Si, soy de esa clase de persona rara que no tuvo una infancia de verano azul. No aprendí a montar en bici, me quedé en la fase de 1 ruedín y avanzar con la bicicleta mas volcada que las motos de carrera al dar las curvas. No se que pasó después, sobre todo porque mi hermana, tan solo un año mayor, sí aprendió y mis padres no asumen responsabilidades...mmm... Misterios del universo.
A pesar de lo que mucha gente piensa fuí una niña feliz, aprendí a patinar y fué mi medio de transporte incluso en Amsterdam, donde la gente va hasta el baño sobre dos ruedas. Pues yo con 6.
No me considero una persona torpe, soy monitora de pilates, conozco el cuerpo, me gusta el deporte, se escalar, he aprendido algo de surf y tengo buen equilibrio... Y no es que no lo intentara veces, ¡si hasta tenía una! Pero me parecía un mundo, me daba vergüenza no saber hacer algo que "todo el mundo" manejaba a la perfección, y sumándole que no me transmitía suficiente valor... no había manera de conseguir alcanzar esa conexión con el pedaleo.
Mucha gente se prestó amablemente a enseñarme pero veréis, ¿habéis intentado alguna vez explicar algo tan básico como andar o correr por ejemplo? ¿Algo que ni si quiera recordáis cómo lo aprendisteis? Pues imaginaos por otro lado tratando de entenderlo, de integrarlo mientras te dicen:
"¡si es muy fácil! Tu mira al frente mientras pedaleas e intenta girar con el
cuerpo en lugar de con el manillar"
Eh...¿Fácil? Y una mierda, ¿cómo quieres que gire con el cuerpo si lo siento más tieso que la corte inglesa y tengo los dedos sangrando de agarrarme al manillar para mantener quieto al condenado y poder dejar de hacer zigzag en la carretera?
¡Para mi era imposible!
La reciente mudanza a Gijón, con sus anchas aceras, escasez de tráfico, acogedora bicicultura y facilitador (aunque estrechísimo para mí) carril bici me hizo intentarlo otra vez... y hace poco en una de las "sesiones de entrenamiento" con mi chico-paciente vi algo que me dejó alucinada, de repente pasó una mujer con su bici al lado mío y pude ver cómo se soltaba de una mano y se colocaba un mechón de pelo detrás de la oreja, ¡sin tambalearse!
Yo tenía que hacer eso.
Con el tiempo e insistencia fuí mejorando, dejé de partirme las uñas en el manillar y aprendí a relajar el cuerpo, lo que curiosamente me permitía ir en linea (casi) recta. Logré coger confianza para circular en distancias cortas entre carreteras de poco tráfico y carriles bicis y el día que me solté de una mano para señalizar un giro... me pegué la hostia del siglo. Cómo duelen las caídas cuando eres mayor...
Pero seguí practicando, sin miedo, pero con algo más de prudencia, y el otro día hice mis primeros 17 km de ruta verde en bicicleta. La sensación de gozo era tan intensa como indescriptible por la acción en sí y especialmente por el orgullo de haber llegado hasta ahí, a los 28.
Mi conclusión es que si ha sido ahora cuando he aprendido a montar en bici ha sido porque creí en eso que quería lograr, e inmediatamente eso me dio valor para conseguirlo, podría haber sido a los 6 o a los 16 pero entonces aprenderlo carecía de interés alguno, por lo que cada esfuerzo era totalmente en vano. Si no crees fervientemente en algo, si no te sale de dentro, déjalo, pero si eso que vas a hacer te importa de verdad, por loco que sea, hazlo ya. Si crees, tirará de ti como un imán hasta que lo consigas.
Si eres de esos a los que no le quitaron los ruedines, la buena noticia es que no será la edad lo que te condicione aprender, será tu actitud frente a ello lo que hará que un día te veas guardando el equilibrio mientras pedaleas... y te recoges el pelo.