OBITUARIO A BOWIE
No descubrí sola a Bowie. Recuerdo que en época adolescencia, cuando bajaba música de torrents, me topé con el disco de Space Oddity. Y aunque me parecía muy complejo, me gustaba repetirlo porque me viajaba. Años después me acompañaron Heroes, Low y Let’s Dance en esa etapa donde la soledad es muy cabrona y solo la música nos acompaña. Pero pasaron años hasta que gracias al Rock Sin Anestesia aprendí a escucharlo. Entre Jesuchicles y Resistol, no faltaba el J con sus rolas Bowie. Y hasta llegué a pronunciar mal su apellido al aire. Aunque nunca escuché toda su discografía, solo los hits y algunos 10 álbumes completos de los 25 que produjo. Justo el sábado escuchaba Blackstar y a primera escucha se me hacia un disco muy oscuro con ese toque enigmático como si tuviera algún mensaje escondido. Qué admirable que entre esa batalla contra el cancer este héroe nunca dejo de chambear en lo que siempre creyó: la música. Y hoy entre tanto bombardeo de Bowie en el news feed, prefiero escuchar los únicos LPs que salvé de alguna tienda de segunda mano: Changes y Let’s Dance. Y justo a días de su renacimiento número 69, Bowie cierra su ciclo en la tierra y comienza uno en el universo. No hay tristeza, qué sabemos nosotros de tristeza si no conocimos sus batallas que afrontó en estos últimos días. Gracias Bowie por hacerme entender la música desde otro horizonte. Me queda el recuerdo de esta fotografía tomada en en la expo David Bowie Is del MCA Chicago. Chao David Bowie.











