Santa Germana Cousin 15 de junio
Patrona de los enfermos, los débiles, las víctimas de abusos, los pastores y los abandonados.
Hija del alcalde de Pibrac, nació en Francia, en el s XVI, con una deformación en una mano, inutilizada y más pequeña, y sufriendo escrófula, una infección en los ganglios del cuello. A pesar de ello creció feliz hasta que murió su madre. Su padre volvió a casarse con una mujer que la maltrató y la empleó para servir y cuidar de los animales. Le tenía incluso prohibido que se acercara a sus hijos, por si les contagiaba alguno de sus males. Cuando Germana cumplió 9 años la mandaba lejos con el rebaño, al monte, y de noche la obligaba dormir en el establo. Allí Germana se dedicaba a rezar. Decían que esto mantenía intacto al rebaño, pese a tantos lobos por la zona. Los domingos acudía sola a la iglesia. Clavaba su huso en el suelo y las ovejas se reunían y se quedaban quietas hasta su vuelta. En misa se burlaban por su deformidad e introversión, pero pronto se percataron de cierta divinidad. Un domingo el río se desbordó. Se creyó que Germana no podría regresar a su casa, pero las aguas se abrieron frente a ella y pudo cruzarlo. Siempre compartía su escaso alimento con los pobres. La gente empezó a verla de otra forma. Incluso su padre se arrepintió del trato permitido y la invitó a volver a dormir dentro de casa, pero ella prefirió continuar junto al rebaño. Con solo 22 años su padre encontró una mañana su cuerpo sin vida, como dormida. Fue sepultada en la iglesia y olvidada.
43 años más tarde, al reabrir la tumba para enterrar a un familiar, se encontraron con su cuerpo incorrupto, coronado de claveles. Sus reliquias empezaron a producir milagros, como la multiplicación del pan y la harina en el convento del Buen Pastor de Bourges, la curación de raquitismo de Jacqueline Cathala o la curación de una fístula en un hueso de Felipe Lucas Cornebarrieu. O el caso de María Teresa de España, que exilada en la zona padeció un ataque de hipo que congestionó su garganta. Durmió con una medalla de la santa y despertó curada. Sus restos se profanaron en la Revolución Francesa. Cuatro revolucionarios les echaron cal. Cuentan que padecieron después los mismos males de Germana: deformación en cuello y manos y encorvamiento de espalda. Para colmo, se encomendaron a la santa y fueron sanados. De su cuerpo sí quedaron algunos huesos, hoy en la iglesia de Pibrac.









