Un nuevo día,
levanto mi cuerpo y se recuestan mis ánimos,
no ordeno mis sábanas,
mi ropa está tirada por toda la habitación,
un sorbo de agua me despeja el pecho,
mi corazón sigue turbio.
Hoy es sábado,
se me fue otra semana y nada ocurrió,
otro mes que me paso de largo
y no llego caminando a ninguna parte.
Otro año que no ocurre nada, cada vez más,
y cada vez con menos,
soy cada vez más yo,
y solo yo soy lo que me queda.
La cocina se ve bien,
su suelo me sostiene aún más pesado,
los filos se ven a la distancia sobre la mesa,
sobre mi mano,
sobre mi pecho.
Sostengo el filo sobre mi muñeca,
qué alivio se siente en la presión,
como un viaje nuevo que se emprende de niño.
Bailotea el filo sobre los hilos que sostienen mi vida,
cada vez presiono más, cada vez duele menos.
¿Dónde estás?
¿Recuerdas que fuimos amigos?
¿Recuerdas que reímos juntos?
¿Dónde estás?
No puedo despedirme de ti,
no estás.
¿Te suena mi nombre?
Quizá me recuerdes cuando me olvides,
quizás al dormir pueda despertarte.
Me dejaste solo,
me abandonaste,
te busqué y me dejaste.
Convertiste mis palabras en tu silencio,
me dejaste solo, y tú en compañía.
Y la hoja hundida sobre mi antebrazo,
corre mi vida hacia el suelo.
Ya no duele, ya no duele nada,
nada hay, y nada queda.
Se ve borroso todo, oscurece mi alrededor,
es de día pero quiero dormir,
no me duele pero quiero llorar.
¿Dónde estás?
Éramos amigos,
el otro día intenté saludarte,
me ignoraste.
Ibas feliz con tu nuevo presente,
yo soy parte de tu pasado,
mis palabras convertiste en tu silencio.
Respirar es difícil,
mis ojos caen por su peso,
ya no puedo sostener el filo,
ya no puedo sostener nada.
Me dejaron solo,
me botaron a la vereda y pisaron sobre mí,
miraron de reojo y nunca se detuvieron,
grité y nunca me miraron.
Me dejaron solo,
y sin pulmones terminé gritando por ayuda,
mi vida no era nada,
nada quedaba.
Grité y mi voz se marchitó,
y no volteaste,
mis palabras convertiste en silencio.
Cierro mis ojos,
ya no duele,
no sostengo nada,
ya no puedo gritar.