ㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤ ㅤtell the mirror what you know she’s h e a r d before
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ08012020.
ㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤ ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤ00.011 / 15:00:00
Zürich, Schweiz.
47°22′43″N 8°32′24″E.
Que si sus modales no eran adecuados.
O que su apariencia no era la mejor.
Que la postura era incorrecta.
Que si estaba muy delgada.
O que había subido de peso.
Que comía demasiado.
O que no comía lo suficiente.
Que su expresión física no era apropiada.
Ni los gestos que hacía.
Mucho menos las respuestas que daba.
Que su forma de andar estaba mal.
También su forma de hablar.
La manera en que se levantaba por las mañanas.
Y como se iba a acostar por las noches.
Que si era muy cruel a veces.
O demasiado blanda en otras.
Que era en extremo insegura.
Y otras veces demasiado presumida.
Era agotador mirarse en el espejo y no comprender el cómo ni el cuándo se había convertido en todo eso que su reflejo la hacía ver. La gente exigía demasiado de ella, y peor aún, la hacían exigirse demasiado hasta llevarla a un punto de quiebre. No importaba si ponía todo de su parte por cambiar, por mejorar, si derramaba hasta la última lágrima o gota de sudor, incluso si sangraba… Hiciera lo que hiciera, nada nunca lograba complacerla. Complacer al resto. Muchas veces sentía que quizás, después de todo, lo único que iba a lograr era decepcionar a quienes la rodeaban. Y eso no solo la atemorizaba, la asqueaba también.
Era en días como aquel que verse al espejo le resultaba más repulsivo que nunca, tanto como para provocarle náuseas. Estaba decepcionada de sí misma, deseosa de no ser ella al menos por una sola vez, pues todo lo que podía ver en sus propios ojos era aquel atisbo de inseguridad y de temor ante el monstruo en que –según le decían– se había convertido. La bruja, la llamaban unos. Otros, con menos sentido común, la llamaban una anomalía o abominación antinatural. No conocían a nadie con su poderío, le tenían miedo, y habían provocado en su inseguridad que desarrollara el mismo temor hacia sí misma.
Antes de poder evitarlo, las amargas lágrimas rodaron por sus mejillas. Refunfuñó con el entrecejo fruncido y los dientes apretados con tanta fuerza que le dolía la mandíbula. Alzó su mano, cerrada en un puño, e impactó con sus nudillos el vidrio del espejo. ¡Crash! Los trozos del cristal roto comenzaron a caer sobre el lavabo y el suelo, tintineando al tocar la superficie antes de fragmentarse aún más. Nunca una imagen tan banal la había representado tanto, porque así se sentía, fragmentada. No era capaz de reconstruirse. Era demasiado débil, le daba vergüenza admitirlo. ¿Especial? De especial no tenía nada. Bastaba con verse a sí misma para recordárselo: era una aberración.
¿Quién rayos era? No era nada, pero a veces lo era todo. A veces se sentía como un lienzo en blanco, dispuesta a dejar que se plasmara en ella una obra magnífica, hasta que recordaba que de hecho ya era un té abajo en proceso. ¿Quién quería ser? A veces ella misma, muchas otras alguien más. Quería ser alguien cuyo reflejo no le ocasionara náuseas. Quería ser todo eso que en su interior almacenaba, a la espera de salir a la luz algún día.