Hace algunos meses una amiga mía, usuaria de una compañía de televisión por cable, me llamó. Me pidió que fuera con ella a la oficina de atención a clientes de dicha compañía; sin preguntarle más, le acompañé. Ella estaba muy molesta debido a que la tarifa de su factura de ese mes era mayor que la tarifa con la que había contratado el servicio en cuestión. Esto me lo contó mientras esperábamos nuestro turno para hablar con el gerente de la sucursal. Tras una franca charla con él, llegamos al meollo del asunto. La tarifa “de oferta” con la que contrató era válida durante los primeros dos meses de consumo, después de este tiempo se cobraría la tarifa regular. Mi amiga no tenía idea de ello. En primer lugar, porque la persona con quien firmó el contrato “olvidó” mencionar ese detallito y, en segundo lugar, porque no leyó el contrato completo, donde se hacía una clara mención de la promoción y su duración. Lo único que mi amiga dijo camino a casa fue -¿Por qué no lo leí?
Consejos, con base en esta experiencia:
De un contrato, analiza los beneficios que te otorga y las obligaciones que aceptas.
Cuando contrates un servicio, has todas las preguntas que creas necesarias, TODAS.
Pregunta la duración de las promociones y, en los casos en los que “aplica restricciones”, pregunta cuáles son dichas restricciones.
Si se está a punto de firmar un contrato, hay que leerlo. Si no vas a leerlo, pide a alguien de tu confianza que lo haga y te lo explique. Si no vas a leerlo y no pedirás a alguien que lo haga y te lo explique, "que Dios te agarre confesadx".