Conteo de palabras: 515. Proyecto: Kintsugi Tags: #QK01 + #King Valor: 100 Copos. Advertencia de Contenido: N/A.
«𝐈 𝐚𝐦 𝐧𝐨 𝐦𝐨𝐭𝐡𝐞𝐫, 𝐈'𝐦 𝐧𝐨 𝐛𝐫𝐢𝐝𝐞; 𝐈'𝐦 𝐤𝐢𝐧𝐠»
Aún no sabía quién me lo había enseñado. Quién era responsable de tal manera de sobrevivir. He descubierto que los genes dictan poco; es el entorno, las situaciones y nuestras decisiones lo que nos convierten en quienes somos. Por mucho tiempo creí saber quién era: la niña dorada que todo el mundo admiraba, la persona más inteligente en la habitación sin importar cuál fuese, quién sabía lo que había que hacer y se comportaba adecuadamente. En mi cabeza siempre fue todo diferente. Ardía en mí el deseo de destruir, ver absolutamente todo arder, danzar entre el fuego y la destrucción.
Quizá le debía mi libertad a aquél suceso que se dio un día de Octubre. Aquél que me arrebato la sensación, la ingenua idea de que yo me pertenecía, haciendome abrir los ojos para aceptar duramente que nunca fui mía; siempre viviendo a la expectativa de alguien más. Siguiendo ordenes que jamás jugaron a mi favor. Tal vez debía agradecer a los desamores, las desgracias, las tristezas que me ayudaron a descubrirme bajo la luz del dolor, dándome la libertad de demoler conceptos y disfrutar de su desmoronamiento. Podría ser que al final había encontrado mi lugar; uno adecuado para una hija del abandono. Parecía lógico sentirse en paz, cómoda y plena en donde yacían los restos de todo lo que alguna vez conocí. Tenía sentido no pertenecer a ningún lugar, sujetandome a mi soledad con desespero para después hacerlo con orgullo entre miradas desaprobatorias que carecían de opciones a menos que eligieran verme y aceptarme por quien realmente soy.
No había sido buena en nada de lo que me había propuesto, ni en las decisiones que me habían sido asignadas en contra de mi voluntad. Pérdidas espontaneas y una manera de amar que abrumaba a cualquiera, haciéndolos marcharse entre desastres, lágrimas, dolor y explosiones pero está bien porque eso es todo lo que conozco, lo que sé.
Estaba compuesta de sueños inhabitables donde encuentro libertad y un respiro del mundo real. Heridas que abro sin parar, sin dejar cicatrizar ni dándoles descanso al repetir sus historias una y otra vez porque quizá sin ellas no soy nadie. ¿Quién sería sin los morados, los raspones, las inalcanzables expectativas? Un recipiente vacío a disposición de ideas, manos y direcciones ajenas. Me rehuso a dejar ir mis dolores a pesar de no hablar sobre ellos más que en gritos silenciosos. He construido fortalezas con cada uno de ellos hasta edificar mi propio imperio, escribir mis leyendas, compartir mitos, parabolas que nadie más comprende ni me molesto en explicar a pesar de exponer con desespero, deseando que alguien más entienda que solo quiero ser mía aunque no tenga idea de cómo hacerlo. Que entre araños y patadas, ahogada en soledad y aferrada al abandono me encargo de no dejar ver de más arreglando las fisuras con cintas decorativas y diamantina. Vistiendo lentejuelas, patrones, colores, plataformas. He moldeado mi figura, persona, mentalidad a placer y conveniencia en una contradictoria rebelión personal cuya misión es retomar mi propia historia peleando constantemente contra los limitantes roles que la vida me ofrece.
















