Solía ser el tipo de chica que tenía como objetivo hacer las cosas del modo correcto, de la mejor manera posible, pero sin romper las reglas. Tenía sus momentos arriesgados, pero eran pocos, no ocurrían a menudo. Sin embargo, ese día parecía dar lugar a una de esas actitudes, al decidir subirse a una ambulancia para ir a colaborar luego de oír sobre la tragedia que tenía lugar en el mar. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue ir directo al problema y no quedarse allí esperando a que llegaran víctimas. Subió al vehículo vistiendo su scrub celeste claro y un botiquín con elementos esenciales para auxiliar a las personas. Tenía temor, porque realmente no sabía con que iba a encontrarse, pero a la vez, sentía que la valentía en ella era mucho más potente, más fuerte. Bajó de la ambulancia al llegar a la playa, topándose con un clima repleto de pánico y al ponerse de pie, echando a caminar, divisó dentro del mar a una niña pidiendo ayuda. Se veía bien, pero parecía estar perdida y no poder salir de ahí. Supuso que la dominaba el pánico, así que sin pensarlo dejó su botiquín a un lado y con velocidad, se coló entre el agua que le llegaba hasta las rodillas, hasta tomar a la niña y emprender a regresar a la orilla. Pensó que saldrían sanas y salvas. Lo creyó, hasta que sintió como algo punzaba en la parte baja de su pierna, causándole dolor. No quiso gritar, para no alterar a la niña, a quién soltó indicándole que corriera hasta la orilla, la pequeña lo consiguió, pero Sam no pudo sostenerse de pie y debió arrastrarse, un tanto inconsciente de lo que hacía, porque el dolor la distraía más que otra cosa. Soportó el movimiento de forzar su cuerpo hasta que logró tocar la arena y se relajó, respiró hondo y, sin animarse, no observó su pierna por miedo a lo que se encontraría. Era doctora, pero tratándose de ella misma era diferente. —Lo siento... Yo.... Creo, no lo sé... Creo que algo... Que algo me ha mordido. Puedes... ¿Puedes ver si hay mucha sangre?— preguntó a quién pasaba por ahí. Al menos, presentía que no era algo demasiado grave, porque el dolor seguía siendo soportable.