[FR] Fic Rápido: “Un día de verano”
Tú y Key.
Verano, los rayos del sol golpeaban mi piel, haciéndome sentir su veracidad. Caminaba exhausta y fatigada por las calles, dándome brisa con la mano. Odio el calor. –Necesito un poco de agua, o un helado quizás… Dije para mí, mirando una que otra heladería, pensativa en cuál debía elegir. Una notificación de Twitter llegó a mi móvil, y obviamente lo saqué de mi bolso para revisarlo. En medio de mi distracción choque con una persona, terminando por tambalearme, haciendo el amago de caer al suelo de concreto, que ardía como mil soles.
Por fortuna, aquella persona con la cual había tropezado poseía buenos reflejos y logró sujetarme de la cintura, evitando chocar contra el piso. –Lo siento, ¿estás bien? Me preguntó. Por fin pude ver su rostro; era un chico. Tenía unos profundos ojos negros, algo rasgados, labios finos y rosados, pómulos perfectos y una piel blanca. Y eso sin mencionar su precioso cabello moreno. Me puse algo tonta, intentando sonar coherente al responder.
–S-Sí, estoy bien… Titubeé, sintiendo cómo las palpitaciones de mi corazón de aceleraban. –No te disculpes, yo fui la tonta que andaba distraída. Sonreí leve, mostrando notable simpatía.
–Kim Kibum, pero mis amigos me llaman Key. Me sonrió, seguido que un guiño. Era muy coqueto al parecer, y eso me encantaba. –¿Y tú? Y por cierto, ¿qué haces paseando por aquí con semejante calor? Enarcó una ceja, entre una risita un poco burlesca.
–Un placer, Key. Me incliné un poco, respetuosa. –Me llamo [KN]. ¿Uh? Oh, es que… Solté una risita algo torpe antes de responder. –Todas mis amigas andan viajando por el verano, y no tenía nada mejor que hacer. Pero, tú igual andas merodeando por aquí, ¿eh? Pregunté con espontaneidad, entrando en confianza con el mayor. Key rió leve, notando el pequeño sonrojo creciente en sus mejillas.
–Vaya, tu nombre es realmente hermoso… Ladeó la cabeza, contemplando con fascinación mi rostro. Cuando reaccionó, yo ya estaba colorada de la vergüenza; no acostumbro a que chicos tan guapos como él se me quedasen mirando. –¿Uh? Rió. –Entonces estamos en la misma situación, mi mejor amigo se fue a ver a su familia y me ha dejado solo. Resopló, torciendo un poco la boca. –¿Deseas comer un helado? Me preguntó, con un tono sutil y bastante sensual. –Tómalo como una disculpa por haberte hecho chocar, ¿vale?
¡Me muero, he dicho! Los nervios se apoderaron de mí, ¿qué debía hacer? ¡Apenas le conocía y ya me derretía por él! No tardé ni medio segundo en aceptar. Eso sí, el tartamudeo era cosa seria ahora. –C-Claro, K-Key… Me mordí la lengua, sonaba como una retrasada, aunque él se limitó solo a reír por mi torpeza.
–Entonces, ahora que tengo tu aprobación… Hizo un elegante movimiento de mano, extendiéndola hacía mí. Mi rostro se puso caliente, indicio de que el rubor se había apoderado de mí, y de forma tímida posé mi mano sobre la ajena.
Y así fue, caminamos tomados de las manos por la ciudad, mientras buscábamos una buena heladería en donde pasar un buen rato. En mi interior no paraba de sonreír, era casi un sueño, y se me era casi imposible contener mi felicidad. Durante todo el camino, Key no paraba de decirme cosas lindas, era tan tierno… Llegamos a una heladería bastante lujosa, y nos adentramos en ella.
–¿Qué sabor pedirás, [KN]? Se dirigió hacia mí, estando ya contra el cristal que dejaba al descubierto la cantidad de sabores.
–Fresa. Respondí, señalando el sabor correspondiente. –¿Y tú, Key? Le miré al hablar, de nuevo perdiéndome en sus ojos.
–Creo que también pediré uno… o más bien… Una sonrisa se formó en sus labios, pudiéndose percibir un ligero toque de maldad en ella. Se acercó a la trabajadora, y le susurró algo al oído. Yo sólo observé con cara rara. El chico se incorporó de nuevo, y le asintió a la joven. Mientras tanto, ya me había acomodado en una de las mesas del local. Se me acercó, sentándose en la otra silla, quedando en frente mía. –¿Y bien? Me sonrió amplío, buscando un tema del que hablar.
–¿Y bien qué cosa? Pregunte de forma inocente, sin comprender a lo que se refería con esa frase. Él sólo rió, enternecido con mi torpeza.
–Que cómo has estado, niña torpe. Su dulce sonrisa no se disipaba, y se hizo aún más sincera al llamarme de tal forma. Hice un puchero, desviando ligeramente la mirada. Después de un rato hablando, llegó nuestro pedido a la mesa.
–¿¡P-Pero qué es esto, Key!? Pregunté, confusa. En vez de habernos traído los dos helados, como estaba pedido, una gran porción de helado sabor fresa estaba en frente nuestra, acompañado de dos pequeñas cucharas de plástico.
–Comeremos juntos, será más divertido así~. Movió los hombros con su típica actitud alegre, tomando una cuchara. –¿Acaso no te gustó la idea? Se mordió ligeramente el labio, nervioso por mi respuesta. ¿Enojada? ¡Estaba más bien sorprendida! Negué con la cabeza a modo de respuesta. –Entonces que no se diga más, y a comer. Volvió a su estado natural, siendo él el primero en darle la probada al suculento alimento lácteo. –Mmmh, está bueno, prueba, anda~. Me dijo, volviendo a meterse otra cucharada a la boca.
–S-Sí… Tomé mi cuchara, y saqué una mísera y pequeña cantidad de helado, adentrándola en mi boca. Key frunció el seño, disgustado. ¿Acaso hice algo malo como para que se molestara?
–Déjame ensañarte cómo es que se come un buen postre de frea~... Recogió una inmensa cantidad de helado en su cuchara, y la dirigió a mi boca. ¿Me tenía pensado darme de comer? Y yo, siendo una completa tímida, negué repetidas veces con la cabeza, roja cual tomate. –Venga, déjate dar~. Me insistió, acercándome aún más la cuchara a mi ruborizado rostro.
Cedí, abriendo un poco mi boca, lo suficiente como para que éste me diera el helado dentro. Al poco, terminamos jugando con el helado. Yo le daba a él, y él me daba a mí, intercambiando risas y juegos un tanto infantiles, pero realmente divertidos, terminando en menos de un cantar de gallo dicho postre. Salimos del sitio, y ya más relajados que antes dimos un breve y último paseo.
–¿Te gusta la playa? Me preguntó, conforme acariciaba mi mano, pues estábamos tomados de ellas nuevamente. Le sonreí, dándole un ‘sí’ con la mirada. –Pues vamos allá… De forma imprevista, pasó su mano entre mi cintura, levantándome del suelo, sosteniéndome entre sus brazos.
–¡K-Key! Exclamé, sujetándome con fuerza a él. Un pequeño “cálmate” salió en forma de susurro de sus labios, y eso logró calmarme un poco. Acabé con apoyar mi cabeza sobre su pecho, y cerrar los ojos.
–Así está mejor… Me llevó en sus brazos hasta la playa. Ya era de noche, y estaba completamente sola, a excepción de nosotros dos. Me sentó sobre la suave arena, cerca del mar, sentándose él al poco a mi lado, sobre la suave arena.
–Ha sido un lindo día… Comenté, observando la gran luna, que nos observaba desde el cielo, y se reflejaba en el calmado mar.
–Sí, ¿y sabes qué ha sido lo mejor de todo esto? Me miró, volviendo a esbozar una cálida sonrisa, echando ligeramente el cuerpo hacía atrás, apoyándose con una mano.
Incliné un poco la cabeza, y de nuevo, respondí con mi patética inocencia. –¿El helado?... […] Key soltó la carcajada, y yo solo me quedé quieta, roja al haber cometido semejante torpeza. Cuando por fin se calmó, y lentamente llevó una mano a mi mentón, sujetándolo con los dedos. Sentí que iba a morir ahí mismo.
–Haz sido tú… Y en cámara lenta, vi cuando sus ojos se cerraron, y sus labios se acercaban cada vez más a los míos. Mi corazón iba a estallar, y mi cara no podía estar más roja. Terminó juntando nuestros labios, entrelazándolos en un suave y profundo beso. La brisa nos golpeó, provocando que las palmeras agitaran sus hojas, y el mar se volviese turbio. La escena perfecta de cualquier película. Pasó a sujetar mis mejillas, consintiendo mis labios con los suyos. Rodeé, con mis brazos su cuello, siguiéndole el calmado beso…
¿Será el destino quien nos unió ese día? ¿Acaso el amor existe? Por ahora no lo sé, pero sí puedo decir que… Fue un fabuloso día de verano.










