Entre el “rizoma” de Deleuze y Guattari y los principios metodológicos en El orden del discurso de Foucault. Yhonaís Lemus
📷 Carlos Garaicoa. Deleuze & Guattari fixing the Rhizome, 2015 - París.
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Desde el punto de vista literario los teóricos Deleuze y Guattari abren la perspectiva de la producción escrita estableciendo consideraciones contrarías a las freudianas, estos filósofos franceses son de la idea de que el deseo se instaura como una fuga creativa y positiva de cosas que se pueden hacer o decir. Si bien el psicoanálisis se caracteriza por sus máximas de negativas y carencias donde los traumas y las representaciones internas juegan un papel fundamental, Deleuze y Guattari, por su parte, desarrollan una postura que permite el despliegue literario más allá de consideraciones interpretativas.
Los autores proponen un pensamiento rizomático, es decir horizontal, contrario al pensamiento occidental que se establece a través de jerarquía caracterizado por un modelo arbóreo. El “rizoma” es, por tanto, considerado como un espacio de relaciones donde no hay jerarquía, pues se nos presenta como una madriguera donde todo tiene el mismo peso simbólico, se trata éste de un modelo de pensamiento que se aleja de formas interpretativas, no obstante permite vislumbrar el hecho fenomenológico, a través de lo que los autores llaman línea de fuga.
La línea de fuga no es otra cosa que elementos que chocan con la armonía, se pude decir, de la estructura rizomática. Ejemplo de ello es cuando Gregorio Samsa, personaje principal de La Metamorfosis de Kafka, se convierte en una cucaracha, la línea de fuga aquí no es exactamente la transformación de Gregorio en una cucaracha, sino más bien es la repuesta de la familia que se adapta, más allá de las complicaciones básica, a esta transformación. Esta línea de fuga se asume como un enrarecimiento discursivo en el que se puede presenciar el principio de trastocamiento o de inversión, postulado por Foucault para abordar el discurso, considerando éste como dinámico y múltiple, alejándose de esta manera de las instancias positivas como las del autor, la disciplina, la voluntad de verdad, asumiendo, así, el juego negativo de un corte y de un enrarecimiento como instancias creadoras. La línea de fuga, así como el principio de trastocamiento atacan el control discursivo rompiendo con la coherencia para decir de otra manera.
La máquina es otro concepto desarrollado por Deleuze y Guattari que choca con la visión filosófica del pensamiento, se cree aquí que el sujeto, el lector, no es un ente aislado pues éste se enchufa a la máquina del escritor construyendo una sola cosa que carece de sentido. Es así como la línea de fuga forma parte de la máquina asumida más como un proceso que como un contenido, manera que sirve para escapar del campo de opresión. Esta consideración la podemos asociar con el principio de especificidad que sugiere Foucault, donde se supone al discurso como una violencia que hacemos a las cosas, como prácticas que les imponemos y donde el discurso encuentra el principio de su regularidad a la originalidad y a la condición de posibilidades y, por último, a la significación.
Volverse animal es otra característica que asoma el “rizoma”, se trata esta noción de una línea de fuga que atiende a lo humano, cuestionando la coherencia y el orden discursivo. Noción que no se interpreta pues consta de una intensidad que la hace valerse por sí misma, de modo que sólo se puede apreciar el absurdo a través del experimento, ya que dicho absurdo rompe con la lógica porque sale del orden humano. De esta manera, se torna la línea de fuga en una positividad que no permite un sentido interpretativo aunque rompe con la coherencia para no instaurar otra coherencia. Esta máxima se aproxima al principio metodológico de exterioridad, propuesto por Foucault, donde se propone no ir hacia un pensamiento que se manifieste en el interior del discurso sino que parta de sus condiciones externas de posibilidad y hacia la serie aleatoria de esos acontecimientos.
Deleuze y Guattari hacen especial énfasis en la literatura menor, considerando ésta como la producción escrita de pequeños grupos que presenta singularidades que la definen. Ahora bien, esta literatura menor se determina por varios aspectos: posee una lengua en desterritorialización que no funciona como un lenguaje convencional, además, propone valor colectivo desde un punto de vista personal; por tanto, su aporte será político porque establece otra forma de pensar y, de este modo, será la suya una literatura más revolucionaria ya que contesta a la literatura mayor. Cabe señalar que esta literatura se abre espacio haciendo cosas distantitas a la literatura dominante, de allí su valoración. Esta manera de hacer literatura se libera de los controles del discurso a través de su singularidad, que la hace única, asociamos esta consideración con el principio de discontinuidad de Foucault donde se considera que el discurso debe tratarse como prácticas que se yuxtaponen, que se cruzan, pues no existe un gran discurso que los comprenden, más bien una variedad discursiva que también puede ignorarse o excluirse.
Asumamos, pues, el hecho literario no desde su interpretación sino como un hecho de enrarecimiento que debe su encanto a la línea de fuga que establece una falta de coherencia que no debe de incomodarnos, más bien debemos disfrutarla porque es una manera de salir de los discursos de poder y de opresión.
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© Yhonais Lemus.
Es poeta, ensayista e investigadora venezolana (1988). Docente de Castellano, Literatura y Latín, a nivel terciario y secundario, por la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Cursó una Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar, institución de la que ha sido parte del equipo docente. Es miembro del Centro de Investigaciones Críticas y Socioculturales de la USB con el grupo formas profanas. Cursa una maestría en Análisis Discurso en la Universidad de Buenos Aires.













