La noche había comenzado para Alana un poco tarde, no quería ir a la bienvenida de los estudiantes, prefería ir a otro sitio que solía frecuentar donde podía relajarse y ser ella sin que nadie le estuviera tildando de lo que era. Con fastidio entro al baño y tomo una larga ducha caliente, ahora ya no tenía la excusa que siempre daba, Alan. Su enemistad con dicho colega la salvaba de asistir pues a nadie le gustaba ver las rencillas entre ellos y mucho menos que se dieran en frente de los alumnos pero ahora él ya había sido desvinculado de la institución y la advertencia del decano fue: “No puedes faltar.”
Dos horas después arribo, mensajes incontables de sus amigos retumbando su teléfono mientras ella entraba al lugar. Se encontró con algunos de sus alumnos, algunos haciendo el ridículo otros a su vera, otros con actitudes retadoras ante las cuales se rió, pues ¿acaso pensaban que podían afectarle?
Su noche mejoro notablemente cuando se encontró con Amber, obtuvo sus primeros tragos, Lo agradeció infinitamente. Comenzó a divagar por el sitió y dio con la mesa de billar, jugó, perdió y no le importo pues no había hecho ningún tipo de apuesta, el sujeto el cual dedujo era un profesor nuevo era un poco serio pero le agrado al menos no era un idiota.
Luego de eso encontró a una de sus mejores alumnas haciendo de ella un bochornoso espectáculo, podría haberla dejado así pero lo ultimo que quería era que se aprovecharan de ella por su estado. Bailo, si, bailo sola y lo disfruto hasta que trataron de propasarse y hasta se encontró quien la defendiera, se reencontro con el pequeño saltamontes y su actitud que no entendió pero solo le parecía divertido reírse de ella.
Al final termino con Langdonn bebiendo, mucho, pero fue divertido escuchar sus anectodas, pésimos chistes, pero dentro de todo una buena conversación. Su noche termino mejor de lo que había pensado y en cierto punto olvido aquel lugar al que le hubiera gustado ir.