Señora: - Total, pues yo le dije, mira eso no es así ¿Y sabes qué me contesto?... ¡Que no! Que yo no tenía razón, que ella lo hacía asao y no sé qué de unas armóndigas...
Señora: - Y yo venga, que no, que pa'cá, que pa'llá, y dale y sigue. Pero mira ¡qué pesá! que no dejaba de largar y la otra asomá en la ventana y yo con la tortilla en el fuego, pero venga a rajar, y seguía hablando.
Señora: - Y la tenías que ver con los rulos puestoh, parecía yo qué sé, ¡un cactus redondo!, que yo creía que las marujas no se ponían esas cosas que sólo salían así en la tele, pero ya de que me fijé en la bata rosa...
Señora: - Uiiii, sí, ¡Rosa!, muy hortera, con flores, ribetes y demás ornamentaciones, y contándome no sé qué de su hija que bla bla bla, que muy buena, y la de abajo... anda que la de abajo...
Yo: - ¿Qué pasa con la de abajo?
Señora: - Pues por lo visto es mu guarra... y toas las cosas que se caen no las devuelve, que unas toallas, y esto y lo otro... ¡Un horror! Y yo pensando... ¿Cuándo se callará? Que no le dará ni tiempo de respirar y que seguía hablando cuando ¡PUM! de pronto veo sobresalir por encima de mi cabeza un humillo negro y ya me empieza a dar en la narí el olorcillo a quemao...
Señora: - y lo que te digo, me doy la vuelta, y veo la tortilla de papas echando fuegos artificiales, un fuegoooo.... Y eso venga a arder, y yo dando voces y mi marío ¡en el trabajo! y la de enfrente corriendo a llamá a los bomberos y yo que no sabía qué hacé que se me pasaron mil cosas por la cabeza y ni corta ni perezosa cogí la sartén por el mango y la aparté del fuego, ¡y lo apagué!... Que se me quedó la cocina... ¡Ay! ¡Qué disgusto más grande! ¡Qué pena de hornillos! Que voy a tener que comprar hornillos nuevos que esos ya no valen pa ná... Pero bueno, por donde iba, que al final ni tortillas de papas ni ná, congelao al microondas porque había hambre y cualquiera aguanta a comprar los hornillos nuevos ¿no niña?
Señora: - ¡Ah! Y a esto que llegan los bomberos y a mí que me sabía mu mal que hubieran venío pa ná pues los invité a una cañita, pero que no querían porque estaban de servicio, y mira, eso que me ahorré porque eran muchos... ¡Pero mu guapos tós, eso sí! Y a la de enfrente, la de la ventana...
Señora: - que ná, que le había faltao tiempo pa contárselo a tós los del bloque, la frutería, la pescadería, y mercado incluídos, que no habían pasao ni tres minutos y ya tenía a mi marío llamando que le había llegao la noticia antes que a los bomberos y que saliera tól humo por la ventana...
Yo: - Perdón, pero me tengo que ir..
Señora: - ¡Sí, hija, sí! Encantá de conocerte, ya sabes, pa' lo que quieras aquí me tienes
Yo: - Vale, muchas gracias... Pero... Esto... ¿me puede dar otra vez fuego? Es que hace más de media hora que ya me acabé el cigarro por el que se lo había pedido...