Querida luna:
Y llegó.
Pasó lo de siempre, me enamoré perdidamente de una mujer inalcanzable, me enamoré de su risa y de sus risos, de sus manos y manías, de sus ojos y de esas hojas que, suspirando caen al verla pasar en esas tardes cuando el otoño combina con ella y no ella con el otoño. Me enamoré de esa mujer que a ratos no soportas pero tampoco soportas estar sin ella un rato. Me enamoré querida Luna como nunca me habia enamorado.
Y de alguna manera esperé nuevamente la derrota, el despecho y la tristeza. Porque ella no. Ella seguía lamiendo sus heridas, cosiendo nuevamente su corazon medio despedazado. Era una crónica de una muerte anunciada.
Pero fiel a mis ideales que tú tan bien conoces, no me rendí sin dar pelea. Aún sabiendo que la suerte no estaba de mi lado. Peleé. Perseveré. Y adivina Querida Luna; lo logré. No me preguntes por qué. Pero de un momento a otro me dice: me enamoré.
Finalemente llegó el momento que tanto esperé.
Simplemente soy feliz Querida Luna.