Luego de dejar su maleta en la habitación que compartiría con Wesley y Regan, salió a recorrer el hotel. Pasó por todos los lugares y hasta algún que otro escondite secreto hasta que llegó a la gran recepción. Rápido, se vio tentado por todas las maldades que podría hacer allí. Le echó un vistazo al escritorio del recepcionista y este no se hallaba, así que se escurrió hasta detrás de la mesa, tomó un trozo de papel de una agenda que había en una gaveta y escribió “Dominick” en él con un bolígrafo azul. Luego, se lo pegó en el pecho, del lado izquierdo con cinta adhesiva. Nadie había visto como él había ocupado el lugar del antiguo recepcionista, todos estaban ocupados en sus cosas. Tomó un libro de turismo que estaba bajo la mesa y simuló que lo leía en cuanto notó que una mujer se le acercaba. Levantó la vista y puso una sonrisa totalmente inocente.—¿En qué la puedo ayudar?— musitó. La mujer de mediana edad le preguntó cuál era su habitación y Sid, en consecuencia, le dio unas llaves cualquiera y le guiñó el ojo, a lo que la mujer se sonrojó y tocó su mano con picardía. Así fue con alrededor de dos personas más hasta que vio a lo lejos al anterior recepcionista acercándose con cara de mil demonios. Abrió los ojos como platos y salió corriendo, mientras escuchaba como el hombre llamaba a gritos a la seguridad. Sid corrió por su vida, riendo a carcajadas, a la vista de todos los turistas. Subió las escaleras a donde se encontraban las habitaciones y se metió en la primera que encontró.














