Estaba revisando los formularios de inscripción, últimamente había una gran afluencia de nuevos alumnos, algunos que ya recorrían los pasillos del instituto y otros que estaban en lista de espera para entrar. Normalmente el delegado se ocupaba de esa tarea, sin embargo en esos momentos estaba muy ocupado recogiendo los desperdicios del chihuahua de la directora.
–¿Pero qué tenemos aquí...?– se preguntó levantando ambas cejas al ver la foto de un perro en uno de los expedientes –Ponzoñosa... Rodolfa– leyó –. Esa chica...– pensó levantando una de las comisuras de sus labios, en una siniestra media sonrisa –Le haré una visita...
-¡Anda bebe!- exclamó echando un par de gotitas de su propia sangre con cuentagotas en el frasco donde tenía a su garrapata mascota; “Ernesto” –¡Si no comes vas a morir!– intentaba hacerlo entrar en razón hasta que alguien parado frente a ella le tapó la luz del sol –¡Comeee!– metió su dedo logrando que se prendiera de él y comenzara a beber de allí, ignorando por completo a la persona que la observaba.
–¿Una garrapata?– preguntó esa chica frente a ella, su voz pausada y tranquila denotaba cierto timbre de irritación, o tal vez fuera asco.
–¡Si, se llama Ernesto!– se puso de pie mostrándole el dedo más de cerca con esa linda y gordita garrapata prendida de él.
Dio un corto paso hacia atrás, no tenía una especial adversión hacia ninguna criatura, pero ese bicho le daba bastante asco –Me temo que si quieres continuar en este instituto tendrás que matar o en su defecto, dejar a esa cosa en el perro que la encontraste– declaró con su usual tono serio pero cordial.
–¡Eso es Ernesto... bebe bastante!– animaba a su mascota ignorando las palabras de Anne.
En vista de que la charla acerca de ese bicho era infructuosa, decidió ir al grano –Tu inscripción tiene algunas irregularidades, si no lo arreglas no podremos aceptarte en el instituto– informó.
–¡Bueno!– asintió mientras seguía pendiente de la garrapata.
Se aclaró la garganta, no se irritaría, sabía bien con quien estaba tratando –Si no te aceptamos aquí no podrás quedarte en el predio, y como tus padres no están en la ciudad deberás regresar a ese manicomio del que te escapaste tantas veces– le advirtió.
–¡Está bien!– la miró sonriéndole –Volveré a escapar.
–Lo sé... ¿Y a dónde irás entonces? Nadie querría hacerse cargo de una chica con tus graves trastornos mentales... Ni siquiera tus padres– declaró saboreando cada palabra, era tan gratificante ver la expresión de las personas cuando les hablabas de sus más profudos secretos y miedos.
–¡A mis cartones!– dijo alegremente sin una pizca de toda reacción que Anne esperara obtener.
Evidentemente esa chica no era normal, eso ya lo sabía, pero sin dudas era más anormal de lo que pensaba –¿Neurótica o psicótica?– preguntó intentando comprender un poco mejor a ese peculiar espécimen frente a ella.
–¡Ambas!– exclamó sonriendo –Y tú tienes neurósis, ¿verdad?– preguntó senalándola con el dedo.
Su rostro se trasformó, entrecerró los ojos y su sonrisa se convirtió en una mueca de desagrado –¿Por qué dices eso?– preguntó seriamente, sintiéndose de alguna forma amenazada.
–¡Tus ojos!– aseguró sin recibir respuesta –Tienes una forma de mirar muy parecida a la de algunos de mis compañeros del psiquiátrico.
–¡La mente es extremadamente compleja, los ojos o una mirada no pueden nunca reflejar lo que hay dentro!– no solía alterarse con facilidad, pero escuchar en esa chica las mismas palabras que le dijo aquel psiquiatra cuando tenía doce años, la sacó de sus cabales. Por fortuna esos estúpidos medicamentos se perdieron “accidentalmente” camino a casa, y ese psiquiatra desapareció misteriosamente semanas más tarde.
Asintió enérgicamente –Pero reflejan lo que falta– aseguró sonriendo –¡Ese perro tiene la cola peluda!– exclamó antes de correr tras un perro que olía los tachos de basura a unos metros de ellas, aún con Ernesto bebiendo felizmente su sangre.
Se quedó respirando hondo con sus dientes apretados –¿Me falta algo?– murmuró –¡¿Me falta algo?!– preguntó furiosa con sus ojos clavados en la estúpida loquita que en estos momentos peleaba encarnizadamente con el perro callejero por un trozo de pizza llena de hongos y media mordida –Yo soy perfecta...– masculló entre dientes –¡PERFECTA!– exclamó antes de darse la vuelta y marcharse a su habitación a actualizar su lista negra.
Rodolfa:
Niña estúpida que está completamente loca, su familia no la quiere y la abandonaron en el instituto para quitársela de encima. Habla demasiado, se dispersa con facilidad, sufre de graves trastornos neuróticos y psicóticos.
Actitud: Estúpida, alegre, eufórica.
Puntos débiles:Nadie vela por su seguridad, es fácilmente manipulable.
Dificultad: No estoy segura, parece que esa cosa tiene cerebro.