sms — seongmin
Reiko: ¿Hoy será el gran que me dejes conducir tu auto?
Reiko: Sé que ayer perdí la oportunidad pero... ¿vas a darme otra cierto?
Reiko: Estoy segura que me vería mucho mejor que cualquiera frente al volante

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Reiko: Estoy segura que me vería mucho mejor que cualquiera frente al volante
― space is just a word made up by someone who's afraid to get close
Participantes: Enzo Ferreira & Kim Seongmin @seongminks
Espacio temporal: Madrugada del sábado 23 de junio, entre las 03:00 y 04:00, aproximadamente.
TW: La tensión sexual aplasta, amiwos, leer bajo su propio riesgo.
Notas: Es la continuación de la conversación de estos dos que estábamos llevando previamente en el dash.
enzo: “¿Y desde cuando tienes la capacidad de preocuparte por alguien que no seas tú mismo? Porque ese sí que es un gran logro desbloqueado.” Por lo menos en lo que atañe a la imagen que el vasco guarda del surcoreano: la de alguien con innata incapacidad para utilizar a cuantas personas se le pongan en el camino con tal de llegar a su objetivo, de mantener una imagen impecable ante progenitores que le creen tan diferente de lo que en realidad es. O por lo menos así había demostrado ser en el pasado. Y se percató de que su previa oración no había sido del todo elocuente, porque el hecho de que no lo quisiera muerto no significaba que se preocupara por él, porque claro, no lo hacía. “No se trata de un escándalo, ¿quieres tan sólo relajarte un poco?” Cuestiona, palabras arrastradas por efecto de la alcoholemia. Y sí, al parecer el impulso de enviarle un mensaje al ajeno para recordarle su eterno desagrado había sido solo eso: un impulso pasajero que ahora se veía sustituido por mero desinterés de pelear, de fraguar frases hostiles que en sus cinco sentidos fácilmente fluyen cuando se encuentra en presencia contraria. Regresa su atención hacia el otro masculino, frunce el ceño ante el ofrecimiento y entonces le da la espalda, comenzando a avanzar. “Planeo caminar.” Avisa, su diestra se alza como a manera de despedida, pero entonces se gira, apenas lo suficiente como para poder volver a vislumbrar facciones ajenas mientras mantiene su caminar. “Fueron cinco minutos muy divertidos, deberíamos hacerlo más seguido.” Limpio sarcasmo fluyendo de sus fauces, apenas nublado por la risilla que suelta antes de volver a darle la espalda. No hay posibilidad alguna de que el contrario abandone ahí su vehículo para caminar a su lado, ¿cierto? Así que supone ya se libró de la compañía ajena.
seongmin: Se limita a dejar los ojos en blanco, pues no tiene intenciones de convencer al contrario de que es capaz de preocuparse de ciertas personas y tampoco puede negar sus palabras, considerando que no son ninguna mentira. Su boca se tuerce, formando una pequeña mueca mientras toma una bocanada de aire. ¿Por qué está ahí? Con cualquier otra persona, ya habría perdido la paciencia y se habría marchado de ahí en cuestión de segundos, sin embargo, sus pies parecen no querer moverse y su mirada se mantiene fija en la espalda del contrario. “¿Tienes que hacer la mierda más difícil de lo que ya es? Te ofrezco facilitarte las cosas y sigues jodiendo. ¿Qué es lo que quieres?” Espeta de repente, ojos encontrándose con los ojos ajenos por unos segundos. Se atreve a dar un paso hacia él, seguirlo como nunca ha hecho antes para coger el brazo del masculino con firmeza, deteniendo su paso y obligándolo a girarse hacia él. “¿Puedes subir al maldito coche de una vez?” No planea soltarlo, pues el agarre se hace más firme cuando su rostro se enfrenta a la mirada ajena una vez más. Aprieta los labios, mandíbula tensando mientras se niega a dar un paso más, pues lo que está haciendo esa noche ― no lo ha hecho por nadie antes. “Sé que no te agrado y sé que quizás te gustaría verme muerto, pero estás borracho, Enzo y creo que soy la única persona que puede tenderte la mano en estos momentos, ¿puedes simplemente dejarlo estar? ― hasta yo lo estoy haciendo. Lo estoy intentando, ¿no?” Está cansando de pelear, quizás es la falta de sueño o el estrés por el que está pasando últimamente, pero en esos momentos, sólo quiere estar en paz. El sarcasmo parece haberse esfumado y el veneno de su lengua es escaso, como si por un momento no fuese el mismo Seongmin de siempre.
enzo: Es forzado a detenerse. Sus labios se aprietan pero aun así el olor a alcohol parece desprenderse hasta de sus pómulos, mantiene la mirada fija en los irises ajenos, desviándola apenas unos segundos hacia el agarre del que es preso, aunque no hace ningún intento por librarse ni aminorarlo. Una risilla amarga fluye ante la cuestión que le es planteada, negando un par de veces con la cabeza antes de volver a enfocarse en el rostro ajeno. “¿De ti? No quiero nada.” La sentencia quema como hielo, es espetada en tono seco, severo. Y vale, que quizás no era consciente hasta ese momento de la magnitud del recelo guardado y hacia el de oscuras hebras, de los sentimientos negativos que se acumulaban en sus adentros y de los tantos juicios que había formulado en su contra. Y sabe que no está bien, tanto por salud mental propia, como porque jamás se ha dado la oportunidad de verdaderamente conocerlo, ¿y cómo hacerlo? Si el daño que había causado en una de sus personas más preciadas fue tangible durante bastante tiempo, si la referencia que ya tenía era tan mala. Esta preparado para contestar de mala gana, para finalmente pelear contra el agarre y continuar su camino, pero no lo hace, ¿y por qué? Ni él está seguro. No es consciente de lo tensa que se encuentra su musculatura hasta que la siente relajarse apenas una centésima, como si el peligro que el contrario representaba de pronto se hubiese esfumado. “¿Quieres asegurarte que llegue bien a mi casa? Camina conmigo.” Si bien el tono que utiliza se mantiene severo, ahora se cubre con ligero terciopelo, menos defensivo, menos hostil que antes. “No voy a ceder más.”
seongmin: Por un momento, desea escapar de allí cuanto antes, subirse a su coche y no mirar atrás, pero se mantiene ahí. Quiere creer que su cabeza tiene otros planes para el contrario, quiere creer que, de alguna manera, se beneficiará de aquella situación y por eso está haciendo eso. “Sabes que es más fácil ir en mi coche.” El mal humor comienza a invadirlo, suelta el agarre que tiene en el brazo del muchacho y da un paso hacia adelante, metiéndose una mano al bolsillo de su pantalón y comenzando a caminar. “Sueles decirme que soy un imbécil, ¿no? Bueno ― felicidades, Enzo. Te estás convirtiendo en uno.” Lo mira por un par de segundos, haciendo un gesto con su cabeza para indicarle que comience a caminar. No está ofendido, mucho menos dolido, considerando que no cree tener sentimientos ni corazón para alojar estos. “¿Qué es lo que te ha hecho beber con tantas ganas esta noche?” Inquiere, curiosidad comenzando a reinar en su cabeza mientras da pasos lentos, mirando de reojo al contrario para asegurarse de que puede mantenerse caminando por sí solo. Ahora ambas manos se encuentran en los bolsillos de su pantalón, cubriéndolas del frío y manteniéndolas allí para evitar soltar un puñetazo contra la cara del contrario. “Pudiste haberle marcado a uno de tus amigos, pero escogiste enviarle un mensaje a la persona que más odias de este pueblo.” Risa escapa de su garganta, totalmente forzada mientras suspira. “Eres todo un caso.” Murmura finalmente, humedeciéndose los labios y observando su alrededor, pueblo chapado a la antigua. La mayoría de las personas ya están en la cama, luces apagadas en cada uno de los edificios que adoran su entorno, indicándole que está muy lejos de encontrarse en la ciudad.
enzo: No va a decir más, no. Porque ya ha dicho todo respecto al tema y, si el contrario quiere ir en su automóvil, puede hacerlo, pero será sin él. Entonces el agarre en su brazo es disuelto, y se ve obligado a caminar en la dirección que antes había adoptado. “No olvides ponerle alarma.” ¿Puede burlarse un poco de la situación? Porque va a hacerlo. No es su intención estarse comportando como un completo imbécil, claro que no, pero no va a decir que lo lamenta porque de ninguna manera es así, pero sabe que tampoco es algo de lo que se va a sentir orgulloso a la mañana siguiente. No es la clase de chico que pone las cosas difíciles porque sí, y sin embargo esa noche lo está siendo. Suelta un suspiro pesado, entonces dejando una sonrisilla hacerse de sus facciones. “Tantos años de práctica tenían que dar sus frutos.” Habla como si verdaderamente se esforzara en ser imbécil, por supuesto. Refugia sus manos en los bolsillos de la chaqueta, su andar es regular, quizás un poco fuera de línea recta, pero se mantiene adecuadamente y tampoco da indicios de que vaya a caer en cualquier instante. “Si te contara, no me lo creerías.” Dramatiza, porque no es nada del otro mundo: la vida, nada más. Sus avellanas se centran en el suelo, vigilando su andar, apretando los labios a las palabras ajenas. “Primero, creí que ya habíamos dejado claro que no te odio.” No lo hace, en verdad que no. Pero sí guarda demasiado recelo hacia el ajeno, encuentra ambos sentires diferentes, los razona sin demasiadas similitudes. “Segundo, —” Pequeña pausa que encuentra justa, necesaria. Una sonrisilla se hace de sus labios, que refleja casi malicia. “estás aquí.” Suelta finalmente, no sabe porque ese hecho le causa semejante reacción, pero su sonrisa se amplia. “Tienes esta sensación de que te odio, de que eres la última persona en todo el condado que desearía ver... y estás aquí.” Se encoge de hombros. “Es decir, sí, puedes seguir con el argumento de que no querías que muriera de un coma etílico, pero pudiste llamar a Maeve, a Bruna, quizás hasta a Chelsea, pero viniste tú.” Vale, que quizás aquellas palabras no debieron fluir nunca, pero es que carece más que nunca de filtro entre su cerebro y sus labios. Finalmente, la sonrisa se vuelve carcajada. “¿Estamos seguros de que yo soy el caso?”
seongmin: Intenta no pensar en las palabras del contrario, intenta que se borren de su cabeza porque él está allí preguntándose lo mismo. Pudo haber simplemente hecho que otra persona se encargara del contrario y, sin embargo, está allí. Aprieta los labios, manteniéndose en silencio porque es lo suficientemente inteligente como para saber que, en esos momentos, no tiene ningún argumento válido para justificar su comportamiento. “Cállate. Maldita sea, cállate.” Susurra entre dientes, aunque su voz tiene suficiente volumen como para que el contrario escuche aquellas palabras que pronuncia entre dientes, casi rechinándolos. Se pasa una mano por el cabello, echándoselo hacia atrás con frustración mientras camina por la calle, deseando que ahora su madre sea molesta y lo llame para preguntarle dónde está, pero sabe que ese no será el caso, considerando que lleva viviendo solo hace bastante tiempo. “Estoy aquí porque incluso si tú me odiaras, yo no te odio en absoluto.” El contrario sí tiene razones para odiarlo, para detestarlo de la peor manera posible, pero él no tiene razones para odiarlo. Enzo jamás entró a la ecuación, jamás estuvo en sus planes herir los sentimientos del muchacho mientras jugaba con los de otras personas y, sin embargo, sus acciones eran tan crueles y viles que podían lastimar a terceros que ni siquiera tenían algo que ver con el asunto. “¿Queda mucho para llegar a tu casa?” Inquiere, silencio comenzando a incomodarlo de repente. No se ha sentido tan perturbado desde hace mucho tiempo y desea alejarse de la presencia ajena antes de que termine haciendo algo que pueda perjudicarlos a ambos, porque Seongmin puede ser un tipo inteligente, el mejor de su clase y el mejor en todo lo que hace; pero cada cierto tiempo se deja llevar por impulsos, impulsos que lo meten en situaciones poco deseadas y que lo obligan a mover hilos para hacer que las personas se muevan en la dirección que él quiere, manipulando y controlando, porque es lo que mejor sabe hacer.
enzo: Y entonces sí acata órdenes y mantiene silencio. Porque lo entiende, entiende que a dado en el blanco a pesar de que las palabras simplemente fluyeron como producto de su tangible alcoholemia, de que realmente el contrario no tiene idea de porqué ha corrido a asegurarse de que llegue en una pieza a sitio seguro, y de que realmente lo ha hecho. Son cinco segundos de claridad mental que se sienten tortuosos, que preferiría no hubiesen llegado porque ahora cierta incomodidad se acumula en sus adentros, con una pizca de curiosidad. El trayecto sigue y ninguno de los dos entes parece querer romper el silencio, porque aunque es incómodo apuesta a que el contrario sospecha lo mismo que él: hablar podría ser más incómodo todavía. Pero entonces es el ajeno quien rompe el silencio y ugh, amaría decir que no, que su casa se encuentra a la vuelta de la esquina pero todavía queda algo de trayecto. “Esto no es necesario.” Un pequeño asentimiento con su cabeza, y es que no lo es, no siente que lo sea. “Quiero decir, no— no me siento tan ebrio, ya no. Puedo caminar solo, es más, te puedo mandar mi ubicación en tiempo actual por whatsapp para que corrobores que llegué bien y puedas irte.” No, no más comentarios burlescos ni palabras de mala maña espetadas con dirección ajena. Simplemente no quiere incomodarlo más y tiene esta sensación instalada en sus adentros de que debe irse, que es peligroso permanezcan más tiempo juntos. “No te quiero muerto.” Vale, sí, parecen palabras azarosas, producto de su alcoholemia, pero no lo son, así que siente la necesidad de explicarse. “Antes dijiste que quizás me gustaría verte muerto, pero no es así.” Remarca las tres últimas palabras, cree necesario hacerlo.
seongmin: Las palabras del contrario parecen ser la escapatoria que ha estado buscando durante los últimos minutos, pero en vez de detener sus pies, sigue caminando como si aquello no significase la libertad que su cabeza pide a gritos. “Pudiste haber dicho eso antes, ¿no? Pero no, querías hacerme ceder a mí. Se trata sólo de un juego de poder, ¿uh?” Ni siquiera lo mira cuando aquellas palabras escapan de su boca, pues sabe que es verdad. Cualquiera de la larga lista de sus enemigos gustaría ver de ese momento, ver cómo Kim Seongmin fue capaz de ceder ante los deseos de una persona ― es casi sinónimo de arrodillarse ante alguien para pedir algo de clemencia. Así es como se siente, humillado y frustrado, pero se queda en silencio, porque decirlo en voz alta sería demasiado doloroso o quizás, despertaría a sus demonios y expandiría el desastre, arrasando con todo. “No te pedí que me lo aclararás.” Dice sin más, riendo entre dientes. ¿Qué importa? No es como si aquello fuese a cambiar las cosas. “No me importa. Mucha gente me quiere ver así, una más o una menos, realmente no me importa.” Y sigue sin mirarlo, su mandíbula aun tensa mientras camina a zancadas. Quiere golpear a alguien, a algo, quiere causar destrucción porque eso es lo único que lo hará sentir mejor en esos momentos. Sus manos se mantienen apretadas, formadas en puños que están dispuestos a atacar. “Sólo sigue caminando.” Dice, finalmente ladeando su cabeza para así poder observar al masculino que se encuentra caminando a su lado, examina su perfil por un momento y luego vuelve a desviar la mirada, preguntándose qué es lo que terminaría ganando; sus deseos de romperle la cara o lo contrario.
enzo: “¿Qué?” Cuestiona, es lo primero que le sale y es la única forma que encuentra de expresar su confusión. “Perdona, pero no me di cuenta en qué momento te puse una pistola en la cabeza y te obligué a caminar conmigo. No, ¿pero sabes qué sí recuerdo? Despedirme de ti, haberte dicho que podías irte en tu coche porque yo planeaba caminar. Lo dije antes, Seongmin, no espero nada de ti, ni siquiera verte ceder.” Es extraña la forma en que el contrario puede hacer que se relaje y al segundo siguiente tenerlo nuevamente a la defensiva, ¿o será el alcohol? Ugh, sí, debe ser eso, porque no hay forma humana de que el ajeno tenga semejante poder sobre su persona, por supuesto que no. “¿Y sabes qué? Si fuese un juego de poder ya me demostraste que puedo quitártelo cuando quiera.” No lo dice con egocentrismo, mucho menos presunción, simplemente... lo dice, y sigue sin poder reinstalar el filtro que decanta los malos comentarios, los que, de seguir así, le harán ganarse un labio partido o una nariz sangrante. Entonces detiene su avanzar, instalándose justo frente al ajeno para impedirle el paso y entonces suelta una risilla ácida. “¿Sabes qué? No. Ya no te quiero aquí.” Comenta, entonces sus avellanas buscando hacer contacto visual. “Un momento dices que no me odias, pero al momento siguiente dices que no te interesa si te quiero muerto o no. ¿Qué sigue? ¿Vas a patearme y después traerás el vendaje para ayudarme?” Un par de negaciones con su cabeza salen a escena, entonces alzando ligeramente sus manos a los lados, un ademán que consolida su frustración. “No sé qué quieres o qué esperas de aparecer como mi intento de salvador. Pero estoy fuera, ¿vale? Puedes irte a tu casa, que me sé cuidar solo.”
seongmin: Está a punto de dejar de caminar y enfrentarlo, de darle el golpe que quiere darle hace bastante rato pero que no lo ha hecho porque quiere creer que aún queda un poco de autocontrol en él, pero es el contrario quien se para frente a él y lo obliga a detenerse. Su mirada se detiene finalmente en los ojos ajenos, boca se tuerce formando nuevamente una mueca que demuestra la molestia que siente por la situación en la que se encuentran. “¿Por qué te ofende saber que no me importa lo que hagas o sientas?” Inquiere, alzando una ceja y fingiendo sorpresa. Las palabras del contrario no le afectan lo suficiente como para hacerlo retroceder, de hecho, lo incitan a acercarse, haciéndole dar un paso hacia adelante y enfrentarlo. “Evidentemente no sabes cuidarte. ¿Qué persona en su sano juicio decide buscar a la persona más detestable del pueblo para que lo ayude? Y no me digas que esos mensajes fueron un error o que fue el alcohol, porque evidentemente no estabas tan ebrio.” Se mantiene frente al contrario, negándose a retroceder y buscando hacerlo retroceder a él porque un enfrentamiento entre ellos en medio de la calle y a esas horas de la noche no iba a traer cosas buenas en absoluto. “Dime qué quieres.” Y vuelve a dar un paso hacia él, dándole un pequeño empujón para hacerlo retroceder y acorralarlo en la pared del edificio más cercano, apoyando una de sus manos sobre el frío muro. “¿Realmente deseas que me vaya, después de todo?” Susurra, ojos desviándose lentamente hacia los labios ajenos antes de volver a levantar su mirada y fijarla en los ojos del contrario. “Es evidente que cuando estás borracho eres un poco más valiente.” Hace una pausa, sonriendo levemente. Sonrisa que tantas victorias le ha traído en cada uno de sus juegos.
enzo: Se niega a retroceder, obligándose a hacerle frente, a fijar sus pies en el cemento mientras el contrario aminora la distancia entre ambas anatomías. Sin embargo, es un empujón el que consigue hacerle retroceder, no previendo que con tan simple movimiento su anatomía terminaría acorralada entre un muro y la figura ajena. Estaba listo para replicar, para asegurar que deseaba que se fuera, que le dejara solo porque lo último que necesitaba en su vida era lidiar con mierda ajena, y tan simple acto consigue nublarle todo juicio: sus avellanas persiguen el andar de infinidades ajenas, percibiendo perfectamente como las mismas se fijan en los propios labios y, ¿por qué esto acompaña una repentina sensación de que sus comisuras se encuentran resecas, faltas de humedad? Parece como si de pronto le han echado encima un balde de agua helada, porque no reacciona, no sabe cómo hacerlo. Simplemente permanece ahí, sus labios ligeramente separados y su mente tan dispersa, con mil y un cuestionamientos planteándose dentro de la misma. No había realizado que una tensión de índole sexual estaba instalada entre ambos, una que sin siquiera ser consciente tenía la mitad de la responsabilidad de haber alimentado y hecho crecer. Y todo le llevaba a la misma conclusión: era una locura. Y ni siquiera una de esas locuras que después quedaban como buenas anécdotas para contar entre amigos, sino una de las que te podían hacer perder el juicio. No era consciente de cuanto tiempo pasó mientras realizaba sus analogías, si apenas en un sentido consiguió un impresionante cúmulo de pensamientos -y, quizás, sentimientos- o si habían transcurrido un par de minutos. “Eres un imbécil.” Espeta, y a pesar de la hostilidad de las palabras dichas poco después se ve tomando con fuerza al contrario de la chaqueta, atrayéndolo hacia sí mismo para entonces besarlo, proporcionando un encuentro feroz, como si en la cavidad ajena pudiese encontrar agua después de una sequía.
seongmin: Firme se mantiene frente al contrario, estando muy lejos de dejarlo ir o alejarse de una vez. Siendo experto en llevar a las personas hasta su límite, no le sorprenden las palabras ajenas, se limita simplemente a sonreír burlón y ni eso alcanza a hacer, pues entonces su boca colisiona con la del masculino y deja de pensar. Labios comienzan a moverse contra los ajenos, recibiendo y dando, brusquedad mezclándose con suavidad, pues la necesidad que parecen estar expresando sus bocas no parece llevar un ritmo constante. Su mano se mantiene contra la pared mientras la otra viaja hasta la nuca del muchacho y lo atrae hacia él, acercándolo más como si no quisiera que nada se interpusiera entre ellos, ni siquiera el aire. Su lengua no tarda entrar en el juego de labios, obligando al ajeno a entreabrirlos para así empwzar un baile entre ambas, haciendo que el beso se haga más intenso, reflejando la rabia y frustración que suelen componer aquella extraña relación. Respiración agitada se hace presente cuando se aleja del contrario, lo suficiente para poder mirarlo a los ojos, pero no demasiado pues el calor que ha comenzado a sentir sólo puede curarlo quién se encuentra frente a él. “¿Realmente quieres volver a casa?” Es él quien busca la mirada ajena ahora, toma una bocanada de aire antes de inclinarse nuevamente y acercar su rostro al ajeno, desviándolo un poco para rozar la oreja. “Quizás estés más a salvo allí.” Se atreve a murmurar como advertencia porque sabe que su acercamiento al contrario significa sólo una cosa: peligro.
enzo: Permite soltar uno de sus brazos de la chaqueta ajena, llevándolo hasta el torso ajeno y tirando del mismo. De pronto la cercanía no parecía suficientemente cerca, sentía como si necesitase más, como si quisiera más. No demora demasiado en corresponder a la lengua ajena, en verse atrapado en un combate donde el único objetivo parecía grabarse a fuego las características de la cavidad ajena, en explorarla de forma efectiva con propia sinhueso que se abre paso cada vez más necesitado de aquel contacto. Romper la escena le trajo de vuelta a tierra firme, a esa tierra donde la presencia del contrario era mal augurio desde la primera vez que escuchó su nombre salir de tiernos labios que no se encontraban más en el mismo plano que ellos. Bastó para devolverle a su lado racional, ese que justo ahora parecía mirarle desde sus adentros con total desaprobación sobre los recientes hechos. Ya tenía pensada la respuesta a la cuestión ajena, por supuesto que sí, pero siente una corriente eléctrica recorrerle ante la cercanía ajena en su pabellón auditivo, girándose al momento, encontrando como única alternativa al roce en tan delicada zona sustituirlo con un roce de labios. ¿Por qué de pronto tanta guerra parece haberse sustituido con paz? La tremenda ira exteriorizada mutuamente parece haber encontrado un mejor canal de desfogue, uno que pintaba más efectivo. “Yo—, ” Se maldice internamente por dudar, por efímero tartamudeo que se manifiesta. Entonces suelta su agarre liberando la anatomía ajena y desviando su rostro de nueva cuenta. “Debo ir a casa.” Sentencia, entonces apartándose finalmente de la anatomía ajena, librándose del acorralamiento al que antes había sido sometido.



