LA AGONÍA DE UNA RAZA. 15 de octubre de 1921
LA AGONÍA DE UNA RAZA
visita de una comisión de indios á nuestra imprenta.
ABUSOS QUE SE COMETEN CON LOS INDIOS.- EL VIEJO CACIQUE ANDRÉS PORMA, NOS DICE, QUE NO NOS QUITEN NUESTRA TIERRA.
¡Nosotros éramos dueños de todo!
Las autoridades deben oir la petición de los indios, piden lo que es de ellos.
Vergüenza e indignación sentimos al escribir estas líneas.
Andrajosos, casi desnudos han llegado hasta la capital una comisión de indios, que vienen a implorar piedad, que vienen a implorar que no se les robe su tierra, que no los voten [sic] de sus posiciones, como vota [sic] la ola las basuras a la playa.
El viejo cacique, Andrés Porma, con lágrimas en los ojos, nos dice: “Todo era de nosotros y ahora no tenemos nada.
Los alemanes, los franceses y los chilenos se han quedado con todas las tierras nuestras, ellos nos han robado, pulgada por pulgada, pedazo por pedazo, nuestras posesiones y las autoridades se han hecho cómplices de este robo y han prestado la fuerza pública, para que nos arrojen a la calle.
Día a día, nos llevan más al sur, nos empujan, nos barren, nos votan [sic] y ni siquiera tienen piedad de nuestros hijos. Los indios estamos solos, nadie defiende nuestros derechos, somos los judíos errantes que estamos a merced de los ladrones que nos roban nuestra tierra. Miren, compañeros, —continúa,— aquí tienen ustedes los planos de nuestra tierra, todo es de nosotros y nos pertenece, y de aquí nos quieren votar [sic]; los chilenos y los extranjeros quieren robarnos lo que nos pertenece”.
Agobiado por el dolor, enmudece el viejo indio; dos lágrimas enormes resbalan por sus rugosas mejillas y continúa:
“Somos muchos los que venimos aquí. Estos compañeros, son caciquillos. Ellos también tienen sus tierras y también los quieren votar [sic]”.
“Si, nos dice Catrileo, nos persiguen porque dicen que no pagamos las contribuciones; pero esto es mentira y aquí tiene los recibos”.
Pobres indios, los recibos que nos mostraban no eran tal. En un papel cualquiera tenían apuntadas diversas cantidades de dinero. Ni siquiera una firma del que les ha estado robando sus platitas.
Es evidente que a pretesto [sic] de que los indios no pagan la contribución les quitan sus tierras; pero esto es una infamia, los indios pagan la contribución, lo que hay es que los empleados encargados de la oficina respectiva están robando al Fisco y a los pobres indios. Esto lo vemos claro, en el papel de Catrileo no presenta, los números bien hechos, que en él aparecen es una prueba que el que los escribió es una persona educada.
Nosotros estamos con Porma, los indios están solos. Nadie defenderá sus derechos; pero nosotros, aunque directamente no podemos hacer nada por ello, desde las columnas de nuestro diario defenderemos sus derechos y nuestra voz tiene que ser oída por los poderes públicos.
Y así lo manifestamos a la comisión de indios compuesta por Andrés Porma, cacique; [ilegible] Catrileo, Juan Angel Millapí, Juan Huemul, Pablo Llacanan, Juan Calirpi, Juan 2o Marileo, caciquillos y a los mocetones Juan de Dios Llanquileo y [ilegible] Huemunecan.
Antes de irse de nuestra imprenta la comisión de indígenas, retratamos, para que el público se imponga del estado de pobresa [sic] de esos hombres descendientes de una rasa [sic] fuerte y poderosas que hoy, debido únicamente a la indolencia y a la poca honradez de dos poderes públicos agoniza lentamente en la más espantosa orfandad. Es necesario que el Gobierno no se haga el sordo y que atienda la demanda de los indios, y al[cortado] una investigación de los denuncios de que damos cuenta a de que se proceda a castigar las infámes que sin ningún escrúpulo, sin reconocimiento, contribuyen a que desaparezca una raza, de la cual nos sentimos orgullosos, de tener en nuestras venas algo de su sangre.
“La Federación Obrera”, en todo momento defenderá los derechos de los indios y sus columnas están a la disposición de los hijos de Caupolicán, y nuestra pluma caerá como latigazo sobre los que han creído que los indios estaban solos y que por lo tanto, se les podía robar y seguir sin que recibieran sanción alguna. Estamos convencidos de que más de algún corazón generoso latirá como el de nosotros en estos momentos y nos acompañarán a fin de salvar de la muerte a la raza que agoniza.
En los planos que reproducimos se vé claramente lo que pertenece a los indios. Sus posesiones están bien marcadas y por lo tanto ellos pueden probar que son los dueños legítimos de estas tierras.
Miles de veces habíamos oído decir las infamias que se cometían con los indios; pero a pesar de ésto no creíamos que en estos tiempos, en un régimen de amor, se continuara la acción infame de los gobiernos pasados. Los pobres araucanos no tienen garantía alguna y esto no es posible, es necesario que para ellos también brille el sol de la justicia, máxime si se piensa que ellos son los verdaderos dueños de este país.
Los chilenos somos para los primitivos habitantes de Chile austral, los ladrones que los han despojado de sus tierras, y en su ignorancia nos odian y con justa razón. Nosotros hemos procecedido [sic] malamente con ellos. Les hemos robado sus haciendas, porque un Gobierno infame nos ha espaldeado mediante una buena coima y lejos de darle la educación necesaria para elevar el valor moral de los indios, los hemos degenerado con alcohol y otras inmundicias; pero, ya es tiempo de que terminen estas infamias, es tiempo que terminen las rapiñas y que el Gobierno se preocupe con mayor atención de los indios y lleve a ellos la justicia y la cultura a que tienen derecho todos los seres humanos.
Al contemplar la triste situación de los pobres indios, nuestro pensamiento vá hacia el Arauco antiguo y recordamos a Caupolicán, a Galvarino a Lautaro, a Colo Colo, a Fresia y tantos otros valientes, y pensamos en ellos; todas sus hazañas desfilan por nuestra mente, y el empeño de esa raza de cóndores nos hace palpitar de emoción y sentimos lástimas, profunda lástima, por los hombres que nos visitan para pedirnos que nosotros no seamos como los chilenos bandidos que les han quitado todo, hasta la vitalidad de la raza.
Arauco, el legendario Arauco agoniza: la maldad humana le ha cavado la fosa. El régimen capitalista también hincó su diente entre los indios y su veneno ha corroído a la valiente raza Araucana que se muere lentamente.
LA FEDERACIÓN OBRERA. INFORMACIONES DEL DÍA. SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 1921.
Texto recuperado desde la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, Santiago de Chile, primavera de 2016.











