Estoy dejando de ser útil, estoy dejando atrás mis antiguos servicios y mis viejas ocupaciones, estoy haciéndome antiguo; tengo tantas malas experiencias intentando ser alguien mejor. Estoy perdiendo la cabeza. Sé que no soy reutilizable, la caducidad esta cumpliendo su límite, la fecha está por llegar, me enfrento a la idea de ser sustituido.
Cuando observo a un nuevo elemento joven con vivacidad, intención, potencial y energía. Caigo presa del temor, del miedo y la ansiedad. ¿Qué tal si se dan cuenta lo inútil que soy?
Qué realmente soy un bueno para nada que sobre sale en un mundo de papanatas sin ambición y carentes del sentido del progreso. O simplemente, este es el sentimiento que me hace retroceder siempre antes de salir del pantano y observar con miedo la superficie lodosa en la que caminaré por los próximos millones de años. Estoy impidiendo mi propia evolución al regurgitar mi nuevo aparato respiratorio en el fango para arrastrarme de regreso al agua de drenaje entre sapos y cocodrilos.
-¡Mira que bien lo hace, y trabaja todo el rato!-
Hace años que escondí mi etiqueta con el número de servicio al cliente que la fábrica puso en mi espalda. Decía algo así:
Si su CORNELIO presenta fallas después de los primeros siete años de vida busque ayuda profesional y diríjase con las autoridades que le correspondan.
En caso de envenenamiento consulte a su medico.
En caso de contacto con la piel lavar con agua abundantemente durante quince minutos.
En caso de que su CORNELIO ingiera accidentalmente sangre humana desheche en el contenedor de residuos tóxicos.
Pero nadie pudo leer aquella etiqueta. La comí en el primer mes de haber llegado a este trabajo.
Sin razón miro a los de arriba y pienso en desfalcarlos, tirarlos de sus pedestales. Estoy situado en las franjas de una cinta métrica y voy alejándome del primer milímetro, lo aprecio con tristeza mientras avanzo lentamente. Caminando con mi ofrenda de los mejores frutos en las manos y con la cabeza agachada. Miro a mi lado y sé que soy Caín intentando eliminar a mi hermano que trae consigo un cordero muerto pues a él lo miran como a un santo.
Soy codicia, deseo salir por enfrente para matar a todo el rebaño sólo para sobre salir en su mirada y sonrisa. Soy envidia, sólo quiero ser el mejor por una eternidad. Tengo rabia, estoy ciego con las manos y la cara pintada de sangre, de ese rojo incandescente que salpica al aplastar una garrapata.
Hay mas de un rebaño a mis pies desangrándose y miles de hermanos muertos dispersos por el sendero de la vida.
Y es la única manera, es la naturaleza.