Gregorio Samsa somos todos
Kafka era un profeta, Gregorio Samsa somos todos, cucarachas de 80 kilos en adelante; aquí nomas vecino, asoleo mi caparazón ¡Qué antenas, mamasota!
Allá afuera o arriba como zopilote o tiburón, ronda el mundo, no le importa mi cucaracheo, mi insectoide realidad.
Las cosas, sobretodo en la tele son cada vez más cómodas, ergonómicas e higiénicas o sea que cada vez más lejos de mí, incómodo, económico y mugroso.
Hasta que un día pierda en esta gran lotería cósmica y un zapatazo me convierta en daño colateral en el progreso de la industria automotriz y de los que construyen carreteras y gasolinerias y estacionamientos y lavacoches y talleres mecánicos y fabricantes de llantas y petroleros y accionistas de la industria metalúrgica y compañías aéreas y agencias de viajes y hasta cementerios; que funcionan gracias a que la manada cada mañana sube a su auto y fluye por las arterias viales y se mueve la economía comiendo gasolina.
Y no se va a detener, por más gente que se arroje a las ruedas, por más crucecitas que se planten en la avenida, claro que no, porque allá vas tú mientras, brinco y brinco, y sin tener claro muy bien cómo o porqué, de pronto gastas más y de algún lado aparece más dinero ¡Nunca suficiente!
Quién sabe cómo pero las deudas crecen ¡Nunca habías debido tanto dinero! Pero eso sí, quien nada debe, nada tiene, y tú vives mejor; tele mas grande, celular mas chico, mejor que todos esos fundamentalistas idiotas que dijeron que no y se quedaron a la sombra de un arbol a contar hormigas, a soñar con irse, a preguntarse pendejadas como "¿qué es la velocidad?"
Y que por ahí siguen esperando estúpidamente a que algo cambie.