Regreso a casa
Sentado en el zafu, escucho la quietud y el silencio de este momento. El ruido interno no tarda en aparecer, un pensamiento sucede a otro. Vuelvo a la respiración. Ahora es el dolor físico en la rodilla el que llama mi atención. Respiro. Pensamientos, emociones y sensaciones se suceden en el aquí y ahora. Vuelvo al instante, testigo curioso de lo que acontece…
La aceptación me ayuda a estar con la espalda recta abrazando el misterioso, cambiante e incierto aquí y ahora. A menudo surge el miedo y comúnmente rechazo adentrarme en esta experiencia. No puedo, me va a doler. Y trato de volver a un lugar conocido, seguro y donde haya algo más de certeza. El contacto real con la sensación se pierde en pos de la historia que me cuento.
Un nuevo instante se abre y observo cómo estoy tratando de controlar la experiencia con una respiración superficial y tensando la musculatura. No quiero sentir. Me resisto al contacto íntimo con la vida, conmigo mismo. Me peleo. Escapo con un relato en el que pienso que no soy capaz de hacer frente a este sentir desconocido. Ando ya lejos de lo que es. Pensamientos, ideas acerca de ello refuerzan el rechazo a esta experiencia.
Sufro, mas me cuento que estoy a salvo. Me parece que vuelvo a controlar la vida, que lo desconocido no va a acabar conmigo. Y es que abrirme al misterio sería como morir, tener que cuestionar lo que creo, abandonar la imagen que durante tanto tiempo me viene acompañando. En el fondo, lo que intuyo es un no quiero volver al dolor que sentí de niño cuando estaba abierto a sentir.
La aceptación me ayuda a respirar este momento. El instante se abre para que reconozca esta resistencia. Me encuentro con el miedo y, esta vez, decido no escapar, no huir. Dejo que el cuerpo tiemble, noto aquí y ahora el sentir. Me rindo, me dejo morir. Lleno este espacio de estar, de amor, de dignidad. No lucho contra él, no lo juzgo ni trato de librarme de él. Ya no tengo que reprimir su existencia sino que me abro a él, a la verdad que hace latir de nuevo mi corazón, que posibilita que acoja con amor la herida que me ha tenido tan asustado.
Quizá este instante sea para ti un momento donde abrir tus brazos y acoger lo que llevas tanto tiempo rechazando. Respira y dale espacio a todo esto incómodo y desagradable, elige quedarte ahí, reconociendo por primera vez esto que ocurre. Trata de ser amable con lo que ahora se manifiesta. Abandona toda idea sobre ello y explora lo que es en este preciso momento. Permite que te duela, déjate estar en contacto con lo que sucede. Sigue contigo, en este encuentro íntimo con tu verdad.
Si estás en guerra contigo mismo, reconócela y trata de estar ahí, en contacto. No huyas buscando un estado mejor. Quédate contigo y abraza esta lucha. Despierta tus sentidos, abre tu corazón a este instante para que la verdad te sea revelada. En el fondo de ti, está el niño/a que fue rechazado, esperando que acojas todas las experiencias de las que te separaste para sobrevivir.
Quizá haya espacio ahora para reconocer el fracaso y el miedo, para sentir tu debilidad y tu tristeza. Quizá te des permiso para notar la ira y el aburrimiento. Quizá ahora puedas dejar de negarlos y admitir su existencia. La vida en todas sus formas llama a la puerta para que no te limites a una imagen parcial de ti mismo. Escucha su pulso y abraza lo que quedó enterrado. Deja que entre la luz, respira.
Quizá no sea necesario que te sigas defendiendo, abandona cualquier propósito que no sea estar aquí y ahora. Suelta tu historia por un momento y encuéntrate contigo, siéntete y nota la libertad al no reprimir nada de lo que ahora se manifiesta. Observa el continuo movimiento de la vida. Respira.
Sigue con la espalda recta cuando aparezcan los juicios, no soy capaz, no voy a poder, me voy a morir, quiero escapar; y confía, ten fe, respira y acógelos, reconócete espacio para esto también. No huyas, no te defiendas. Deja que tu corazón respire, tú eres este hogar que estás buscando. Siéntete vivo, en contacto, ahí reside tu fuerza.
Llegaste a casa, no necesitas seguir escapando. Estar en ti, con todas estas sensaciones que surgen. Y reconocer en ti el amor que lo abraza todo, que lo permite todo.







