Bitácora de un hombre triste y enamorado
Resuena en mi mente gritos desesperados y desgarradores de un ser que solo pide ser libre. Ahí me encontraba a mi mismo y miraba con aberración cómo encadenado y hambriento por libertad luchaba contra sus captores. Se veía enfurecido, enardecido y cegado por la rabia contra esas cadenas que lo ataban. Pero ambos, yo y yo, sabíamos que esa rabia no era más que un llanto de desesperación y tristeza como cuando al un pájaro se le cortan las alas. Como cuando a un cirujano le cortan los dedos. Como cuando a un niño le quitas su inocencia.
Ahí figuraba ese ser triste y al borde de la locura luchando contra unas cadenas que en otro tiempo había aceptado bien de cuando en vez. Pero ahora las cosas habían cambiado. El ambiente hacia dificil respirar. Se inspiraban trozos de migraña que se instalaban entre los surcos de la mente donde crecían hasta sentir que iban a reventar. Se exhalan ganas de vivir. Y con cada ciclo de inspiración y exhalación se iban poco a poco de dentro de su cuerpo. El piso quemaba a base de gritos solapados justificados con órdenes vagas y autoritarias que quemaban hasta el sentido común de la criatura.
Lo único que lo mantenía con vida era su rabia. Y su poesía.















