Hoy empecé a despedirme conscientemente de este mar. Un mar en el cual aunque no aprendí a surfear, saló varios de mis miedos hasta secarlos y me enseñó a callar para disfrutar como nunca el sonido de sus olas al romper sobretodo contra las rocas. Y aunque sé que no se va, que soy yo quien tiene que continuar, me llevo arena entre los dedos y unas conchitas para mamá. Gracias por tanta brisa, por tanta calma en mi propio mar.
No te dejo, pero me tengo que ir -de nuevo-, hasta luego.
- Erika Boté











