En el catálogo de humanos llamado Tinder, donde las miradas se deslizan por perfiles pixelados como si de pedazos de carne se trataran, sus destinos se entretejieron después de un "match". Él, un soñador con los dedos danzando sobre las teclas, y ella, una aventurera tejida con palabras elegantes, surgieron de la nada en medio del catálogo de humanos.
La pantalla les unió como un juego de palabras ingeniosamente escrito, como una metáfora que apuntaba directamente a sus corazones curiosos. A través de líneas y píxeles, compartieron risas y secretos, creando una narrativa de romance virtual digna de al menos una página en Wattpad, llena de símbolos y signos. Sus palabras eran hipérboles de esperanza, anhelo y curiosidad.
En ese laberinto de códigos y avatares, sus conversaciones florecieron como metáforas en pleno verano. Las retóricas y los guiños se convirtieron en el viento que movía las hojas de su historia. A lo largo de los días, compartieron fragmentos de sus vidas, construyendo un vínculo en las esquinas digitales de la red.
Y así, en medio de las emoticones y los stickers, decidieron llevar su historia más allá del brillo de las pantallas. Se encontraron en el mundo tangible; en el mundo real, donde las metáforas dejaron espacio a los silencios y las pausas, y los "me gusta" y "matches" fueron reemplazados por la realidad de las sonrisas y las miradas furtivas.
Era como si hubieran desentrañado el enigma del "catálogo humano" que los unió en primer lugar. Descubrieron que las palabras escritas no eran más que símbolos imperfectos de lo que yacía en sus corazones. La realidad a menudo supera la retórica elaborada, y en sus encuentros y despedidas, encontraron la belleza en lo auténtico y lo genuino.
El "match" que los atrajo al principio se convirtió en el prólogo de su historia, un preludio de emociones entrelazadas y momentos compartidos. Aprendieron que detrás de cada perfil hay un ser humano con su propia historia, sus altibajos, sus sueños y anhelos. Y mientras avanzaban por los capítulos de su historia, comprendieron que las conexiones reales van más allá de las palabras atractivas, y encuentran su esencia en la vulnerabilidad y la autenticidad compartida en la vida real.
Don Ggatto













