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Flipped learning: cuestión de sentido común
Hace ya tiempo que había oído hablar de flipped classroom y que me había interesado por este concepto, si bien no de una manera sistemática y profunda. Había leído algún artículo o había visto alguna infografía, pero nunca lo había puesto en práctica en el aula. Es, por lo tanto, con este curso del INTEF con el que me aproximo de una forma más ordenada y seria a este modelo pedagógico. De todo lo que he visto, me quedo con la afirmación que Raúl Santiago hace en el vídeo “The Flipped Classroom”: decantarse por el flipped classroom y llevarlo a la práctica diaria es aplicar el sentido común.
Sentido común porque nos aprovechamos de las enormes posibilidades de la tecnología aplicada al ámbito educativo, proque nos permite gravar/ofrecer una vez los contenidos y que los alumnos puedan verlos en su casa, en su dispositivo móvil, las veces que haga falta, adecuándolo a su propio ritmo. Sentido común porque distribuye de un modo diferente a como se venía haciendo algunos aspectos del proceso de aprendizaje: en casa el alumno se enfrenta a los contenidos y a tareas sencillas y en clase realiza tareas más complejas o aclara aspectos dudosos o dificultosos con la ayuda del profesor. Sentido común porque, con este modelo, el alumno se sitúa en el foco del proceso de aprendizaje y construcción del conocimiento; el profesor, y sus clases magistrales, se sitúan en un segundo plano o directamente desaparecen. Sentido común porque, aplicando la taxonomía de Bloom, sitúa los procesos cognitivos de orden inferior (recordar, comprender, aplicar) fuera del aula, sin la ayuda o la presencia física del docente, con el apoyo de vídeos, textos, documentos multimedia...; y los procesos cognitivos de orden superior (analizar, evaluar, crear) en el aula, fomentando un ambiente de aprendizaje colaborativo y un rol docente de dinamizador de ese aprendizaje.
Es cierto que este cambio de modelo pedagógico implica un esfuerzo mayor por parte del docente: es necesaria una buena planificación previa y una organización clara de las distintas tareas que se deben realizar dentro y fuera del aula. Crear o seleccionar los materiales que explican los contenidos, organizar el grupo-clase y distribuir bien los tiempos y actividades supone, evidentemente, más trabajo que exponer la clase magistral ya preparada en cursos anteriores y repetir los mismos ejercicios curso tras curso. Y no se puede minimizar tampoco el aspecto tecnológico: no todo el profesorado se siente capacitado y seguro para usar la tecnología en su día a día.
A falta de estudios objetivos y científicos sobre la eficacia del flipped learning, debemos confiar en las opiniones y valoraciones de docentes y alumnado que ya lo han experimentado y que son, mayoritariamente, positivas.
Imagen: Claremont High School, Television in the classroom, Tasmanian Archive and Heritage Office, CC BY-NC 2.0