Drake, luego a mí. Su expresión no es de celos ni incomodidad… es entendimiento. Ella sabe exactamente por qué Drake hizo lo que hizo. Liam también.
El silencio se espesa, se vuelve pesado, cargado de todo lo que ninguno de los tres se atreve a pronunciar en voz alta.
¿Desde cuándo todo se volvió tan complicado?, pienso, con un nudo en la garganta.
Liam me rodea con su brazo, como si necesitara recordarme —recordarnos— que sigo aquí. Viva. Gracias al hombre que está frente a nosotros.
Respiro hondo y decido intervenir.
No soporto ver la carga en los ojos de Drake ni la preocupación silenciosa de Liam.
Necesito romper este momento… antes de que nos termine de consumir.
—Entonces… —respiro hondo— ¿cómo salieron del palacio? No… no sé nada de lo que pasó después —pregunto, con la voz todavía insegura, intentando desviar la tensión que se ha instalado entre nosotros.
—Después de que Max y yo nos separamos de ustedes entre la multitud, intentamos volver —explica Hana—, pero la seguridad del palacio no nos dejó.
Su voz tiembla ligeramente mientras se frota los brazos, como si intentara apartar el frío recuerdo de su piel.
—Escuchamos a los asesinos decir que tenían órdenes de “limpiar la habitación” —agrega Maxwell, frunciendo el ceño—. No mucha gente estaba lo suficientemente loca como para intentar volver a entrar. Solo… nosotros quisimos ver si llegábamos a ustedes.
—Me alegra tanto que ambos estén bien —digo con sinceridad—. ¿Y tú, Sara?
—Junto con Savannah y Bartie fuimos de los primeros en escapar —responde—. Los guardias nos sacaron por la cocina… No supe lo de Drake hasta después.
Su voz se quiebra apenas y sus ojos brillan con angustia contenida.
—Cielos… —exclama Drake, llevándose una mano al rostro, claramente afectado—. Yo estaba tan concentrado en Riley que ni siquiera pensé en ustedes… Dios, lo siento tanto.
—No te preocupes, Drake —interviene Liam, con voz grave pero serena—. Están a salvo. Se están quedando en Applewood.
Lo mira con una mezcla de gratitud y comprensión.
—Yo personalmente me encargué de su bienestar —añade Bertrand, asintiendo con firmeza—. Savannah quería venir, pero insistí en que era mejor mantenerla a ella y a Bartie cerca de los servicios de apoyo, por si acaso.
—Drake, están bien —dice Hana, tocando su brazo con suavidad—. Afortunadamente no corrieron peligro.
Él asiente, soltando un suspiro profundo, como si el peso de la noche anterior aún lo aplastara.
Sara se acerca despacio y lo abraza con cuidado, evitando su hombro herido. Drake aprieta ligeramente sus manos, sin decir nada, pero en su mirada hay una mezcla clara de alivio y cansancio.
Me giro entonces hacia Liam.
Me observa en silencio. En sus ojos hay un torbellino de emociones: alivio, preocupación… y algo más que me corta la respiración. Solo en ese instante noto con claridad el pequeño corte en su labio y el moretón que oscurece su frente.
—¿Y tú, amor? —pregunto con la voz temblorosa, acercándome a él.
Liam tarda un segundo en responder. Toma mis manos y las aprieta contra su pecho, como si temiera perderme otra vez. Su respiración es pesada, irregular.
—No te imaginas lo que sentí al verte así… —murmura—. Llena de sangre, cuando llegué. Pensé que te habían herido.
Acaricia mi rostro con una mezcla de desesperación reprimida y ternura.
—Mi equipo de seguridad logró mantener a raya a los atacantes hasta que Sebastián y Jacob me sacaron del salón. Cuando vieron que ni tú ni yo estábamos a su alcance, huyeron. Claramente… éramos su objetivo principal.
—Sí —digo en voz baja—. Escuché a uno de ellos decir que tenía que acabar con ambos… Por suerte, no lo lograron.
—Después del ataque nos reagrupamos —responde—. Algunas personas fueron enviadas a casas seguras, otras se quedaron en el palacio. A mí me trasladaron con mis padres. Están bien… pero siguen en shock. No fue fácil convencer a mi seguridad de venir aquí hasta confirmar que todo estaba despejado.
—Hubo heridos —dice Liam con seriedad—, pero gracias a Dios, nadie murió.
Un escalofrío me recorre el cuerpo.
—De las personas que conoces… —continúa, mirándome con una mezcla de preocupación y dolor— Kiara fue herida con un cuchillo. No hay daños permanentes, según los médicos. Sebastián también resultó herido mientras me ayudaba a escapar… su pierna no volverá a ser la misma.
Hace una breve pausa, como si eligiera bien las palabras.
—Pero podrá caminar. Justin recibió un disparo en el brazo.
La gravedad de sus palabras me golpea de lleno. Siento un nudo formarse en mi estómago mientras intento asimilarlo todo.
Liam nota mi expresión y añade de inmediato, con un tono que busca sostenerme:
—Están recibiendo la mejor atención médica que Cordonia puede ofrecer. Todos están estables.
—¿Sebastián…? —exclama Drake, visiblemente afectado—. No puedo creerlo.
Una sombra de culpa cruza su mirada.
—Todavía me cuesta entender cómo pudo pasar algo así —dice Hana, bajando la mirada, con la voz teñida de tristeza—. Fue… horrible.
—¿Quién creen que esté detrás de todo esto? —pregunta Maxwell, sentándose junto a Hana y rodeándola con un brazo, como si quisiera protegerla del recuerdo.
—Cordonia siempre ha tenido enemigos —responde Liam con firmeza—, pero no tiene sentido especular ahora. Jacob nos dará más información cuando regresemos al palacio. Sebastián ya entregó su informe inicial antes de ser trasladado al hospital.
Aunque su tono es controlado, en sus ojos arde una furia contenida.
—¿Y cuándo regresaremos? —pregunta Drake, con ansiedad evidente.
Liam lo observa un segundo antes de responder.
—Aún no lo sé —dice con firmeza—. Mis guardias y la policía siguen asegurando el palacio. Todavía es una escena del crimen activa.
Antes de que Liam continúe, lo interrumpo.
—Liam… sería mejor llevar a Drake a un hospital —digo, mirándolo—. La bala sigue dentro. Yo solo logré controlar el sangrado.
—Entonces no hay discusión —afirma—. Vas directo al hospital en cuanto podamos salir de aquí.
Drake aprieta la mandíbula, claramente incómodo, pero esta vez no intenta bromear.
—Me avisarán cuando confirmen que es seguro volver y que se haya reunido toda la evidencia necesaria —continúa Liam—. Hasta entonces, nadie regresa al palacio.
Bertrand, que hasta ese momento había permanecido en silencio, da un paso al frente.
—Cuando volvamos, tendremos que enfrentar a la prensa… y a un país entero que exige respuestas —dice con gravedad—. Y con toda razón.
Nos mira a Liam y a mí con firmeza.
—Liam va a necesitarte mucho. Y ahora, como futura Reina, Riley también tendrá un papel clave. Nuestra gente necesita verlos fuertes, unidos, demostrando que seguimos en pie pese a los ataques. La estabilidad de Cordonia depende de ello.
Liam asiente lentamente. Endereza los hombros, como si asumiera de golpe todo el peso del reino, y busca mi mirada. Sus ojos están firmes, decididos.
—Bertrand tiene razón —dice—. Nuestro pueblo necesita esperanza y liderazgo en este momento. Riley y yo debemos ser un faro de tranquilidad y confianza. Prometo que tomaremos todas las medidas necesarias para proteger a Cordonia y a su gente.
Hace una pausa y aprieta mi mano.
—Y sé que, a tu lado, podemos superar cualquier desafío.
—Así será —respondo con seguridad, sintiendo cómo su determinación se mezcla con la mía mientras me rodea con un abrazo firme por la cintura.
—La gente tiene mucho miedo ahora mismo —interviene Hana, con la voz cargada de preocupación—. Se siente incluso aquí dentro.
—Tienes razón —añade Bertrand con tono grave—. Temen por la monarquía. Como saben, este no es el primer intento de asesinato real.
Cruza los brazos y baja la mirada, pensativo.
—Pero deberían tener fe en ti, Liam —dice Drake—. Yo la tengo. Y el pueblo debería sentir que contigo están a salvo.
Su voz es firme, leal. Aun así, noto cómo se queda un segundo más quieto de lo normal, como si medir cada palabra le costara un poco más.
—No, amigo —responde Liam—. En este momento debo ganarme su confianza de nuevo.
—Este ataque expuso una vulnerabilidad que no puedo ignorar. Si el pueblo siente que su rey no puede protegerlos, la estabilidad de Cordonia corre peligro. No puedo permitir que la incertidumbre se convierta en desconfianza.
Hace una breve pausa y entrelaza sus dedos con los míos.
—Debo demostrarles que estoy aquí para ellos, que su seguridad es mi prioridad absoluta. Cordonia necesita algo que los una… una muestra clara de fuerza y de esperanza.
Levanta la mirada hacia mí, con una intensidad que me deja sin aliento.
—Por eso he estado pensando que deberíamos adelantar nuestra boda.
—¿Nuestra boda? —pregunto, sorprendida, con el corazón acelerado. El aire en la habitación parece volverse más denso; la emoción se mezcla con un vértigo difícil de ignorar.
—Así es —asiente—. Y debería ser pronto. Mucho antes de lo que habíamos planeado. No quiero que la gente recuerde esta tragedia solo con miedo… quiero que la recuerden como el momento en que Cordonia se levantó unida. Y que lo hicimos juntos, Riley.
Hana se lleva las manos a la boca, visiblemente conmovida.
—¿Hablas en serio? ¿Una boda ahora? —pregunta, emocionada, aunque con un dejo de nerviosismo.
—Es una jugada arriesgada —admite Bertrand—, pero también la más inteligente. Una boda real podría convertirse en el símbolo de estabilidad que el pueblo necesita desesperadamente.
—¡Y con una celebración enorme! —exclama Maxwell, dando una palmada—. Nada de miedo ni tristeza. Música, luces, alegría. Eso levantaría el ánimo de cualquiera.
Drake guarda silencio unos segundos. Su mirada se cruza con la mía apenas un instante. Lo suficiente para que note la tensión contenida… y también su decisión de no dejarla salir.
—Tienen razón —dice al fin—. Esto es lo que Cordonia necesita ahora. Liam, no podría imaginar una Reina mejor que Riley para estar a tu lado. Y si esta boda puede devolverle la esperanza al pueblo, cuentas conmigo al cien por ciento.
Liam apoya una mano en su hombro.
—Gracias, hermano —responde con sincero agradecimiento.
Observo el gesto en silencio, sintiendo cómo algo se acomoda… y, al mismo tiempo, cómo algo duele un poco más. Luego miro a Liam; mi corazón empieza a latir con más fuerza.
—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres, Liam? ¿No es muy pronto?
—No es pronto, Riley… —dice con voz suave, pero cargada de una determinación inquebrantable—. Anoche casi te pierdo. No pienso esperar meses para llamarte mi esposa. Quiero que todos lo sepan: estamos juntos, pase lo que pase.
Sus palabras me aprietan la garganta. Hana deja escapar un suspiro emocionado y Maxwell aprieta los puños, como celebrando en silencio.
—Esto será algo grande —dice Bertrand, acomodándose la chaqueta, ya con la mente trabajando—. No será fácil adelantar todo, pero lo lograremos.
—Chicos… todo esto es precioso, pero se están olvidando de algo importante —interviene Hana—. ¿Qué va a pasar con las fiestas de Navidad y Año Nuevo? La gente de Cordonia siempre las espera con ilusión. Estamos a días de Navidad y de fin de año.
—Lamentablemente, creo que este año no habrá celebraciones como las de costumbre —responde Bertrand, con un tono más sobrio—. El pueblo tiene miedo. No sería prudente organizar el baile de Navidad ni el de Año Nuevo. Creo que la boda es más que suficiente.
Una idea se enciende en mi mente.
—Bertrand… puede que tengas razón, pero —todos giran hacia mí— ¿y si, en lugar de los bailes tradicionales, el Rey y su prometida visitan al pueblo? Podríamos llevar la Navidad directamente a ellos. Demostrarles que no están solos. Visitar orfanatos, el centro de niños con cáncer, refugios… compartir con la gente de una forma cercana, algo que nunca se ha hecho aquí. Sería una manera real de mostrar que Liam se preocupa por ellos, que estamos unidos en esto. Y luego, enfocarnos en la boda.
El silencio que sigue no es incómodo, sino atento.
—Perdón que interceda —dice Sara con cautela—, pero Riley tiene razón. Sería la primera vez que un monarca hace algo así. Desde que tengo memoria, la Corona siempre ha estado en sus bailes y recepciones. Y… con todo respeto, a veces se siente distante de la realidad del pueblo.
—¡Sara! —exclama Drake, incómodo por su franqueza.
Pero Liam no se molesta. Al contrario, se queda pensativo. Finalmente, levanta la mirada y esboza una sonrisa leve.
—No te preocupes, Drake. Riley y Sara tienen razón. Jamás se ha hecho algo así. Ni mi padre ni mi abuelo salieron a compartir con el pueblo en estas fechas. Siempre fueron figuras lejanas… Tal vez ya sea hora de cambiar eso. Puede que esta sea la forma de demostrar que realmente estamos con ellos.
—Visto así, no suena tan descabellado —admite Bertrand, más analítico—. Habrá que coordinar con los equipos de seguridad, especialmente después de lo ocurrido. Me encargaré de hablar con Jacob y Sebastián.
—Y yo contactaré a las personas que más lo necesiten —añado, ya imaginando luces, sonrisas y esperanza—. También me ocuparé de la decoración navideña. Amo estas fechas.
Liam me mira con calidez.
—¿Qué haría sin ti? —susurra, rodeándome con los brazos y besando mi cabeza.
—Entonces está decidido —dice con renovada firmeza—. Visitaremos tantos lugares como sea posible antes de que termine el año. Escucharemos a la gente, estaremos con ellos. Después, emitiremos el comunicado oficial sobre la boda, que podríamos celebrar a finales de enero o a mediados de febrero. ¿Qué te parece?
—Es perfecto, Liam… Me encanta —respondo, sintiendo que cada palabra nos afianza más en este futuro compartido.
—¡Esto es increíble! —exclama Maxwell—. ¡Navidad, esperanza y boda real! Es como una película navideña… pero con más drama.
Hana ríe suavemente y toma mi mano.
—Riley, esta idea es muy tuya. Vas a conquistar aún más al pueblo.
—Cordonia necesita ver que, incluso en medio de la tormenta, hay luz —dice Liam, mirándome con intensidad—. Y esa luz… somos nosotros.
—Todo suena bien, pero creo que todos necesitamos descansar un poco antes de seguir planeando —interviene Bertrand con un suspiro—. Yo, al menos, necesito sentarme y respirar.
—Amiga, traje algo para ti —dice Hana, acercándose con una bolsa de tela—. Ropa cómoda… y limpia. Te sentirás mejor cuando te cambies.
—Gracias, Hana. Si alguien conoce mi talla y estilo a estas alturas, eres tú —le respondo con una sonrisa cansada pero agradecida.
—Yo también hice lo mismo para ti, amigo —añade Maxwell, sacando una bolsa que le entrega a Drake con una expresión de complicidad.
—¿En serio? —Drake arquea una ceja, genuinamente sorprendido.
—Sí, y me costó no poner algo ridículo, pero fui bueno —bromea Maxwell, logrando arrancarle una risa sincera.
—Gracias, de verdad —responde Drake, sosteniendo la bolsa—. Creo que un baño y algo limpio me vendrán de maravilla… No pienso moverme de allí hasta que sea estrictamente necesario. ¿Sara, me ayudas?
—Por supuesto —responde Sara de inmediato, tomándolo del brazo con cuidado mientras Drake camina despacio, procurando no forzar su hombro herido.
Los observo alejarse y, solo entonces, siento el cansancio caer sobre mí con más fuerza.
—Yo también iré a cambiarme —digo, sintiendo la urgencia de despejarme un poco.
Me acerco a Liam, le doy un beso suave en los labios y apoyo mi frente contra la suya un segundo más de lo necesario, como si me costara soltarlo.
—Ve —murmura—. Te espero.
Asiento y me alejo despacio, cruzando el pasillo mientras las voces detrás de mí se vuelven más tenues. Al entrar en una de las habitaciones, cierro la puerta con cuidado, dejando afuera el murmullo, las decisiones y el peso del reino.
En cuanto el pestillo encaja, todo cae sobre mí como una avalancha.
Necesito sentirme limpia, desprenderme de toda la sangre seca que no salió en la madrugada y del olor metálico que todavía me persigue. Entro directo al baño y abro la ducha.
El agua caliente cae sobre mi piel, quemando al principio, pero luego me envuelve en una sensación de alivio que afloja el nudo en mi pecho. Cierro los ojos, dejando que las lágrimas se mezclen con el agua, llevándose la tensión, el miedo y la angustia acumulada. Es un pequeño refugio en medio del caos.
Cuando finalmente salgo, me seco con calma, tomándome unos segundos más solo para respirar. Me pongo el suéter rojo largo, suave y holgado que Hana me trajo, que me cubre hasta mitad de los muslos, junto con unas mallas negras cómodas, y me recojo el cabello en un moño sencillo. Me calzo unas botas bajas, agradeciendo la sensación de abrigo y estabilidad que me dan.
Frente al espejo, me detengo un instante: mis ojos todavía enrojecidos y mi rostro pálido me recuerdan que estuve a un segundo de perderlo todo.
Respiro hondo antes de salir.
Al regresar a la sala principal, espero encontrar voces, movimiento… algo.
Pero el lugar está vacío.
Frunzo el ceño y, guiada por una sensación extraña, me acerco a la puerta principal. Al abrirla, el aire frío me recibe primero… y entonces lo veo.
Maxwell está sentado en una banca exterior, con la mirada perdida en el horizonte.
—¿Max? ¿Qué haces aquí solo? —pregunto, acercándome.
Él da un pequeño respingo y luego me sonríe con ternura.
—Mi flor… —dice con esa mezcla de cariño y admiración que siempre le sale tan natural—. Te ves hermosa.
—Gracias, Max —respondo, sonriendo suavemente—. ¿Está todo bien?
—Se puede decir que sí, aunque… —suspira, bajando la mirada—. Todavía no puedo creer que algo así haya pasado otra vez. Otro intento de asesinato… Todo esto me hace pensar que, tal vez, la Casa Beaumont y su eterna búsqueda de prestigio y fortuna no son tan importantes después de todo.
—¿A qué te refieres? —pregunto, sentándome junto a él.
—Ya sabes, el legado de Bertrand, las apariencias, toda esa presión —dice, imitando con humor los gestos de su hermano.
—Max, lo que acaba de pasar solo hace que salvar la Casa Beaumont sea aún más importante —respondo con firmeza—. Cordonia necesita familias fuertes que apoyen a Liam, y tú y Bertrand son esenciales para eso. Si la Casa Beaumont se mantiene sólida, ayuda a sostener la corte y al reino entero.
—Wow… ese es un muy buen punto. Solo… no se lo digas a Bertrand, ¿ok? —dice con una sonrisa, provocándome una pequeña risa—. Pero ¿sabes algo? Quienquiera que esté detrás de todo esto está en problemas. Puede que intenten hacernos caer, ¡pero somos el dúo dinámico!
—Siempre encontramos la forma, Max. Además, ya empezamos con lo de Navidad y Año Nuevo. Esa fue una gran idea —le respondo, sonriendo—. Somos el mejor equipo. Y ni hablar de lo que se viene con la boda… siento que todo lo que estamos planeando nos va a unir más, no solo a nosotros, sino también al pueblo.
De repente, su sonrisa se desvanece, y noto una seriedad poco habitual en él.
—Escucha… debo decirte algo. No te imaginas lo asustado que estuve anoche. No solo por mí o por Hana… sino por ti. Cuando me contaron que Drake te salvó de un disparo… sentí que me quebraba. No quiero perder la oportunidad de decirte cuánto significas para mí. Eres mi mejor amiga, Riley… más que eso, eres como una hermana.
—Max… —susurro, sintiendo cómo la emoción me inunda mientras mis ojos se llenan de lágrimas—. Yo también tenía miedo por ti… y por todos. Esta noche me hizo darme cuenta de lo importante que es valorar a las personas que amamos. Tú eres una de las razones por las que me siento tan segura de todo esto, incluso de casarme con Liam. Saber que te tengo a mi lado hace que todo sea más fácil.
Él me sonríe, con los ojos brillantes.
—Vas a ser una reina increíble, Riley. No solo por Liam, sino porque tienes el corazón en el lugar correcto. El pueblo va a amarte… y yo estaré ahí, con el mejor asiento, para ver cómo te conviertes en la mujer más feliz del mundo —dice con un guiño.
Una sonrisa entre lágrimas se dibuja en mi rostro. Nos abrazamos con fuerza, sintiendo cómo este vínculo de amistad se vuelve aún más fuerte.
—Bueno, será mejor que entremos antes de que Bertrand nos regañe —dice él con una sonrisa, poniéndose de pie.
Regresamos al interior de la casa con paso tranquilo. El contraste entre el aire fresco del exterior y el silencio contenido de adentro se siente de inmediato, como si las paredes todavía guardaran el eco de todo lo ocurrido. Al avanzar hacia la sala principal, encontramos a Bertrand de pie junto a una mesa lateral, concentrado en su teléfono, el ceño levemente fruncido.
—¿Y los demás? —pregunto, mirando alrededor.
—Liam fue a ver cómo sigue Drake —responde sin levantar demasiado la vista—. Hana y Sara están en la cocina, tratando de decidir qué preparar para comer.
—Genial, voy a ayudarlas, que muero de hambre —dice Maxwell, frotándose las manos antes de encaminarse hacia la cocina.
Yo, en cambio, me dirijo a la habitación donde está Drake y, al llegar a la puerta entreabierta, me detengo. Escucho las voces de Liam y Drake dentro, y algo en su tono me hace quedarme quieta, intrigada. No están discutiendo, pero tampoco suenan tranquilos. Hay pausas largas, palabras dichas en voz baja, como si midieran cada frase.
Reconozco el peso de lo que sea que están hablando, aun sin entenderlo del todo.
Trago saliva y me quedo ahí, inmóvil, con la sensación incómoda de que esa conversación no es casual… y de que, de una forma u otra, también me involucra.
Me quedo quieta, sin proponérmelo del todo.
@tessa-liam, @kingliam2019, @choicesficwriterscreations, @delmissesryanandcassi, @OneNoeOne, @scentedeclipseghosteggs, @s0m3thingkmp , @gabycros , @abc-ds-things , @alexabeta ,
If anyone else wants to be tagged, just let me know. I hope you enjoy this wonderful love adventure.