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— Weona, qué brutal...
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— Weona, qué brutal...
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— Ahm... B-buenos días... — Su saludo se asomó con cierto temblorcillo en sus labios, y es que por muchas pijamadas que hubiesen compartido juntos, aún le descolocaba - y le causaba cierto nerviosismo, el despertar tan cerca de la suave expresión ajena al dormir. — Este... ¿Dormiste bien?
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— Hace un tiempo estuve por aquí y encontré un lugar que seguro te gustará. ¿Quieres ir a conocerlo? — No era tan solo el que fuese Symond el que tomaba la iniciativa lo que hiciera de esa invitación algo peculiar, sino también el hecho que se hallaban en medio de la noche y no habían demasiados lugares singulares que visitar en medio del bosque.
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— ¿JaeHee? ¿Estás despierto? — En el tono de voz más bajo con que podía hablar, SeokKyu entró a la habitación ajena sin siquiera avisar antes; no había necesidad de aquello. Siendo casi medianoche y estando todo el mundo descansando después de un arduo día, había que ser discretos para no levantar sospecha y poder escabullirse sin problema a la cuidad; no por ser pilotos debían resignarse a no tener un rato de esparcimiento como cualquier joven de su edad.
— Ya están todos dormidos, podemos salir. — Volvió a llamarle, picando su hombro con insistencia.
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— ... ¿Ukyo? ¿Qué hora es? — Algo adormilado, siquiera recordaba el momento exacto en el que terminó quedándose dormido mientras ambos veían series; tan solo atinó a restregarse los ojos mientras observaba a la figura recostada sobre su pecho. De lo que no se percató, eso si, fue que su acompañante también se había dormido allí consigo, acostado sobre su propio cuerpo mientras el mayor le abrazaba cálidamente.
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— Anda a dejar esta weá allá, weón...
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— Así que... ¿Qué podría hacer ahora que tengo tiempo libre? — No recordaba la última vez en la que se halló sin ningún quehacer que completar; y ahora con Jan ocupado en sus juegos y su trabajo en la librería listo, no tenía ni la menor idea sobre cómo administrar las horas de ocio con las que contaba.
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— Lo siento si hace algo de frío, no he tenido tiempo de arreglar la calefacción. — Sabía que Ukyo no era de tolerar las bajas temperaturas, y que por eso solía pasar más tiempo en el hogar del mayor buscando un poquito de ese calor que tanto le gustaba. Mas para remediar el desperfecto, el pelinegro le recibió con una taza de chocolate caliente para luego acomodarse en el sillón y cubrirle con la manta más acolchada que encontró; el más joven era su invitado especial y por ello quería darle la mejor de las bienvenidas ahora que por fin pasaban una tarde más juntos.
— Espero que esto lo compense. — Sin decir más, besó los labios ajenos con ternura para después reír suavecito al notar lo bien que sabían junto con el chocolate.