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♪ Del norte venía pa’l centro
bailando de esquina a esquina.
La Virgen de mis Remedios...
morena de piel guajira. ♪

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♪ Del norte venía pa’l centro
bailando de esquina a esquina.
La Virgen de mis Remedios...
morena de piel guajira. ♪
“Ay Marie,
por la Virgen de Lourdes, no quieras de nuevo olvidarte de mi”
El post-telúrico, o la sociedad al margen de lo institucional
Jesús Alvarado Rodríguez *
Fotografías de Anylú Hinojosa Peña y Roberto Camargo
Hace 32 años la ciudad de México fue el escenario de una de las devastaciones naturales más grandes en la historia del país, un sismo de gran fuerza echó abajo edificios, dejando a gente atrapada y centenares de víctimas fatales. Una inimaginable y horrible coincidencia azotó nuevamente a la región, junto a otros estados del país como Morelos, Puebla y Tlaxcala.
Este reciente sismo de 7.1 grados en la escala de Richter pareciera aderezar amargamente el ya de por si mal panorama con el que se ha venido lidiando últimamente. Pues apenas el pasado 8 de septiembre otro sismo causó daños materiales y pérdidas humanas de proporciones brutales en regiones de Oaxaca y Chiapas, dejando damnificadas a muchas personas. El enorme reto civil en este contexto es propicio para repensar la colectividad y la autonomía de la sociedad mexicana.
A través de las redes sociales y el uso de smarthphones, ha sido posible estar comunicado durante y después del sismo. En pocos minutos, sitios y aplicaciones como facebook, youtube y whatsapp se convirtieron en los medios más usados para confirmar el estado post-sísmico en el que cada uno se encontraba. Los videos de los cibernautas daban cuenta en pocos minutos de los terribles daños ocurridos en varias ciudades. Durante las próximas horas se desencadenó una red de comunicación histórica, la sociedad civil se mantuvo informada, entre videos, y estados en facebook la información se esparció.
A medida que los minutos transcurrían, las primeras imágenes de la devastación se viralizaron. La sociedad civil en los estados afectados estalló en muestras de solidaridad, de organización empática. Cientos de personas comenzaron a pedir a través de sus cuentas en Whatsapp, Facebook o Twitter; palas, picos, tapabocas, cubetas. Camiones de volteo y grúas de particulares llegaban a los inmuebles colapsados, se formaron cadenas humanas para mover piedras, escombro, se trataba de la vida luchando por la vida.
A unos días de la tragedia, las redes sociales continúan con la empatía a flor de piel; imágenes, videos, textos, siguen transmitiéndose desde la sociedad civil, desde el corazón de los pueblos mexicanos. Esta solidaridad que no subyace en las instituciones, viene de abajo, desde los estratos populares. Por un momento pareciera vislumbrarse una reavivada identidad nacional, que en la desgracia ha sabido desplegar las estrategias de razón o sentido común que no necesitan de instituciones para cumplir con el deseo de salvar vidas, a decir verdad, las instituciones han dejado mucho de qué hablar.
Esta red nacional de apoyo a las personas damnificadas se ha manifestado en varias entidades de la república mexicana. No hace falta mencionar que la mayor parte de donaciones provienen de la sociedad y no de las instituciones estatales, motivo por el cual muchas personas están orgullosas, animosas de encontrar un faro en medio de la tormenta. La organización nos mantendrá vivos, nos ha mantenido vivos desde hace miles de años, el compartir y luchar por las vidas en riesgo.
Ese estado de la consciencia en el que se entremezclan los instintos animales y los lazos fraternos para dar paso a lucha por la supervivencia, creando una mente empática. Sin lugar a dudas también queda lugar al coraje y la rabia, que exige respuesta inmediata y apoyo económico por parte de las instituciones estatales para la reconstrucción de las vidas trastocadas a raíz del sismo. La sociedad organizada promete seguir viralizando mediante el uso de las redes sociales las muestras de corrupción y arbitrariedad en las que han incurrido distintos actores tanto mediáticos como políticos, con lo que se espera que las autoridades ayuden a optimizar las tareas de rescate y reconstrucción de los daños.
Cierro compartiendo un extracto de una de las narraciones que componen el libro “Espejos, una historia casi universal” del reconocido escritor uruguayo, Eduardo Galeano:
“¿Cómo pudimos?
Ser boca o ser bocado, cazador o cazado. Ésa era la cuestión. Merecíamos desprecio, o a lo sumo lástima. En la intemperie enemiga, nadie nos respetaba y nadie nos temía. La noche y la selva nos daban terror. Éramos los bichos más vulnerables de la zoología terrestre, cachorros inútiles, adultos poca cosa, sin garras, ni grandes colmillos, ni patas veloces, ni olfato largo. Nuestra historia primera se nos pierde en la neblina. Según parece, estábamos dedicados no más que a partir piedras y a repartir garrotazos. Pero uno bien puede preguntarse: ¿No habremos sido capaces de sobrevivir, cuando sobrevivir era imposible, porque supimos defendernos juntos y compartir la comida? Esta humanidad de ahora, esta civilización del sálvese quien pueda y cada cual a lo suyo, ¿habría durado algo más que un ratito en el mundo?”
*Jesús Alvarado Rodríguez es egresado de la licenciatura en Artes visuales por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ganador del segundo lugar del Premio Tlaxcala de Artes Visuales en la categoría de pintura. Es coordinador de la revista digital Intersticio desde 2014. Ha impartido clases de artes en nivel medio superior (2011-2013), y talleres de fotografía en comunidades rurales (2011-2017). Fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico de Tlaxcala (2014). Actualmente se dedica a la producción de obra artística, al diseño gráfico, y a la fotografía documental.
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voluntad, mente y espíritu