Un pastel recién horneado.
Yo sabía perfectamente que ésto no iba a funcionar. Él era un estúpido con sus reglas tontas que no aceptaba cambiar de parecer ni un solo momento para tomar en cuenta mis pensamientos u opiniones, y yo era más terco que la vida misma.
La primera vez que me vió pensó que yo era un estúpido chico con amnesia o algo por el estilo, y mediante golpes lo puse en su lugar... o planeé ponerlo en su lugar, realmente no funcionó bien para mi, a decir verdad, era bastante difícil lidiar con su tamaño, el muy maldito rozaba los 1,90 y me molestaba bastante verlo hacia arriba, quería romperle las piernas para poder verle a la cara por una vez en la vida. Él alegaba el haber vivido bastante como para disfrutar de las alturas.
Yo simplemente lo pateaba cada que podía.
Una de las cosas que más me fastidiaba era ver su sonrisa nada más llegar a su casa, era un imbécil que amaba cocinar por sobre todas las cosas y cuando yo trataba de hacer un postre él siempre estaba ahí.
"Lo estás haciendo mal otra vez, tienes que batirlo con más fuerza o no tomará forma al final..." me reprendía mientras se acercaba a ver desde atrás lo que estaba haciendo, yo simplemente le gruñía para dejarlo fuera de ese asunto y continuar con lo mío tranquilamente.
Oskar daba vueltas alrededor de la cocina solo para ver que hiciera las cosas bien y mientras daba vueltas se comía algo: ya fuese una manzana o una taza de café, él siempre estaba consumiendo algo mientras me vigilaba. A veces sospechaba que tenía la costumbre de comer algo siempre que estaba en la cocina, y un día de esos, mientras esperábamos que el pastel se horneara en su horno, se lo pregunté.
-- ¿Por qué siempre tienes algo en la maldita boca? -- Como siempre había olvidado lo que eran los modales a su lado, siempre lo olvidaba, pero eso no cambiaba el hecho que debía responder mi pregunta sin reproches.
"¿Cómo te caben tantas groserías en esa boca tan fea que tienes? Simplemente me gusta comer." Aclaró mientras echaba hacia atrás sus cabellos de un pelirrojo quemado, casi llegando a lo oscuro de la sangre seca. "Una chica que conocí amaba comer. Un día ella cayó enferma y no volvió a probar mi comida. Estuvo enferma durante dos años y se lamentaba por no poder siquiera mirarme a los ojos solo porque no podía comer. Supongo que ahora como por ella. Fue mi primer amor." Y ahora sonaba como un maldito anciano decrépito y frustrado por su primer amor.
A mi poco me importaba, ese imbécil o cualquier otro, todos eran iguales para mi, todos podían traicionarme apenas volteara la mirada a cualquier lugar.
-- Suenas a un viejo cascarrabias que perdió a su primer amor sin haberle dicho que le amabas.--
Y nuevamente él revolvió mis cabellos y gruñendo, como lo había aprendido de mi al parecer, me dijo muy castrado.
"Lo que digas, niño mimado, pero es cierto que jamás le dije que la amaba. Y esa maldita mujer se fue al infierno sin saber que estaba enamorado de ella y ahora reencarnó y fue comida por su estúpido hermano hambriento ¿ironía? No lo creo. Tu antepasado tenía esa maldita cara, que lástima que no lo viste, era como un perro asustado, todo diferente a ti. Me hubiese gustado encontrarte cuando aún eras un crío y no podías matar a tu hermana..."
Pese a sus palabras él no trataba de herirme, simplemente se culpaba a sí mismo por no haberme buscado con mas ahínco.
El pastel salió y al sacarlo comencé a decorarlo como Yuuto me había indicado antes, pero Oskar parecía tener otros planes y a cada paso que daba él había lanzado ya tres ordenes más.
-- Ahhh, joder así no puedo trabajar. ¿Puedes callarte? --
Y mientras más gruñíamos y peleábamos más nos divertíamos al parecer pues él se echaba a reír con mis ocurrencias y yo simplemente bufaba con las tonterías que me decía.
Por primera vez en mucho tiempo pensé que así se sentiría tener un padre, o en dado caso, un hermano mayor.