-Iɴᴄᴏᴍᴘʟᴇᴛᴇ ᴍᴇᴍᴏʀʏ -
[20141222]
Era irritante el sonido de aquellas voces en su mente. Resultaba un cúmulo de tonos sin sentido, de crescendos poco armoniosos buscando no ser oídos por ella, pero si por los demás.
-Es la hija de los Baudelaire-
-Oh, pobre niña-
Sin embargo, la pequeña no entendía demasiado. Toda la escena le parecía demasiado irreal, es más, de repente se había visto en un lugar raro que logró leer, "Policía". No entendía mucho en ese momento, sólo que una señorita muy amable había vuelto con ella al hotel donde se hospedaban sus padres, y a los dos días, entre muchas preguntas insistentes de la infante, su abuela había aparecido. El rosto impasible de la misma no se comparaba a antes, cuando solía dar una sonrisa suave ante sus ocurrencias.
Se vio metida dentro de un vestido negro, una pequeña muñeca de ébano con una sonrisa totalmente pura, brillante, alegre. Una ironía. Luego, lo próximo que supo era que desfilaba por entre los pasillos de esa gran iglesia, donde persona conocidas y desconocidas la observaban. Estaban tristes, pero ella no entendía porqué.Eran días donde la muerte no era nada más que un simple fantasma desconocido, por ello, cuando la acercaron al ataúd, cerrado herméticamente, no entendía. Ni menos, entendía los sollozos de cuanta mujer había presente en ese velorio.
Porque un niño no entiende lo que es morir. Ni lo que es vivir. Sólo respira, hasta el último aliento que le queda, sin saber si será ese el final, siempre pensando que hay un mañana para jugar. .....
Se levantó, empapada en sudor de nuevo. Si seguían así las cosas, podría perder la cordura en cualquier momento. Deseaba que pararan. Iba a ser otra noche sin dormir, la tercera desde que había llegado. No eran muchas, pero para ella , acostumbrada a un sueño tranquilo, resultaban demasiadas. Cada parte de su cuerpo parecía buscar salir de allí , correr, querer huir. Pero su mente la traicionaba.
¿Debería ir a un psicólogo? ¿Se estaba volviendo loca? El episodio había ocurrido hace casi dieciséis años. No debería ser capaz de dejarlo seguir atormentándola. Esperaba que, donde quiera que estuvieran sus padres, tuvieran clemencia por ella y rezaran para que su mente no fuera atormentada de aquella manera. Por primera vez, tal vez en un tiempo largo, se abandonó al ritmo de un Ave María. Eso lograba que conciliara el sueño de nuevo ignorando por momentos que al regresar, cerrar los ojos, esa escena se iba a repetir una y otra vez, porque no estaba cerrado el capítulo. Sólo que ella no lo sabía, o tal vez, ni siquiera lo recordaba.











