Querido e inevitable amor:
INTERLUDIO | Parte 1 |
Estoy aquí esta noche frente a esta hoja buscando las palabras correctas para decirte lo que siento que honestamente es bastante. He recorrido un largo camino hasta este momento, tuve que pasar, alegrías y tristezas, amores y desamores, mañanas y noches, todo para este instante, donde la noche, las lágrimas, la soledad y la ciudad me acompañan y aun con todo tengo el valor de decir que estoy bien, porque lo estoy, me levanté cada mañana con el pesar de mis parpados para limpiarme de todo lo que me incomodaba, para intentar construir mi propia felicidad y volver a ser yo. Con el tiempo aprendí algo muy bonito, que nadie es indispensable en la vida de nadie y que lo maravilloso de todo eso en una pareja radica en la idea de que aun sabiéndolo elegimos que otra persona sea una parte importante, uno decide esas cosas. Mi año comenzó en caos, estaba en la recuperación de mi propio ser, recogiendo los fragmentos más importantes de mí, y un poco devastada porque creí que el amor de mi vida se había ido para no volver. La tristeza me invadió como un virus maligno que no se cura con nada, peor que un virus. En las mañanas recién me levantaba y lloraba, en la tarde en el camión lloraba, luego en las noches lloraba y cuando me dormía soñaba que lloraba. Era un mar, pero la gente creía que era feliz. Todo fue mejor así, es mejor eso que sentir que das lastima o peor dar lastima sin siquiera notarlo. Me concentré entonces en lo que para mí significaba un nuevo comienzo, una nueva vida, la renovación de mi ser, fabricar entonces a mi versión mejorada de mi misma.















