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Aventuras en el desierto. Una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido fue visitar el cerro del Quemado en Wirikuta ubicado a 1800 metros sobre el nivel del mar, es un lugar donde la energía se puede sentir, y admirar la vista desde esa altura es una sensación espiritual. Para llegar montamos a caballo desde Real de 14, San Luis Potosí, y aproximadamente son 3 horas para llegar. Ese día el sol estaba bueno, al llegar hay un lugar que le llaman el Oxxo fue genial refrescarnos un momento para después subir a la punta del cerro. En la punta del cerro El Quemado se encontraba un guardián del centro ceremonial Huichol donde albergan sus ofrendas, y también hacen artesanías realmente hermosas. De regreso ya había bajado un poco el sol, estaba un poco nublado y con un vientesito rico!
Música para explotar la corneta
Por Paco Robledo
El escenario era lo de menos, los Triciclo Circus Band cerraban el festival de jazz callejero en Real de 14. Todos, o su mayoría, estábamos drogados, pedos, cogidos, reventados. Había belleza histriónica en cada viajero que pasa por este pueblo mágico, y no eran pocos. Vaya modo de seguir la alienación de los medios que dicen que los pueblos son mágicos para promover el turismo. No importa cuando ya se está bien aceite. El control de masas y el dialogo dirigido lo tenían los Triciclo. Las bandas que tocaron temprano eran el under a la Henry Cow; le prosiguió lo clásico y bofo. Siempre buenos músicos, pero mis respetos para los cabrones que usan nariz de payaso y ropa ya no tan pandrosa. Va por el lustro que no me tiraba un clavado a un slam de alta intensidad.
El humor inteligente de los cabrones, los instrumentos, la música, la droga y la mochila llena de caguamas casi me hacen llorar: imagina las calles rusticas del viejo 14, en el puente Zaragoza y los metales del Triciclo con un sabor a polka; el desmadre encima de un camino de piedra bola, rodeado de ruinas coloniales galopadas por la revolución y esos años que no se nombran por vivirse. Destruidos, seguíamos bailando efervescentes, creyendo que no terminaría.
Finalizó una canción y el del banjo tomó la voz en el escenario: “A VER, NECESITAMOS UN LÍDER”. No se hizo esperar, cuando ya teníamos a un neohippie brincando, haciendo señas con la mano como si las hiciera a un avión. El loco se acercó irradiando felicidad. Una carnala entre hindú y prehispánico brincaba y su única rasta le bailoteaba en el centro de la mollera.
El violinista decía: “TÚ, TÚ, TÚ” como brujo a punto de echar la suerte: “ESTÁS DROGADO”. Esa impertinencia pertinente era obvia, pero la onda no era trolear con una broma que en condición, andando hasta el culo, ni risa da. No obstante, sí nos sacó la saliva de una carcajada. Lo que dijeron fue más como un método de expresión libre. Hablar de droga en un evento municipal patrocinado: Ufff!!!
Le dijeron al líder que tomara la mano de una persona, quien iba a tomar la mano de alguien más y así sucesivamente. Esta víbora de la mar no se cantó, su acéfalo era una líder serpiente y bailarina que hacía el camino con la música del Triciclo como titiritero. El violinista volvió a preguntar al líder si podía con tal responsabilidad, a lo que el cabecilla comenzó a saltar y abrirse camino; yo a lo lejos no veía quién le tomaba la mano a quién.
El violín apareció sonando bajo mientras seguía con la vista al hippie, quien iba dirigiendo a los otros neohippies que una hora atrás fueron sillas vacías escuchando jazz en oposición. No sé quién ni a qué hora se tragaron las sillas, eran cientos de personas alteradas en la fiesta, los viajes, el paisaje, la compartición, las ondas gruesas, las cosas chidas que van bien, las naciones, el intercambio y que todos estábamos hasta la punta del chongo. El líder se acercó a nuestra dirección como una especie de hidra reptando. Cerca de mí estaba un carnal de rasta corta, con sombrero mexicano, acompañado de una mujer del mismo color de piel y cabellera: llevaba un manto como La Virgen, iba embarazada y parecía María. El otro güey, un José con una cadena y un perro, ambos en una época de los 30’s, pero en México. Con ellos, también vislumbraba un carnal con jorongo, bigotes y sombrero de paja. Traían su onda y la estaban cotorreando bien. Sus tambores permanecían en el suelo, frente a la hipérbole que formaban. El líder estaba detrás de ellos. En ese momento el auch me reventó, lo sé, porque vi inflársele los cachetes a todos los Triciclo. La música se soltó a dar putazos de escava, huyendo por todas direcciones. Una polka oaxaqueña con ritmo violento y todo se me pausó. Así lo vi. El ambiente se movía lento, nomás la música llevaba el mismo ritmo golpeador.
El líder atravesó por en medio de los tipos. Sacados de onda, el de bigotes y el de rastas impedían que les machacaran los tambores cerrándoles el paso. Vi al de rastas deteniendo a la víbora de la mar con la espalda, entre Pípila y Sísifo, pero con otras intenciones. Le arrancaron uno a uno los tambores africanos a los pies de la víbora. Conforme retiraban los tambores, la escena fue Mufaza cayendo a la estampida. Yo, el cachorro que se queda en shock. El de rastas finalmente se quitó cuando ya todo estaba a salvo, sólo los carnales acéfalos seguían al escenario sin ver al piso. Aquí, la velocidad de la atmosfera recobró naturalidad. El rasta se quedó enchilado. Su vibra pudo con toda esa cola de locos que iban desmadrando el camino sin detenerse. Cuando la víbora llegó al escenario, se desplumó. El de los tambores se quedó con la vista perdida al frente, donde eufóricos, todos se empujaban. Gritó algunas cosas y rechiflaba. Dio el perro a su María, agarró una silla y la levantó por encima de su cabeza. Empezó a hacer como si la iba a estrellar, al tiempo que bailaba como electrocutado. No la estampó con nada, dejándola en el suelo. Gritó como revolucionario y se tiró quién sabe si en caballo, al montón, perdiéndose en su centro. Rápido acaparó el cuadro de mi vista el tipo del jorongo. Me daba la espalda, se quitó el sombrero, lo extendió por la copa, se puso en un pie y gritó exclamando algo hasta lanzarse detrás de su compadre, con el sombrero en alto. En ese pinche instante los Triciclo Circus Band reventaban los metales con una de sus últimas canciones. Todos reventados de la corneta.
2014
R14 2014
Cerro del quemado 2014
Estación catorce 01/2015
Estación 14 12/2014