La habitación de las dunas y la intención en mis dunas.
Todos tenemos una flor que nunca pudimos ofrecer, puede que nadie más las guarde, incluso puede que las olviden, entonces, así la intención más pura se va, la ilusión se va con ella y desvanecen.
Todos dejaron flores en los parajes más importantes de sus vidas, todos los que ofrecieron comprenden al amor como una caricia que pasa de mano a mano, como una brisa que va y viene en los árboles, de las copas a las bocas. Aún permanezco guardando las mías, no he desechado ni una ilusión, aún no ha muerto mi intención, las guardo junto a mi, a mi cama, en mi habitación, apenas se distinguen de entre el polvo, aún quedan los tallos que por pajas son barridas al cuidado de alguna esquina, permanezco, contemplando sus últimos sentidos mientras palidecen, despidiéndose del sol, esperando al color de la eterna sobra volver a él, despidiendo perfumes para desprenderse de aquel diario amanecer, hay tantas, tantas personas, tantos niños esperando entregar una flor con el cuidadoso puñito que en sus manos enseñó mamá a hacer, niños que algún día crecerán, y mi habitación tendrá arena en lugar de pétalos, algún día, cuando alguna flor se me ofrezca, las flores que vengan aquí serán... porque jamás sabré si fueron para mí.
Nací el primero de noviembre del dos mil dos, duermo en una cama de paja, con dunas a mis pies, con perfumes que desvanecen y una intención que siempre crece para florecer.
Gonzalo Ricardo Bendezú Quispe. 20 años.
Viernes 27 de Enero del 2023. 03:33pm







