Todos en el pueblo perseguían al malabarista y en especial a las cinco bolas de cristal que el llevaba en sus manos; lo que el no sabía es que esas cinco preciosas bolas de cristal las cuales había visto brillar la noche anterior, eran los ojos del príncipe sapo que era el corazón de aquel pueblo, por alguna extraña razón todo lo que le sucedía a ese sapo que a veces olvidaba sus cinco ojos, tenía repercusiones en el pueblo y en sus ciudadanos.
La persecución continuaba y el malabarista pensó que al internarse en lo espeso del bosque, la huida terminaría, podría encontrar algún arbusto o trepar en un árbol y esperar atento el amanecer. Pero de pronto cuando se encontraba en la oscuridad, las bolas de cristal encendieron una luz amarilla y un pequeño punto negro dentro de ellas, empezó a moverse de un lado a otro. Como era de esperarse fue muy fácil que los habitantes del pueblo encontrarán al malabarista, pero cuando algunos de ellos llegaron a verle, automáticamente perdieron su visión, empezaron a caminar con las manos levantadas hacia el frente, tratando de encontrar una dirección a donde ir, se escucharon gritos de desesperación, gritos donde le rogaban al malabarista que le entregará los ojos al príncipe sapo, que por favor los entregará, el seguía sin entender absolutamente nada de lo que pasaba a su alrededor.
Afortunadamente Sofía se había unido a la multitud, más con la intención de ver los trucos del malabarista que en recuperar los ojos de aquel sapo que siempre le había disgustado; Sofía desde muy pequeña había utilizado lentes y eso hasta ahora, no le había sido muy útil pra evitar todas las cosas que a sus vecinos siempre les ocurría a causa de algún capricho o enfermedad del sapo. Ella se acerco al malabarista y le relato la historia, la misma historia que le contó su mamá, cuando una vez cerca del lago, en compañia de su hermano intentaron capturar a ese sapo; el príncipe, había llegado hace poco mas de diez años, nadie sabía de donde venía ni tampoco que había pasado con el lugar en donde el antes vivía, pero desde su llegada, cosas extrañas empezaron a ocurrir en el pueblo, en las épocas donde el permanecía debajo del agua el pueblo se cubrió de una extraña neblina y en los días en los que le gustaba salir a saltar, el sol parecía brillar más que nunca.
Lo peor era cuando aquel sapo enfermaba, la mayoría de nosotros también enfermaba, - y mira ahora que tu te has llevado sus ojos, todos estamos perdiendo la vista, tienes que ayudarme a poner en su lugar esas cinco bolas de cristal como tu las llamas -.
La aventura había comenzado, debían entrar en las misteriosas aguas del lago, buscar al príncipe sapo y si contaban con la suerte, poder tomarlos en sus manos y regresar esos cinco ojos al lugar donde pertenecían; Sofía guardaba la esperanza de que tal vez podría convencer al sapo de irse de su pueblo, de dejarlos tranquilos a cambio de sus múltiples ojos. Pero Sofía prefirió no decir nada, por que lo realmente importante era que el malabarista estaba dispuesto a ayudarla, a pesar de su confusión, aunque no entendiera nada, aunque no supiera nadar muy bien y sabiendo bien, que no era muy ágil intentado cazar sapos.