Mi abuela y mi madre me enseñaron a escuchar el mar colocando una caracola sobre mi oreja. Una caracola te permite oír el mar aunque la costa más cercana esté a miles de kilómetros de distancia. Como en los mejores cuentos, eso es verdad y también es mentira: el sonido arremolinado que oyes en el interior de la caracola es un eco de la circulación de la sangre en la cabeza. El sonido del mar no es más que el sonido del agua y de la sal que se desplaza por nuestro interior y, cuando escuchamos el eco de nuestro cuerpo con la ayuda de una concha, oímos una canción que está hecha de salmuera.
Sal en la lengua. Las mujeres y el mar
Charlotte Runcie
















