Cartas para olvidarte CCXXXIX
Sin muerte
Remuéveme; desde el exterior, porque todo el mundo se cae a pedazos, tantos como yo. Sintiendo como todo se mueve por dentro, se desmorona en el intento, cuando mis manos son delgadas para sostenerte.
Ahógame, perdido entre la penumbra del misterio inmenso, infinito del horizonte cristalino como el reflejo azul; sereno, rompiendo dentro de mí y lo siento venir entre los dos, apagándose, sumergiéndose en lo profundo y reviviendo entre los labios, del cabello rizado, de los miles de momentos desesperados al amanecer.
Sóplame fuerte la cara, como las plumas que van cayendo pausadas sobre mi pecho, que el viento se lo lleve todo como tierra vuelta al suelo, ceniza al fuego y naufrago de ti.











