Semblanzas: Kazuo Umezu
Un país que quería postular a su dibujante de cómics más prominente al premio Nobel, es un lugar en el que estos artistas definitivamente ocupan un puesto importante dentro de la sociedad. Algunos dibujantes japoneses rehuyen el status de celebridades, otros lo asumen de forma discreta o indiscreta, y Kazuo Umezu, pues nada, él es de los indiscretos.
Umezu no es un maestro de la figura humana y la perspectiva, como Takumi Nagayasu o Jiro Taniguchi, no tiene la agilidad y elegancia gráficas de Urasawa, y asimismo carece de la soltura de los aclamados Akira Toriyama o Rumiko Takahashi, lo que hace especial a Umezu, amén de sus excentricidades, su sueter y su casa a rayas, o sus incursiones en la música pop, es la expresividad de sus personajes, y su capacidad para fusionar, de manera limpia y precisa, las historias terroríficas con el melodrama folletinesco y la comedia. En su obra maestra, Drifting Classroom (Aulas a la deriva) lo interesante no es que una escuela de primaria viaje al futuro (el edificio completo, con todos los niños y sus maestros), a una época en que la humanidad ya no existe e incluso la morfología del planeta ha cambiado, tampoco resulta tan absurdo que en esta situación los profesores enloquezcan y sean los niños los que conserven la razón, aunque finalmente protagonicen una cruenta guerra digna de El señor de las moscas, lo realmente increíble es que el protagonista, Sho, que carga un sentimiento de culpa desolador ya que lo ultimo que hizo con su madre antes de viajar en el tiempo fue tener una grotesca pelea doméstica, pueda comunicarse con ésta a través de una inverosímil, pero inmensa, barrera del tiempo. Nacido en 1936, Umezu crecería escuchando antiguas leyendas de fantasmas y sucubos de toda especie, surgidas de la mitología popular y narradas por su padre, desde los 19 años el joven Kazuo iría plasmando estas fantasías en sus cómics, empezando por una versión bizarra y jocosa de Hansel y Gretel, The Sibling in the Forest (Mori no Kyodai), a la que seguirían incursiones en el underground de la época (el Gekiga) y más adelante los relatos de terror que lo harían famoso: Kuchi ga Mimi made Sake-ru Toki (cuando la boca llora hasta las orejas) y Hebi Shoujo (La chica serpiente).
Pero su obra más exitosa es la mencionada Drifting Classrooms, publicada entre 1972 y1976 en la Shonen Magazine. Esta extensa epopeya infantil que mezcla terror, melodrama y ciencia ficción, es comparable a la serie de TV LOST. El dibujo de Umezu es descomplicado en extremo, el acabado es ágil (y no precisamente preciosista) y los personajes están dibujados al estilo del Dick Tracy de Chester Gould o el Taxista de Marti, enfatizando en las expresiones, abusando de las líneas cinéticas y tomándose todas las licencias posibles con el dibujo del cuerpo humano. Pero todo esto no afecta la calidad del producto, Umezu solo quiere contar su historia de una manera eficaz, y vaya que lo consigue. La historia es políticamente incorrecta hasta el extremo, sumidos en la crisis y perseguidos por los profesores adultos que han enloquecido, los niños llegan a extremos de fanatismo absurdos, intentando crucificar a los que creen culpables del extraño fenómeno en el que están envueltos. Buscando evitar el caos deciden crear un gobierno, uno de ellos, el más inteligente, recomienda no incluir en el improvisado gabinete de ministros a ninguna niña, dado que “las mujeres no son capaces de pensar en gran escala, si no solo se preocupan por lo inmediato” (sic). Hay evidentemente, en el ambiente apocalíptico de Drifting Classroom, en la desoladora imagen del lugar donde estaba la escuela y ahora solo hay un muladar sin forma, una alegoría a las ciudades destruidas de Hiroshima y Nagasaki (idea que se desarrolla menos poética y más literalmente en Gen el descalzo), hay además momentos de ternura confrontados con una triste realidad: en un mundo donde no quedan seres vivos, el único enemigo real del hombre es el hombre mismo. Ya en 1982 Umezu se aventura en Watashi wa Shingo (yo soy Shingo), una obra que no es tan famosa como Drifting Classroom, pero que, a juicio del crítico Tomofusa Kure, " no es que esta obra sea una de las mejores de Kazuo Umezu, ni siquiera una de las mejores obras de terror-suspense del manga, sino que merece ser considerada una de las mejores obras del manga en general" . Y es que Watashi wa Shingo no es una obra común, es un manga extenso de más de 2000 páginas en los que se entremezclan el costumbrismo y la ciencia ficción, la historia de un niño conociendo el amor, la tecnología y la tragedia, y tal vez el juicio de Kure, quien es tal vez el estudioso más importante que tiene el manga en Japón, no es desacertado. Pero Umezu tiene otras muchas historias en las cuales destacan, Baptism, el relato de una actriz que busca prolongar su juventud perdida transplantando su cerebro al de su hija, y Oroshi, la historia de dos hermanas encerradas en una inmensa mansión donde son acosadas por el niño que da título a la historia.
Tristemente, la última obra de Kazuo Umezu no es de sus mejores, Fourteen, un relato de ciencia ficción que podría entenderse como una precuela del universo devastado de Drifting Classroom, pero la historia peca de descabellada y el dibujo decae notablemente con relación a las obras anteriores del autor. Umezu abandonaría los cómics en 1995 aquejado de una fuerte tendinitis, y se convertiría en una celebridad televisiva participando en diversos programas de variedades, sus historias han sido adaptadas al anime y a series de TV y películas de imagen real. Su excéntrica figura lo ha ayudado a seguir apareciendo constantemente en los medios desde entonces y se le considera un orgullo nacional en su natal Japón, la lectura de sus atípicos cómics es recomendada a todos los que ansíen leer un manga realmente original.













